EL MUNDO DEL DEBATE: LA REALIDAD DE LAS PALABRAS

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 Por: Asunción Mateos Gámez

 

Debate: Discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses.

El filósofo Karl Popper estableció uno de los modelos de debate más conocidos y utilizados hoy en día, basado en la búsqueda de contrastación de proposiciones relevantes y decisivas, enfatizando el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico y tolerancia. Para ello, se confrontan dos bancadas o “equipos” conformadas por tres integrantes, que deben investigar tanto de la posición afirmativa como negativa de la tesis a debatir. Siendo la cooperación y el trabajo en equipo los pilares fundamentales para este tipo de debate.

El desarrollo del debate consistirá en defender tanto una postura afirmativa como negativa de la tesis otorgada a través de la refutación de argumentos entre bancada y bancada.

El formato original está compuesto por diez partes, seis de ellas consisten en realizar discursos sin ningún tipo de interrupción, mientras que en las cuatro restantes se establecen cruces de preguntas entre un orador de cada equipo. En adición, cada bancada puede hacer uso de un tiempo establecido para coordinar o establecer la estrategia grupal durante el desarrollo del debate. Dicho tiempo no excede habitualmente los ocho minutos y puede solicitarse de una sola vez o de manera fraccionada.

A partir de este modelo de Karl Popper se han establecido numerosas variantes modificando tanto el número de integrantes de cada equipo, la disposición del tiempo, el orden de intervención…

Otro de los modelos más conocidos dentro de la temática es el de Lincoln-Douglas, es conocido por tal nombre como consecuencia de los debates acaecidos entre Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas cuyos tópicos versaban acerca de la esclavitud, la moral y los valores. Por ello, este tipo de formato tiene como núcleo debatir las controversias de índole valórica, y en contraposición con el debate político o el debate basado en el modelo de Karl Popper no es necesario el uso de argumentos basados en la estadística u otros datos empíricos, sino que es un debate de carácter valórico cuyo sustento son los principios morales y la lógica con que el orador los emplea para sostener su postura.

El formato Lincoln-Douglas enfrenta exclusivamente a dos oradores y establece tiempos diversos según el discurso que se realice. Habitualmente puede diferenciarse siete etapas dentro del mismo, dos de ellas hacen referencia al discurso argumentativo de cada orador, tres son usadas para elaborar discursos de refutación y, las dos últimos al intercambio de preguntas cruzadas.

A pesar de la precisión y pureza con la que se estableció el debate, a lo largo del s.XX y sobretodo en el s.XXI los medios de comunicación han interiorizado dicho modelo como un sistema de información capaz de manipular a las masas. Corrompiendo de este modo tanto su utilidad como sus dispositivos.

Se hace por tanto necesario volver la vista atrás en búsqueda de su esencia y plenitud, y para ello hemos de remontarnos a la base intelectual de toda sociedad occidental, en la que encontramos como la rigurosidad se cohesiona con la pasión, y la vehemencia de la defensa de unos ideales se plasma a contrarreloj debate tras debate.

El debate universitario tiene como propósito no solo desarrollar las habilidades comunicativas necesarias para expresarse en público de manera segura y convincente de aquellos que lo ejercen, sino que además, pretende fomentar el pensamiento analítico, el trabajo en equipo o la capacidad de síntesis.

Desde 1997 se celebra la Liga G9 constituida por las universidades públicas de Cantabria, Castilla –La Mancha, Extremadura, Islas Baleares, La Rioja, Navarra, Oviedo, País Vasco y Zaragoza. Su pasada edición tuvo lugar en Zaragoza y la pregunta del debate defendida fue: ¿Debería legalizarse el cannabis en España?

Del mismo modo cada universidad y cada comunidad autónoma celebran numerosos torneos a lo largo del año académico, tanto de distintos tópicos como de distintas modalidades. En la Comunidad de Madrid son conocidos los clubes pertenecientes a la Universidad Pontificia de Comillas, la Universidad Complutense o la Universidad Francisco de Vitoria.

No obstante, hace poco más de un año nacía el Club de Debate de la Universidad Rey Juan Carlos. Como en su propia página web indican, la iniciativa surgió gracias a un curso de oratoria realizado por la asociación de estudiantes ADHUE. Sus socios fundadores han sido los propios alumnos pertenecientes a los campus de Vicálvaro y Fuenlabrada de la propia Universidad. En su primer torneo no fueron capaces de calificarse tras la fase de grupos, pero la mejora del Club durante este año ha ido en aumento y todo augura que seguirá haciéndolo.

El Club de Debate ha participado en torneos como el SICE ( Simulación del Congreso Español) , InterCEU, XI Torneo Francisco de Vitoria, OviMUN, HarvardMUN, BP de Córdoba… del mismo modo que ha organizado torneos en su propio seno como el primer modelo BP ( British Parlament) o el llevado a cabo la segunda semana de abril: I Torneo Interno del Club de Debate con motivo de la Semana de la Tolerancia organizada por la Universidad Rey Juan Carlos, en el que los participantes debatieron sobre un tema muy controvertido en la actualidad. “¿Permite el Tratado de Schengen dar una respuesta eficaz al terrorismo?”

 

El emprendimiento académico dentro de los propios organismos públicos supone un arduo reto al que hacer frente día a día, en el que a veces las aspiraciones de los propios estudiantes acaban confrontándose con los intereses del ente público en cuestión.

Afortunadamente a pesar de que los comienzos con las luces apagadas son complicados, el esfuerzo y el compromiso acaban dando sus resultados. Resultados de los que todos nos vemos beneficiados.

La universidad pertenece a aquel que la disfruta, que la entiende, que es capaz de sacar el máximo provecho a sus años de juventud junto a ella… Quien es capaz de atisbar que el conocimiento junto con el enriquecimiento no solo se consiguen dentro del aula – aunque sea la parte más importante- sino que existen ciertos valores y competencias que se adquieren fuera de ella, con la ayuda de aquellos nuevos pero eternos amigos.

No olvidemos que el enriquecimiento extracurricular, provenga de donde provenga supondrá no exclusivamente un aliciente para mejorar y seguir aprendiendo cada día, sino que a largo plazo cuando los exámenes y las conferencias terminen será una ventaja competitiva que nos permitirá especializarnos y destacar dentro de nuestra rama de estudio.

Es necesario poseer conocimientos, datos, fórmulas… pero su utilidad será ínfima si somos incapaces de expresar nuestras ideas o convicciones de una manera lógica y ordenada. O si no sabemos encarar las adversidades, tomar las oportunidades y luchar por nuestros sueños.

Como decía el físico Albert Einstein: “El valor de una educación universitaria no es el aprendizaje de muchos datos, sino el entrenamiento de la mente para pensar.”

Asunción Mateos Gámez, de origen alcarreño. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Escritora a tiempo parcial y amante de las lenguas modernas. Sapere Aude.

Imagen tomada de autismomadrid.com

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