Demoliendo el Estado Palestino

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Por: Juan Lomba

“Estas son mis ideas. Si no son aceptadas, no sólo me levanto yo de la mesa de negociación, sino que las mismas se van conmigo cuando termine mi mandato (como Presidente de los Estados Unidos de América)”. Dieciséis años han pasado desde que el Presidente Bill Clinton formulara, de la mano de Madeleine Albright, un proyecto de solución al incesante conflicto palestino-israelí. Los llamados Parámetros Clinton fueron el momento más cercano al acuerdo y a la paz en el área que conforman el Estado de Israel y los Territorios Ocupados en la historia reciente.

En dichos Parámetros, Clinton ofreció a Shlomo Ben Ami y a Sa’eb Erakat, interlocutores de las dos partes enfrentadas, una solución basada en objetivos realistas de acuerdo a la coyuntura política entre Palestina e Israel. El establecimiento de la paz sería llevado a cabo con soluciones para los refugiados palestinos, una razonable separación de la ciudad de Jerusalén y la vuelta del 80% de los colonos asentados en los Territorios Ocupados a suelo israelí.

Sin embargo, Clinton fue el primer testigo de que del dicho al hecho, hay un trecho. Dieciséis años después, y con el fallo de los Parámetros e iniciativas posteriores como la Hoja de Ruta para la solución de Dos Estados en Oriente Próximo, se fueron agotando las posibles soluciones a corto y medio plazo para el pueblo palestino y su derecho a ver reconocido un territorio sobre el que ejercer soberanía.

Dieciséis años después, la situación en los Territorios Ocupados y en la ciudad de Jerusalén es preocupante. A ello se debe no sólo la presencia de Benjamin Netanyahu -líder del partido sionista Likud- como Primer Ministro israelí desde 2009, sino la continuidad que se ha dado desde Tel Aviv a políticas expansivas de los asentamientos en los Territorios Ocupados y Jerusalén Oriental, así como las demoliciones de estructuras tanto palestinas como pertenecientes a organismos internacionales o de carácter no gubernamental en Cisjordania, la Franja de Gaza o la mencionada Jerusalén.

Desde mediados de la década de 1980, la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén ha sido un proceso continuado que, con aceleraciones y desaceleraciones, promueve el desplazamiento forzoso de un pueblo palestino que ve cómo la Administración Civil de Israel sobre los Territorios Ocupados actúa como brazo ejecutivo de un Tel Aviv que, una vez sucumbidas las intentonas promovidas desde la esfera internacional para establecer una paz y orden duraderas en la región, aprovecha la coyuntura para ampliar sus fronteras, sea esto de manera oficial u oficiosa con el establecimiento de nuevos asentamientos y la ampliación de los ya establecidos.

Desde el mandato del Gobierno de Unidad Nacional israelí -de 1986 a 1990- se observa un crecimiento sostenido de construcciones en los asentamientos israelíes en el conocido como West Bank. Es sin embargo la entrada al cargo de Primer Ministro por parte de Yitzhak Shamir la que supone un punto de inflexión en el tratamiento de los Territorios Ocupados por parte de Tel Aviv y la Administración Civil.

Hasta 1990, bajo el mando del Gobierno de Unidad Nacional, se realizaron cerca de 6.300 construcciones de hogares en los asentamientos israelíes. El nuevo líder de la Knéset ordenó la construcción de nada menos que 7.750 hogares en los asentamientos durante su primer año, y de 6.180 para su segundo año.

La creación de estructuras habitacionales en los asentamientos decayó en ritmo y cifra hasta el primer gobierno de Benjamin Netanyahu y el consiguiente de Ehud Barak, en los que las construcciones de hogares por año volvieron a tocar cifras muy altas, cercanas a los 5.000 nuevos hogares por año en el caso de Barak.

Con la llegada de Ariel Sharon esta tendencia se ralentizó y las construcciones anuales en los Territorios Ocupados se mantuvo alrededor de las 2.000 construcciones anuales en los gobiernos tanto de Sharon como de Olmert.

Con el regreso de Netanyahu, sin embargo, se volvieron a sobrepasar las 3.000 viviendas solo en 2014. Pero el regreso de Netanyahu no sólo supone la continuación de prácticas heredadas. Netanyahu, ganador con rotundidad de las elecciones israelíes de 2015, articuló entre sus principales ejes electorales la no permisión del establecimiento del Estado palestino.

El compromiso de Netanyahu para con la sociedad israelí, que a la vista está, le respalda, incurre sin embargo en violaciones de Derecho internacional. Más allá del juicio moral que se pueda verter sobre la justificación israelí de su soberanía más allá de sus actuales fronteras, no es tolerable que la persecución de tales propósitos se haga pisoteando reglamentos internacionales como la Cuarta Convención de Ginebra.

Ciertamente, con Netanyahu se han construido, desde 2009, 8.645 unidades habitacionales sólo en Cisjordania, lo que supone espacio habitacional para 40.000 colonos con quebrantamiento del Derecho internacional.

En la actualidad, Cisjordania cuenta con una población de colonos residentes en los asentamientos israelíes que asciende a 350.010, mientras que en la ciudad de Jerusalén la cifra de colonos alcanza los 196.890. En total, desde 1986 72.016 hogares han sido construidos oficialmente y 546.900 colonos israelíes habitan en los Territorios Ocupados y en zonas no correspondientes a Israel en la Ciudad de Jerusalén. El caso de esta ciudad es especialmente grave teniendo en cuenta que Jerusalén es ciudad sagrada para las tres grandes religiones monoteístas. Judaísmo, cristianismo e islam encuentran en Jerusalén un lugar sagrado que, sin embargo, está siendo también absorbido por los creyentes de la primera religión.

Los asentamientos en el Barrio Musulmán por parte de colonos judíos siguen existiendo y siguen siendo construidos, provocando que las tensiones en la ciudad no paren de aumentar y sean exacerbados los conflictos entre los que hablan de Yerushalayim y los que hablan de Al Quds. El expansionismo israelí sobre la parte oriental de Jerusalén y las provocaciones a cristianos y musulmanes provocan que, precisamente, Jerusalén sea Yerushalayim y sea Al Quds, que sea una ciudad polarizada y en la que la correcta convivencia de tres religiones sea una difícil realidad.

Otro concepto que ilustra la injusta situación del pueblo palestino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén a día de hoy es el de las demoliciones de estructuras palestinas en los territorios mencionados.

Desde 1967, ha sido recurrente el recurso a la demolición de edificios en los Territorios Ocupados y en Jerusalén para dar paso a la construcción de asentamientos o, en su primera fase, poder proceder a la permisión de su establecimiento.

La demolición de hogares, estructuras funcionales para el correcto bienestar poblacional palestino suponen una desposesión y un desplazamiento forzado de seres humanos que no encuentra cabida en Derecho alguno.

Concretamente y hasta el día de hoy, el Comité Israelí contra las Demoliciones de Hogares (ICAHD, por sus siglas en inglés) estima que desde 1967 se han demolido alrededor de 48.000 estructuras palestinas.

Esta política de demoliciones suele ser justificada en varias ocasiones por razones de seguridad, o por sospechas de terrorismo hacia los inquilinos de un determinado hogar.

Sin embargo, en el primer trimestre de 2016 se realizaron un total de 496 demoliciones, lo cual supone una cifra mayor que el total registrado en 2015: 470.

Las demoliciones en los Territorios Ocupados han causado, en tan sólo seis semanas, el desplazamiento forzoso de 400 palestinos.

Esta toma silenciosa de la soberanía del territorio disputado entre israelíes y palestinos provoca que, a cada día que pasa, la solución de Dos Estados parezca cada vez más una utopía que la posible realidad que se acarició en 2000.

Imagen tomada de indiepicaro.blogspot.mx

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