Islamofobia: una victoria para DAESH

0

Por: Andrea Mochnáč Tejera

Hay una ola de personas que ya se está expandiendo por Occidente y que es más peligrosa que los tan temidos refugiados: la ola de la islamofobia. La islamofobia es una forma de intolerancia que conlleva rechazo, irrespeto y desprecio hacia el Islam y, por extensión, a las personas musulmanas. Así lo define la Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia en su informe anual de 2014 sobre la Islamofobia en España. Habrá quienes con toda seguridad aleguen que se trata de un término reciente, cuyo germen nace con los atentados del 11S, y que se ha ido popularizando en los últimos años, y más con la aparición del grupo terrorista DAESH en la escena internacional. Sin embargo, ello queda un poco lejos de la realidad. Posiblemente, la primera vez que se empleó el término fue ya entre finales del siglo XIX y principios del XX. Por aquel entonces, no eran pocos los autores que afirmaban que el musulmán era el enemigo natural del cristiano. Frente a estos, se erige la aportación de Alain Quellien, funcionario en el Ministerio de las Colonias francés, que en su tesis doctoral empleó la palabra “islamofobia”, más en concreto, calificó de “islamófobo” a “todo autor que considera al islam como un enemigo irreductible de los europeos”.

A pesar de las diferentes aportaciones, a día de hoy, aún no existe una definición universalmente aceptada del término. Pero, al fin y al cabo, los matices que pueda haber entre unas acepciones y otras no son lo que aquí nos concierne. Lo verdaderamente primordial es que en los últimos meses esta corriente de odio hacia el Islam está cobrando una fuerza alarmante. Una prueba que corrobora esta afirmación es, por ejemplo, el ataque con botes de humo y la pintada de “Hoy Bruselas. ¿Mañana Madrid?” en la mezquita M-30 de la capital española, tan solo unas horas después de los atentados de Bruselas, a manos de un grupo de extrema derecha. Pero no solo se trata de delitos “callejeros”. Una preocupante realidad es que la islamofobia se está manifestando también en el ámbito político, a través de la proliferación de los partidos extremistas. Si bien podrían citarse varios ejemplos, un caso llamativo es el de Alternativa para Alemania que, con solo tres años de trayectoria, se ha convertido en la tercera fuerza más votada del país. Resulta además curioso que, a través de sus mensajes contra el Islam, ha ganado apoyo en forma de votos desde todos los sectores de la población.

Pero, ¿qué es lo que verdaderamente engendra esta corriente de odio? Personalmente, cada vez sospecho más que la causa está en la ignorancia. Me explico. El otro día asistía a una conferencia donde se trataba el tema de la islamofobia. Entre otros, se hizo gran hincapié en la idea de que el autodenominado Estado Islámico no representa la religión del Islam. Es imprescindible, en aras de criticar con un mínimo de objetividad y conocimiento de causa, comprender que este grupo terrorista no practica el Islam tradicional, sino que se rige estrictamente por el salafismo, una ideología sunita radical, que aplica rigurosamente la Sharía. El discurso salafista se basa en la necesidad de “purificar” la religión de toda influencia externa. Así, aborrece a todo aquel que no sea musulmán. El grave problema en Europa es que gran parte del Islam que aquí se predica es de esta vertiente.

Pero, ¿qué me lleva a formular tan atrevida acusación? Veamos. En algunas capitales del viejo continente, acuerdos con Arabia Saudí han desencadenado en la construcción de mezquitas que acogen a grandes masas de creyentes. Este es el caso, por ejemplo, de la Gran Mezquita de Bruselas que, tras haber quedado en ruinas, fue reconstruida en 1967 gracias a financiación saudita. Ello se debe a que el entonces rey de Bélgica, Balduino, quería obtener petróleo barato e hizo un acuerdo con el rey saudí. Pero el intercambio no quedó ahí: el país del Golfo también escogió y formó al clero de la mezquita. Es así que en torno a este lugar de culto rondan sospechas de propagación de mensajes salafistas, antioccidentales y antisemitas. Y es que, ya lo demuestra la historia, mucho criticamos a las culturas que llevan la religión hasta el más radical extremo, aquellas enemigas confesas de los derechos humanos, pero luego hallamos en ellas a nuestros más poderosos aliados geoestratégicos (¿alguien dijo hipocresía occidental?).

El “islam europeo” genera grandes problemas: los jóvenes árabes que viven en barrios marginales en las grandes ciudades europeas, con problemas de identidad e integración social, llevan un día a día desesperado y serían capaces de matarse –literalmente– por sentirse héroes. Ello los convierte en un blanco fácil para los grupos extremistas, que hacen de ellos sus peones de guerra. Una guerra “santa” en la que, permitidme recordad, Europa no está siendo la peor parada. Sin pretender quitar la más mínima gravedad a los catastróficos sucesos de París y Bruselas, no podemos olvidar que las principales víctimas del terrorismo yihadista se hallan entre la propia población musulmana. Pensemos si no en las masacres en Damasco, Homs (Siria), Bagdad, Muqdadiya (Iraq), Túnez (República Tunecina), Peshawar (Paquistán) o Estambul (Turquía), entre otros.

¿O es que acaso estos atentados no nos dicen nada? No sería de extrañar, dado que apenas han recibido una nimia mención en los medios de comunicación. En cierto modo, puede decirse que la islamofobia es un prejuicio mediáticamente creado. Selección de información es sinónimo de desinformación. Y esa desinformación es la que conlleva que desde Occidente tendamos a ver como enemigo a la víctima, creando prejuicios sustentados en una base inexistente. Y es que son poquísimas las veces que se ha dado en los telediarios una noticia relacionada con el mundo musulmán de contenido esencialmente religioso, sin deslizar entre palabra y palabra un matiz de contenido político.

Abramos los ojos, los creadores de la islamofobia no son los musulmanes, sino precisamente aquellos que no lo son, que no quieren escuchar, que no quieren tolerar otras visiones del mundo que difieran de las suyas propias. No nos dejemos llevar por primeras impresiones infundadas. Conozcamos. La islamofobia es la victoria del odio sobre el respeto, y declarar una guerra al Islam, una victoria para el terrorismo extremista.

Andrea Mochnáč Tejera (1997) cursa primero de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Aficionada al periodismo y amante de las letras, ha sido premio nacional 2015 del concurso Juvenes Translatores, organizado por la Comisión Europea, donde tradujo del checo al español.

Imagen obtenida de islamenmurcia.blogspot.com

  • User Ratings (0 Votes) 0
    Your Rating:
Summary
Awesome

Leave A Reply