La infancia en el campo de batalla: Nigeria

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Por: Laura Bello.

La imagen más desgarradora de los conflictos bélicos la protagonizan los niños y niñas que son testigos y víctimas del terror y de la violencia. Sin entender el porqué si quiera, les ha tocado vivir situaciones límite que amenazan su día a día y su futuro. El conflicto nigeriano empieza con el nuevo milenio, aunque se recrudece a partir del año 2009 cuando el país se sumerge en un intenso y crítico clima de violencia por la insurgencia islamista del grupo terrorista Boko Haram. Este grupo no es tan mediático como el autodenominado Estado Islámico y solo se dan a conocer algunas de las atrocidades más trascendentes que cometen. Sin embargo, su campaña de violenta es constante para los nigerianos y nigerianas, golpeando de forma severa a los más pequeños.

Nigeria es el país más poblado del continente africano. Varias son las etnias y lenguas que conviven en este territorio. El problema de esta coexistencia es la religión, pues la población, en su mayoría, se polariza entre cristianos o musulmanes practicantes. La religión es un componente esencial para la vida de muchos nigerianos y nigerianas. En el año 2000 una secta comenzó a movilizarse por la situación desfavorecida de los musulmanes. Esa secta era Boko Haram. La radicalización de este grupo ha hecho que parte de Nigeria esté en estado de emergencia y que hablemos de más de 17.000 asesinatos y más de dos millones de refugiados en este conflicto violento en nombre de Dios.

La guerra solo existe si se informa de ella. Siria llena los titulares de los principales medios casi a diario. De lo que sucede en Nigeria y de la tragedia humana que el conflicto está dejando sabemos poco. Las niñas de Chibok, el apoyo de Boko Haram al autodenominado Estado Islámico y poco más. Sin embargo, la devastación que este terrorismo está provocando en el país africano no tiene precedentes. Las noticias solo salen a la luz cuando ya no se puede hacer nada. No evitan el clima de miseria que estos ataques dejan allí por donde pasan. De esos millones de refugiados de los que hemos hablado no pueden esperar ayuda de un Estado, el nigeriano, por su nula capacidad de funcionamiento. Tampoco de la Comunidad Internacional, que ni siquiera se hace eco de este problema. Los nigerianos y nigerianas parecen estar abandonados a su suerte y, si la situación sigue igual, continuará extendiéndose el terror.

El país es así el campo de cultivo ideal para la radicalización de los jóvenes. En Nigeria, casi la mitad de la población es menor de catorce años. Siendo niños, se buscan la vida solos como bien pueden, convirtiéndose en una presa fácil en esta captación de nuevos combatientes . Si bien estudian y buscan trabajo, el desempleo y la crisis económica, acompañado la falta de perspectivas y de proyectos políticos los empuja a situaciones de exclusión que alimenta, en muchas ocasiones, a las futuras generaciones de terroristas. Según UNICEF, son más de 44 los niños utilizados en el último año como suicidas en los atentados terroristas de Boko Haram. Niños que son un arma más de esta guerra sucia. Son secuestrados y en la mayoría de estos ataques son kamikazes sin ni siquiera saberlo, pues portan bombas que son detonadas por otros cuando los “liberan” en un lugar público. El problema no es solo la tragedia mortífera de estos ataques, sino que muchos de estos pequeños al escaparse son entregados al Ejército nacional por sus propias familias, ante el miedo de que puedan ser “niños bomba”.

En este intento de islamización radical, los terroristas han declarado la guerra a la educación. Consideran la educación occidental como un pecado, y en esa línea han privado de este derecho a más de un millón de niños. Han destruido cientos de escuelas y cerrado otras tantas, y asesinado a casi mil profesores. Y como ya es sabido, no hay arma más potente que la educación y, si se priva a una generación entera de ella, esto puede tener graves consecuencias a todos los niveles.

Hemos hablado de la infancia en sí, pero las pequeñas nigerianas precisan de una mención aparte. Son las 276 niñas de Chibok la punta del iceberg de la crisis humanitaria que las niñas sufren en Nigeria. Son secuestradas para diversos fines: para privarlas de educación y libertad, para venderlas en el mercado ilegal del tráfico de personas, para usarlas como suicidas ̶ UNICEF sostiene que más del 75% de los kamikazes de los que hemos hablado anteriormente son mujeres y niñas ̶ , para obligarlas a casarse con combatientes de la milicia o para convertirlas en esclavas sexuales. Hace unas semanas se difundió un vídeo en el que aparecen las secuestradas de Chibok como prueba de vida en las negociaciones con el gobierno para su liberación. Para las familias es alentador identificar a sus hijas tras dos años secuestradas, pero las mismas autoridades afirman que la fecha de grabación de este video es desconocida. Por lo que no se puede confirmar por completo que estas pequeñas sigan con vida.

Boko Haram demuestra con cada una de sus actuaciones de violaciones de derechos de la infancia su debilidad como grupo terrorista. El motivo de su insurgencia comienza a ser confuso y se pone en entre dicho cuando sus ataques se aprovechan de la vulnerabilidad de los pequeños y pequeñas nigerianos. Amnistía Internacional reclama al gobierno nigeriano medidas que protejan a los civiles y devuelvan el derecho a la educación de los niños y niñas. Algo que tendrá que llegar más pronto que tarde si lo que queremos es que Nigeria no entre en una espiral violenta sin salida.

Laura Bello Cedillo, es una estudiante de Ciencia Política, Gestión Pública y Periodismo interesada en los debates políticos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

Fuente de la imagen: https://www.mercycorps.org/articles/nigeria/new-report-investigates-how-boko-haram-recruits-youth

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