“Una deuda pendiente”: El genocidio contra los armenios.

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     Por: Gerard Fuentes Garay.

Entre el 24 de Abril de 1915 y el año 1924 fueron asesinados 1,5 millones de personas a manos del Imperio Otomano; esa es la versión de Armenia, la nacionalidad de las víctimas. Turquía por su parte, niega tal acontecimiento alegando que se trato de una guerra civil que se junto con una hambruna que terminó matando entre 300 000 y 500 000 armenios y otros tantos turcos.

Si bien es cierto que el genocidio contra los armenios es difusamente conocido entre los grupos cercanos a la colectividad armenia y a las zonas vinculadas al origen del conflicto, es el ciudadano medio el que no tiene conocimiento de que este acontecimiento perpetrado por el Imperio Otomano fue la primera masacre del siglo XX; y que este mes de Abril se cumple un año más en que Armenia no cede en su propósito de que el genocidio se reconozca internacionalmente.

El 24 de abril de aquel año dio lugar a la detención de casi 600 intelectuales armenios, dirigentes, miembros de todos los partidos políticos de distintos credos religiosos. Por esta razón, cuando hablamos del genocidio pensamos en el horror que la historia en imágenes nos muestra: caravanas de niños, mujeres y hombres esperando la muerte.

No voy a detenerme en este articulo a escribir sobre las atrocidades vividas en el aquel entonces; lo que sí es referir en ¿Cómo fue posible esto?, ¿Qué había en esa sociedad y en la política de aquel entonces para permitir este hecho humillante para la condición humana?

Los armenios formaban parte del Imperio Otomano. Durante la década del 30 del siglo XIX, los procesos de modernización en Europa se llevaron adelante; fruto por una parte, que los países occidentales aspiraban a que el mundo se occidentalice, y por otra, que los ciudadanos querían que haya cambios. Esto dio origen al Tanzimat (1839 – 1876), un proceso de reformas a todos los niveles que se llevo a cabo en el seno del Imperio Otomano; con el objetivo de modernizarlo ante la presión de las potencias occidentales.

Los sultanes empezaron este proceso de modernización introduciendo nuevas ideas políticas (Constitución en vez de un texto religioso que regulara la vida, separación de poderes en vez de poder absoluto, ciudadanos en vez de súbditos, etc.). Esto va a generar muchas ilusiones dentro de las minorías del Impero, ya que esto significaba un progreso en el aparato político, económico, burocrático y social, que le daría a todos ellos una posición digna dentro de la sociedad.

Pero al asumir el poder el sultán Habdul Hamid, suspende este proceso de reformas. A raíz de ello, provocara la reacción por parte de los armenios de presentarse tanto por la vía diplomática como por la vía de la lucha armada para que el proceso reformador no se estanque.

La oposición del sultán será una represión brutal que trajo como saldo 200 000 víctimas (1896). Con esta acción consiguió a partir de entonces una oposición en su contra tanto de organizaciones turcas, armenias, griegas y judías.

En 1908 sufre un golpe político importante como consecuencia de la aparición de los llamados Jóvenes Turcos; grupos de estudiantes universitarios y cadetes militares progresistas conducidos por la disidencia política después de que la Constitución fuera revocada por el sultán; los cuales en un principio representaron una esperanza para los armenios.

Pero esta ilusión por parte de los armenios duro poco. Los Jóvenes Turcos lograron la abdicación del sultán en 1909, consiguiendo así gobernar el Imperio Otomano entre mediados de aquel año y el final de la Primer Guerra Mundial. Durante ese periodo establecieron relación política con Alemania, los cuales influyeron en gran medida en la idea de turquificar el Imperio; es allí que se da inicio a la decisión de eliminar a los armenios, que para ellos era la impureza de ese frente. Se estima que pereció al menos un millón y medio de armenios.

Uno de los puntos que mayor polémica ha generado en torno a este histórico episodio es la denominación que recibe, genocidio. Recojo tres puntos de vista diferentes para aclararnos un poco: el de Naciones Unidas, Armenia y Turquía.

1.- Naciones Unidas; según el artículo 2 de la Convención de las Naciones Unidas, celebrado en 1948, se considera genocidio a los siguientes actos:

  • Matanza de miembros del grupo;
  • Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
  • Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
  • Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
  • Traslado por fuerza de niños de un grupo a otro.

2.- Armenia; la postura de Armenia a lo largo de los años ha sido la misma: lo cometido a inicios del siglo XX fue un genocidio y la negativa de reconocerlo como tal propiciaría una nueva ola de odio nacional y reviviría los conflictos históricos.

3.- Turquía; con la misma seguridad que el otro protagonista de la historia, el Gobierno Turco se ha dedicado a rechazar la denominación de genocidio.

La versión oficial e histórica propuesta por Turquía es que durante la Primera Guerra Mundial, muchos armenios murieron al igual que turcos; masacres cometidas por ambas partes como consecuencia de la violencia interétnica; acompañado además por una hambruna que dejo a su paso muchos decesos.

Es decir; este acontecimiento implica memorias de dos comunidades: armenia y turca. Los primeros trabajando el recuerdo y los segundos trabajando el olvido con un factor preponderante: el negacionismo, que forma parte del genocidio (jamás se reconoce).

De ahí que saltan a la palestra pronunciamientos sobre el tema; como el que estuvo a cargo en 2015 por el presidente de Armenia, Serzh Sargsían, argumentando que la impunidad de un genocidio es la premisa para su repetición.

Por su parte, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, defendió a su país de lo considera una campaña de desprestigio que lleva fuera de curso un evento histórico como este, con el único afán de deshonra a la nación turca.

El Papa Francisco también se atrevió a mencionar el tema hablando del “atroz y descabellado exterminio de los armenios” considerado, “el primer genocidio del siglo XX”. La reacción del presidente turco no se hizo esperar ordenando el retiro inmediato de su embajador en el Vaticano.

Sin embargo, declaraciones oficiales de la ONU respecto al tema; producidas luego de la declaración del Papa, hicieron referencia a un crimen atroz y no a un genocidio.

En mi opinión, el tema es sensible por donde se le mire. Hablar del genocidio armenio es prácticamente arriesgarse a ser censurado por Turquía, y pasar por alto tal pasaje de la historia es dejar en el olvido a miles de personas muertas por una razón condenada hasta nuestros días.

Si bien es cierto se ha dado poco a poco pasos importantes con respecto a este hecho; como por ejemplo el reconocimiento oficial y de manera explícita por parte de los parlamentos de algunos países como Francia, Alemania, Italia, Canadá, Grecia, Rusia, Uruguay, Argentina, Venezuela, Chile, Bolivia, entre otros; hay un aspecto fundamental por la que la comunidad internacional debe seguir bregando fuerte: que dicha tragedia no quede en el olvido.

Significaría un dolor enorme en el alma para los armenios que una desgracia de tamaña magnitud; donde murieron casi dos millones de inocentes en condiciones humillantes; quedase desplazado de su concepción genocida, por la tozudez de unos dirigentes que con una actitud empecinadamente amnésica, desean marginar un pilar de los Derechos Universales, que “Los Derechos Humanos protegen a quienes son agredidos por los poderes del Estado”.

Este suceso se debe reconocer sin lugar a dudas; y para que no quede en la historia como la gran deuda pendiente de la comunidad internacional, la batalla desde hoy debe ser más diplomática que nunca. Armenia grita al mundo: “No me olvides”.

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen tomada de tn.com.ar.

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