Ucrania: Un Conflicto postergado

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Por: Asuncion Mateos Gámez

Han pasado más de tres años desde el inicio de las revueltas y el posterior conflicto entre Ucrania y Rusia, desafortunadamente la información también dejó de llegarnos hace meses e incluso me atrevería a decir años si es que alguna vez obtuvimos algún contenido que no estuviese sesgado o manipulado por los medios de comunicación con la intención de “vendernos” una bloque aliado y un bloque enemigo.
Como en ningún conflicto tendremos acceso a una información verídica y fiable, hace tiempo que las nuevas tecnologías nos avisaron de que hacia donde enfoque la lente enfoca el conocimiento y el dolor.
No obstante, pongámonos en antecedentes:
Las primeras protestas que estallaron en Ucrania tuvieron lugar en noviembre de 2013 como consecuencia de la negativa por parte del gobierno de Viktor Yanukóvich a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. A este movimiento conocido como Euromaidán se le unieron numerosos opositores contrarios a la gestión política y económica del vigente gobierno durante aquellos meses.
A comienzos del año 2014 las protestas se van incrementando y radicalizando exigiendo el cambio total del gobierno. Finalmente el 20 de febrero Yanukóvich acuerda con la oposición un adelanto de las elecciones junto con la posibilidad de conformar un gobierno de transición y el retorno a la Constitución de 2004. Sin embargo, en la madrugada del día siguiente Yanukóvich abandona la capital de Ucrania y desaparece del mapa político. Días después reaparece en una rueda de prensa en territorio de la Federación Rusa relatando su huida.
Dos días después del acuerdo con la oposición, la Rada Suprema- parlamento ucraniano- toma el poder del país y mediante votación permite la vuelta a la Constitución de 2004 y el establecimiento de Turchínov – perteneciente al partido pro-europeísta Batkivshchyna- como primer ministro.
Este acontecimiento fue denunciado por los partidarios ucranianos de Yanukóvich como un golpe de Estado, especialmente en las zonas sur y este del país. Una de las protestas más violentas y multitudinarias fue la acaecida en la península de Crimea, cuya población se consideraba mayoritariamente rusa. En consecuencia el Parlamento de Crimea declaró su independencia de Ucrania bajo la denominación de República Autónoma de Crimea. La Federación Rusa consideró legitima este nueva figura jurídica mientras que el gobierno ucraniano se mantuvo contrario a ella.
La República Autónoma de Crimea alegó como argumento la opinión consultiva sobre el territorio de Kosovo en la que la Corte Internacional de Justicia declaró que no existía en el derecho internacional ninguna prohibición acerca de las declaraciones de independencia.
El 16 de marzo se realizó un referéndum en la península acerca de su estatus político, en el que se optó por la anexión de la Península de Crimea como sujeto federal a la Federación Rusa. A nivel internacional se trató de que este referéndum careciese de validez presentando un borrador de resolución para su nulidad ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 13 de las 15 miembros allí reunidos votaron a favor de su nulidad, China se abstuvo y la Federación Rusa hizo uso de su poder de veto votando en contra, impidiendo la aprobación de la resolución.
El mundo observaba atento los movimientos de la Federación Rusa y en consecuencia se alineaba a nivel internacional. Tanto Estados Unidos, la Unión Europea y otros Estados occidentales se adscribieron en contra de la adhesión de Crimea a la Federación Rusa, sin embargo, otros estados como Bielorrusia, Siria, Venezuela y Corea del Norte apoyaron dicha adhesión.

No obstante el conflicto en Crimea no fue el único acaecido en el seno de Ucrania, sino que en abril del 2014 tiene lugar la Guerra del Donbáss. Se trata de una serie de enfrentamientos armados que se suceden en el este de Ucrania contrarios al Euromaidán y que tuvieron como consecuencia la independencia de Donetsk y Lugansk.
En este clima de tensión y violencia se producen las prometidas elecciones presidenciales en las que el magnate Poroshenko se hace con el poder.
Durante estos meses hasta la firma del Protocolo de Minsk la violencia y los conflictos “internos” no cesan, la actividad rusa en la frontera entre ambos territorios es insostenible y el apoyo internacional en ínfimo en los territorios afectados.

El Protocolo de Minsk es un acuerdo que solo pone fin a la guerra en el este de Ucrania, es un acuerdo auspiciado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa ( OSCE) firmado por representantes de Ucrania, la Federación Rusa, la República Popular de Donetsk ( DNR) y la República Popular de Lugansk ( LNR) en septiembre de 2014. El texto del protocolo consistía en doce puntos cuyo objetivo era el cese del fuego inminente, el fin de los conflictos y la seguridad de los habitantes de las zonas afectadas.
Sin embargo, semanas después se produjeron las primeras violaciones del acuerdo, en especial del alto fuego por ambas partes. Ello conllevó a que se volviesen a reunir y se acordase un seguimiento del protocolo junto a la adición de nuevas medidas pacificadoras más exigentes. Desafortunadamente de nada sirvieron y las violaciones del protocolo fueron flagrantes y abusivas por ambas partes, así que en 2015 la comunidad internacional celebró la cumbre política de Minsk II. Se trató de una conferencia de nuevo auspiciada por la OSCE y en la que intervinieron los representantes de Ucrania, la Federación Rusa, Francia y Alemania.
Se volvió a fijar un alto el fuego inminente en el interior del territorio ucraniano, la retirada de armas pesadas, un nuevo seguimiento del alto el fuego, la proporción de indulto y amnistía y, la liberación e intercambio de rehenes.

Pero una vez más las medidas internacionales han fallado y el conflicto se mantiene tan álgido como el primer instante, y a vista de ello- añadámosle además el fracaso de la diplomacia europea- los medios de comunicación han desplazado de luz hacia nuevas (o no tan nuevas) contiendas que puedan sacar audiencia en las tertulias y telediarios.
El protocolo de Minsk fue una solución externa a la situación real que se vivía sobre el terreno.
Kiev exige un mayor número de concesiones y retrasa el proceso de negociación con el fin de desgastar hasta la rendición tanto a la Federación Rusa como a las Repúblicas Populares con el objetivo de poder imponer las medidas acordadas en los Protocolos de Minsk recuperando a su vez el territorio de Donbass. Para dicho fin Ucrania hace uso de los bombardeos como método de presión política y a ello hay que añadirle el indudable apoyo de los Estados Unidos de América a nivel militar, quienes al igual que la Federación Rusa parecen no haber olvidado los resquicios del pasado.
Desde Moscú la situación es muy similar, la DNR se ve amparada militarmente por la fuerza del gigante ruso que le permite hacer frente a los ataques ucranianos.
El conflicto ucraniano no ha llegado a su fin, ni tiene intención de hacerlo, al menos a medio plazo. La situación es insostenible y la comunidad internacional es conocedora de ello, pero al igual que en otros conflictos decide apartar sigilosamente la mirada con el fin de que el problema se solucione por sí solo. Según la ONU el conflicto en las provincias de Donetsk y Lugansk ha provocado más de 9000 muertes y son 551 las denuncias que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha recibido en relación con los crímenes de guerra allí acaecidos.
Las soluciones… todavía sin decidir.

Asunción Mateos Gámez, de origen alcarreño. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Escritora a tiempo parcial y amante de las lenguas modernas. Sapere Aude

Imagen tomada de www. 20minutos.es

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