Análisis de la Creación de la Union Europea

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Por: Javier Sánchez Martín

REFLEXIONES DE ROBERT SCHUMAN EN POUR L’EUROPE (1963)

La fragmentación de Europa se ha convertido en un anacronismo absurdo

La idea de los “Estados Unidos de Europa” no conlleva la supresión de las fronteras, sino el empleo de éstas, no como símbolo de hostilidad o rigidez, sino como “líneas de contacto” para solucionar los problemas que trascienden a los Estados (el problema de los refugiados, las cuestiones que conciernen a la mano de otra y al paro, el abastecimiento en materias primas…) y como elemento de unión y coordinación.

No se concibe en la actualidad el aislamiento internacional, la autarquía, sino que el proyecto de paz que se perseguía con la unidad europea está basado en la solidaridad entre Estados. Con la creación de una organización supranacional como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), antecesora de la actual Unión Europea, se busca dotar a la propia nación de un mayor campo de acción para trabajar en nombre del interés común, a través de, por ejemplo, una defensa colectiva frente a una posible agresión.

Europa, antes de ser una alianza militar o una entidad económica, tendrá que ser una comunidad cultural en el sentido más estricto de la palabra

Tenemos que aceptar el grado de interdependencia en el que se encuentran los Estados actualmente. Esta interrelación, fomentada por el proceso de globalización (económica, política, social…), ha de ser vista como un motivo por el cual olvidarse de la noción antigua de “patriotismo”. La defensa de la identidad nacional y cultural no es mala de por sí, pero puede implicar una competencia insana con el resto de Estados y degenerar en fanatismo intolerante.

Así, debemos dejar de identificar “nacionalidad” con la lucha por las fronteras políticas o la rivalidad de las razas y darnos cuenta de que la interdependencia que caracteriza al mundo en la actualidad implica el componente de solidaridad y confianza, siendo éstos actos de fe; fe que, por otra parte, descansa en la idea de que todos estamos unidos en un mismo destino. Por tanto, la libre circulación de ideas y personas supone algo esencial a la hora de construir la identidad europea.

Europa es la realización de una democracia generalizada en el sentido cristiano de la palabra

La democracia, entendida como “gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”[1] se postula ahora como la mejor forma de gobierno, ya sea en forma de monarquía o república; y encontramos su origen en el cristianismo, al cual, según Schuman (padre fundador de Europa), le debemos su existencia. Así, los valores de este sistema encuentran su equivalencia en los valores cristianos (igualdad natural, amor, caridad…). Los configuradores de la democracia, ya fuesen religiosos o no, contaban con, al menos en su subconsciente, la influencia del cristianismo. De esta forma, las conductas cívicas estarían orientadas al cumplimiento de los valores cristianos: la libertad, la dignidad y el desarrollo. Un ejemplo de influencia del cristianismo lo encontramos en la Constitución de los Estados Unidos.

Sin embargo, Schuman no defiende una teocracia. La Iglesia tiene reservada las competencias en cuanto a los principios morales, pero es el poder político el que tiene que saber aplicarlos conforme a los deseos del pueblo. Estas dos dimensiones son perfectamente combinables en un sistema democrático laico (Francia) o aconfesional (España), y un sistema teocrático conduciría a un arduo fanatismo religioso, contrario a los principios que se persiguen.

Por otra parte, vemos que la democracia está en continuo progreso, evolucionando con las nuevas ideas y valores sociales. Tenemos que adaptar, por tanto, estas consideraciones a la unidad europea, ya que las organizaciones creadas en su nombre, como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el Euratom[2]  o el Mercado Común; así como las normas de defensa de la libre circulación de productos, capitales y personas, no son solo conceptos económicos o técnicos, sino que hay un ideal subyacente que se busca. Este ideal es, en su origen, cristiano.

Sin Alemania y Francia sería imposible edificar Europa

Alemania se ha considerado a lo largo de la historia con un Estado superior. Con una vocación universal, creían que su destino era el de ser una potencia mundial. En un primer momento, su principal objetivo era la unidad de Alemania, pero, una vez conseguida, ¿cuál iban a ser sus pretensiones?, ¿cómo materializar esa concepción de “destino privilegiado”, la misma que les ha conducido a las catástrofes acontecidas en el siglo XX?

Europa entera optaba por una posición escéptica ante el comienzo de una colaboración franco-alemana. Así como Alemania consideraba que los territorios del Este que le habían arrebatado tras la Segunda Guerra Mundial les pertenecían legítimamente y guardarían sus esperanzas de recuperación, también sabían que el uso de la fuerza no era lícito. Por tanto, igual que Francia siempre consideró que los territorios de Alsacia y Lorena formaban parte de su identidad nacional, esta idea de carácter nacionalista no es per se incompatible con la paz; aún más si confiamos en que la disciplina y obediencia que caracterizan a la sociedad alemana puede ser trasladada en busca de otro objetivo: la cooperación y coordinación en nombre del bien común.

Por todo ello, en los acuerdos de paz, que perseguían tanto la supresión de la guerra, como la construcción de un futuro en común; Alemania y Francia eran imprescindibles.

Inglaterra sólo aceptará integrarse en Europa por la presión de los acontecimientos

La dificultad principal de todo proceso de integración radica en la cesión de parte de la soberanía de cada Estado. Si bien es verdad que se cede soberanía en determinadas materias para ganar derechos (además de responsabilidades) en otras, este intercambio es concebido de una manera diferente según la sociedad que tratemos. En el caso de Reino Unido, un país muy apegado a la Commonwealth[3], la cual no supone ni cuenta con ningún poder supranacional; su sociedad no concibe la idea de una Autoridad común y supranacional, es decir, algo que trasciende y supera al Parlamento inglés. Además, bien es conocida la tradición inglesa defensora de lo no escrito, siendo el Derecho anglosajón o Common law aquél caracterizado por la primacía de la jurisprudencia frente a las leyes. Ello hace que estuvieran, en un principio, más reticentes a la hora de firmar un tratado que les obligase durante un determinado tiempo, siendo éste más inflexible y contando éste con una menor capacidad de adaptación ante cambios coyunturales.

Por último, es importante señalar que los ingleses están muy arraigados al territorio, a la defensa del domicilio. Por tanto, la idea de integración puede llegar a ser concebida como una “violación” del mismo.

La integración económica no se concibe a largo plazo sin integración política

En un primer estadio de cooperación europea encontramos la Organización Europea para la Cooperación Económica, creada, en su origen, para administrar las ayudas del Plan Marshall. Encontramos, así, un caso de acción económica colectiva.

Con la creación de la CECA, se establece una serie de principios, como una política social controlada, sustentados en el de la igualdad soberana de sus estados integrantes. La idea de “comunidad” va tomando forma y sería la Alta Autoridad, como organismo supranacional, la encargada de gestionar los intereses de la comunidad europea. Sin embargo, para evitar los errores cometidos en las democracias nacionales, será importante la flexibilización de la burocracia y la tecnocracia de estos servicios supranacionales, cuyas poblaciones deben ser capaces de seguir, así como de participar en su proceso.

Esta cohesión no concierne exclusivamente a lo económico, sino que una colaboración en materia político-militar se presenta como imprescindible.

Origen, objetivo y elaboración de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero

El origen de la integración económica radica en una doble crisis: política y económica. Europa occidental se mostraba cautelosa con la URSS, así como con Alemania, con la que se planteaban controversias como la del estatuto del Sarre y del Ruhr, elaborado sin contar con ella. En cuanto a lo económico, Europa atraviesa por un periodo de escasez de carbón, lo que fomentará la cooperación para solventar el problema y dará lugar a una estructura política nueva. Así, las preocupaciones europea y franco-alemana promoverán la creación de la CECA, con la que se esperaba solucionar los problemas políticos (colaboración) y económicos (expansión económica que diluyera los riesgos). Además, la CECA no permitiría a los países entrar en guerra, ni prepararla, ya que las cantidades de carbón y acero serían gestionadas por una Autoridad común.

De esta manera, se emprende la tarea de elaboración del tratado. Empezando por la presentación de la propuesta al Consejo de Ministros francés y la firma del Gobierno, en menos de un año se diseñará el convenio. Se contará para ello con la colaboración de los sindicatos, constituyendo estas conferencias las primeras en las que se tendrán en cuenta a los consumidores en el plano internacional. La firma del tratado por el que se constituirá la CECA se hará el 18 de abril de 1951 en París, y la ratificación del mismo, el 10 de agosto de 1952.

Servir a la humanidad es un deber igual al que nos dicta nuestra fidelidad a la nación

Además de bajo una comunión de valores e intereses, el éxito de una empresa como la CECA radica en la cohesión de los pueblos. Ante peligros como los mencionados en lo relativo a las crisis económica y política, Europa tiene que orientar su esfuerzo defensivo y constructivo bajo unos supuestos de unidad; y es que dentro de una comunidad, aunque haya diferencias, sin ser éstas perjudiciales, tiene que haber ciertos lazos e ideas comunes que la sustenten.

[1] Abraham Lincoln

[2] Fue creada en 1957. Sus fines son favorecer las condiciones necesarias para la creación de una industria nuclear en el territorio de sus Estados Miembros, así como establecer las medidas necesarias para la existencia de un mercado común en materia nuclear.

[3] La Commonwealth o “Mancomunidad” es un sistema que busca incrementar la riqueza material de una comunidad o sociedad, dejando aspectos como el ideológico de lado.

Imagen de www.observacoop.org.mx

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