Musica y las Relaciones Internacionales

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Por: Ana Maria

El filósofo griego Platón, consideraba que la música era para el alma, lo que la gimnasia es para el cuerpo, y con estas palabras, no cabe duda de la importancia que tiene esta disciplina. Sin lugar a dudas, la música es el idioma universal por excelencia.

Pero… ¿cuál es la relación entre la música y las Relaciones Internacionales? Aunque a simple vista no podamos observar elementos en común, pues mientras que vemos a la primera como informal y a la segunda como representación de un mundo formal, no hay nada más lejos de la realidad.

Como base común de conexión entre ambas disciplinas, la música permite el desarrollo de numerosas cualidades y comportamientos: impulsa la creatividad, el razonamiento o la memoria; además de fomenta la comunicación entre individuos y la tolerancia, al mismo tiempo que transmite valores sociales; todos ellos, elementos esenciales en las Relaciones Internacionales; en palabras del músico, político y activista, José Antonio Abreu: “La música es un instrumento irremplazable para unir a las personas”

La historia nos ha demostrado la gran influencia que la música ha ejercido sobre la política y es que en palabras de Antoni Gutiérrez-Rubí (asesor de comunicación, consultor político y escritor español): “La utilización de la música en la política (sobre todo en la campaña electoral) ayuda a la conexión emocional con el ciudadano, a la identificación de un partido, de un candidato… de manera efectiva”.

Sólo nos tenemos que remontar al siglo XIX para demostrar la importancia que tuvo la música, la filosofía y la literatura dentro de la corriente del Romanticismo para la aparición de los nacionalismos, y es que, como se expone en el documento El nacionalismo en el siglo XIX: conceptualización y tipología es necesario que se produzca la reivindicación de los elementos culturales (música, literatura, lengua, etc.) para que se pueda llevar a cabo la reivindicación política. Un ejemplo de ello es el nacionalismo alemán; en un momento histórico en el inmovilismo político no pudo resolver los deseos del pueblo, los músicos y compositores como Felix Mendelssohn, vieron la necesidad de regenerar la música alemana con el fin de que la sociedad germana se dotara de una identidad nacional.

Durante el nacismo alemán, el ministro de Ilustración Pública y Propaganda Joseph Goebbels (1897-1945) afirmó: “la música afecta más al corazón y a las emociones que al intelecto. ¿Dónde entonces podría latir más fuerte el corazón de una nación que en las grandes multitudes, donde el corazón de la nación encuentra su verdadero hogar?” Y si nos situamos en el fascismo italiano, su máximo representante y dirigente, Benito Mussolini declaró que “el fascismo es una gran orquesta donde cada uno toca un instrumento diferente”.

Es indudable que la música nos da la oportunidad de expresar lo que el lenguaje formal no nos permite, capta las características de cada lugar para transmitirnos los elementos de las diferentes culturas, fomentando la aparición de relaciones entre ellas; es el instrumento de transmisión cultural por excelencia, y un claro ejemplo de ello lo tenemos en la imagen de la cultura musical que tanto Reino Unido como Estados Unidos ha vendido con sus máximos exponentes: The Beatles, los Rolling Stones y Michael Jackson.

La música ha logrado la participación de diversos países en diferentes proyectos, entre los que podemos citar el tradicional concurso Eurovisión, u otros como el proyecto Eurojazz ,en el que colaboran representantes de 12 países europeos, que tendrá lugar en México con el fin de conectar la música europea con la mexicana. Y es que, la UNESCO ve en la música y en su difusión la forma necesaria para lograr su fin principal, la colaboración entre los diferentes pueblos para el mantenimiento de la paz.

La música es el vehículo de transmisión para las emociones, como el sentimiento de victoria sirio, tras la conquista de la ciudad de Palmira, expresado en un concierto de la Orquesta Sinfónica rusa y se ha empleado para romper las barreras y la intolerancia para conseguir la unión entre diferentes personas y pueblos, como es el ejemplo de la West-East Divan Orchestra.

West-East Divan es un taller que se celebra desde el año 2002 en Sevilla, tras haber celebrado sus primeras ediciones en Chicago y Weimar con el siguiente fin: “Desde sus inicios, este proyecto ha demostrado consistentemente que la música es un instrumento útil para romper barreras que hasta ahora eran consideradas infranqueables. Sugiere que se pueden tender puentes que animen a los pueblos a unirse entre ellos, demostrando que es posible que gentes de orígenes distintos coexistan pacíficamente, de la misma manera en que estos jóvenes músicos compartirán partituras, comedores y, sobre todo, una pasión por la música”

Aunque el conflicto Palestino-israelí no parece tener una solución cercana, este proyecto es un claro ejemplo de convivencia y tolerancia debido a la colaboración entre músicos israelís, palestinos y españoles.

La música y la diplomacia surgen bajo la cultura y los ideales de un país, los cuales, ambas disciplinas los van transformando para venderlos al resto del mundo.

 

Ana Maria; Estudiante del grado de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Interesada tanto en política como en el resto de partes que componen la sociedad y el mundo.

(Fotografía: Galería de fotos de la fundación Barenboim-Said)

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