¿Un futuro para el feminismo?

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Por: Ana Muñoz

No será la primera vez ni la última que ante la eterna pregunta, muchas mujeres respondanno soy una feminista, pero creo en la fuerza de las mujeres y en la igualdad de derechos”. Poco importa que la RAE defina feminismo como la Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, las nuevas generaciones parecen sentir la necesidad de excusarse ante calificaciones sensibles… ¡vaya a ser que me llamen feminazi!

¿Es el feminismo la eterna batalla de sexos? El origen del largo y persistente malentendido sobre el significado de la palabra, de la asociación continua a la batalla de sexos o la alienación masculina es desconocido. La confusión va incluso más allá: que si el feminismo se entiende como la supremacía de la mujer, que si feminismo y familia son excluyentes, que feminismo es por definición activo y que es un “movimiento para mujeres”. Me pregunto si nos hemos quedado estancados en la imagen del feminismo radical, en aquellas teorías de Shulamith Firestone sobre el feminismo como una lucha de clases. Es evidente que hay necesidad de una evolución del movimiento, de un cambio de enfoque que identifique las estructuras que no permiten a las mujeres disfrutar de las mismas ventajas que sus compañeros y las elimine de un plumazo. Sin embargo, antes de un cambio de aires es necesario preguntarse si el feminismo puede desempeñar un papel importante en el mundo de hoy. ¿Existe realmente un futuro para el feminismo?

Son muchas las declaraciones de mujeres famosas las que apuntan a que el feminismo no es necesario en los tiempos modernos. Será probablemente consecuencia de la tercera ola del movimiento y de la mejora de condiciones para la mujer que últimamente la sociedad se pregunta si el feminismo debe ser un tema sobre la mesa. Si quedan parcelas por conquistar o si es de alguna utilidad hoy en día. Ante todo esto digo: ¿acaso podemos decir que hemos alcanzado la igualdad plena?

Si nos paramos a pensar, no se necesita mucho esfuerzo para nombrar al menos un par de razones por las cuales las mujeres pueden afirmar estar en desventaja. Pese a la conquista de derechos sobre el papel y a un aparente cambio progresivo de mentalidad, no son muchas las chicas que consideran que volver a casa de madrugada solas es seguro. Menos aún las que jamás han sentido pánico al escuchar pasos por detrás en el metro. También está el tema de la igualdad salarial, recientemente ilustrado en la polémica de Robin Wright y Kevin Spacey, que es preocupante y así lo reflejan los programas políticos de los diferentes partidos. Lo es por igual la conciliación familiar y la adquisición de puestos de prestigio como juez o parlamentario. Las cifras son reveladoras: “De 190 jefes de Estado, sólo nueve son mujeres. De todos los parlamentarios en el mundo, apenas 13 por ciento lo son y en la arena corporativa, apenas el 16 por ciento de ellas están en posiciones de poder”. ¿Implican estas estadísticas que nos encontramos en un mundo dominado por la mentalidad masculina?

Otra de las grandes polémicas, que veo especialmente ofensiva, es la estandarización del cuerpo femenino o la creación de cánones de belleza en los que o encajas, o estas fuera. O se tienen las medidas ideales, la combinación de pelo-uñas-maquillaje a punto y el look muy estudiado, o se es una dejada. En el peor de los casos hasta una feminazi por no llevar cierto tipo de sujetador (o directamente no llevarlo). ¡Que ofensa no llevar tacones cuando se supone que la ocasión lo requiere! Y cuidado con pasarte con la raya: lo ideal es una belleza natural. Naturalmente maquillada, peinada, vestida, perfumada y una serie de –adas añadidos que te hacen ser “guapa”. Después vienen los problemas de autoestima y peso y las subsecuentes campañas para evitarlos, que cortan por lo sano estableciendo más estándares de peso y de tallaje. ¿Y no sería más fácil no ejercer tanta presión sobre el aspecto físico de la mujer, ni sobre los clichés acerca de su personalidad?

Como decía Emma Watson en una ya viral entrevista, “cuando tenía 8 años se me llamó mandona por querer dirigir la obra de teatro que íbamos a representar ante nuestros padres”. Y es que desde pequeños se nos incrustan las construcciones sociales de lo femenino y lo masculino, tan perjudiciales para hombres como para mujeres. No hace mucho me sorprendí de escuchar que entre mis compañeros de clase, una chica asumía el rol de madre al sacrificarse y hablar con voz y argumentos pausados mientras que otro de los chicos asumía el masculino por utilizar un tono de voz más elevado y ejercer el liderazgo. Y es que tal y como apunta la campaña HeforShe, la igualdad de derechos será inalcanzable mientras se acepte como establecido que son las mujeres a las que se les permite ser débiles y a los hombres a los que se les permita ser líderes, pero sin momentos de flaqueza ni lágrimas. Una de las claves para que el feminismo pueda triunfar y adaptarse a los tiempos es la participación activa de los hombres para derribar las construcciones sociales que impiden alcanzar la igualdad.

¿Estamos pues, ante el punto en el cual el feminismo debe renovarse o morir como tal? La balanza parece inclinarse a que o bien se olvidan los clichés antiguos y falsas asociaciones entre feminismo y odio hacia el hombre, se localizan las estructuras que causan la desigualdad y se logra un movimiento más unitario que agrupe a la sociedad como tal sobrepasando la división del sexo, o serán cada vez más las chicas que respondan con un “no soy feminista, pero…”, las que se asusten por ser encasilladas como tales o las que vean como a poco la conquista de derechos se merma o, en el peor de los casos, retrocede.

Ana Muñoz García, oriunda de Linares, cursa el segundo año del grado de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid .

Desde muy pequeña mostró gran interés en los idiomas y en viajar, lo que la llevó a optar por el terreno de lo internacional. Enamorada también de las letras, especialmente de la filosofía y la política, decidió en 2015 iniciar sus estudios jurídicos.

Las grandes pasiones que para ella suponen la literatura, el aprendizaje, el contacto con otras culturas y sobre todo el periodismo, la impulsaron a colaborar con el periódico El Internacionalista, en el que actualmente la vemos escribir mensualmente.

Imagen tomada de bekiapadres.com

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