La ética en los negocios

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Por: Gerard Fuentes Garay

“Los negocios también son un arte, ya que en ellos se mezcla la estética y la ética. Los negocios sin ética no son útiles” (Alejandro Jodorowsky)

Uno de los cimientos más preponderantes para el éxito de una empresa es la ética. Cualquier proyecto, cualquier acto que influya en un afán de emprendimiento empresarial, debe comenzar con algo que sea sostenible. Por esta razón, quien tenga principios éticos y valores personales, familiares, sociales e institucionales siempre será bienvenido.

Cuando hablamos del mundo de los negocios hablamos del mundo de las personas, e indudablemente, la ética la tienen las personas. Es por eso, que si nos dirigimos al mundo empresarial en su conjunto, debemos tener clara la idea de que es indispensable; como punto de partida para el éxito de la misma; que exista ese valor ético en cada una de las personas que conforma el equipo de trabajo. Hablamos de ética personal, de cada uno de los que trabajan allí, y si hay una ética empresarial es porque hay una ética personal.

La ética es un tema de formación, de educación y de información; de que actos de la vida nos vamos informando, y que estos puedan ser éticos o no éticos.

Pero, ¿cuándo se puede decir que una persona está haciendo un acto ético; o por el contrario, está cometiendo una acción que es deshonesta? o, ¿cuándo se puede calificar de ético o no ético el comportamiento de una persona dentro de una empresa? Esto depende de que tanto bien le haga a la otra persona o a la otra institución. Es su actitud frente a una determinada situación lo que separa a esta persona de una conducta moralmente correcta, de otra que sobrepasa parámetros de honestidad.

Mirado desde una empresa, una grave falta ética es la corrupción por ejemplo; cuando esta patrocina este tipo de cosas entregando dinero a un funcionario público, para recibir a cambio la concesión de un contrato o un proyecto.

O aquel funcionario público que acepta cambiar las normas por intereses personales, dejando de lado los institucionales y sociales.

El contrabando mismo, cuando sabemos que estamos deteriorando la sostenibilidad publica en temas de inversión en la misma sociedad. Las dobles contabilidades, evasión de impuestos, y todo este tipo de cosas.

El hecho de hacer lo no debido, va en detrimento de los principios morales y trae como consecuencia una falta de buena fe y de visión empresarial apropiada para alcanzar un objetivo, ya sea personal o colectivo dentro de una sociedad. Una imagen desfavorable hacia una determinada empresa, puede socavar la tumba de la misma en poco tiempo.

Muchas veces no hay un compromiso con esa visión empresarial por parte del individuo; por consiguiente, no hace falta únicamente la promesa y el pacto con ella; es fundamental que exista un cuerpo institucional granítico, inquebrantable ante estas desviaciones morales. Si existe un trabajador o dos mil de ellos en una misma empresa, absolutamente todos deben de comprometerse con esa visión empresarial y esa propuesta de valor.

Lamentablemente la economía actual en la que vivimos contiene una pobreza ética, falta de principios, de formación y educación. Por esta causa, aunque la historia de la empresa sea grande en cuanto a riqueza de valor, las mismas van cerrando poco a poco y en un porcentaje muy alto; y dicha deserción se da precisamente por una falta de identidad, visión empresarial y objetivos institucionales, para los cuales es necesario un compromiso con nuestros valores y principios que poco a poco van dejando de existir en el entorno laboral.

Es fundamental que el trabajador de hoy en día; sea directivo o empleado (todos somos un equipo); sume el compromiso personal al compromiso institucional, y que dicho accionar sea sostenible a lo largo del tiempo. Así y solo así, será posible el éxito de una organización, que se verá reflejado en beneficios cada vez más mayores y una conexión con el cliente cada vez más sólida.

Es necesario concienciar a las organizaciones de que tienen una responsabilidad muy grande a nivel institucional, porque desde ellas florece la sostenibilidad económica de un país, se crea dinamismo, crecimiento y modelos económicos; y la fuerza motriz de todo ello son las personas.

Es por eso esencial, que las personas que lleguen a nuestras instituciones tengas perfiles bien definidos, afín a la propuesta de valor de la organización y con una autenticidad para actuar con principios y valores dentro y fuera de ella. Sin olvidar claro está, que para que ese perfil y competencia este fusionado con esa propuesta de valor, las universidades y los medios de comunicación tienen un papel protagónico en el alcance de estos objetivos por parte de las personas; puesto que son los encargados de otorgar; cada uno con sus funciones; esa educación moral y ética que luego se verá cristalizada en el cumplimiento de esa misión y visión institucional.

En definitiva, se sabe muy bien que vivimos en una sociedad sedienta de justicia y equidad tanto en países desarrollados como subdesarrollados, y esta sensación se origina precisamente por esa falta de ética por parte de quienes toman las decisiones, que marcan el derrotero de las diferentes comunidades que integran este vertiginoso decrecimiento acelerado de la sociedad.

No hay que olvidar; y esto lo remarco; que la carne humana es la materia prima; por lo tanto, si hacemos reparo en educarles con principios morales, no es solo comprometerlos con la propuesta de valor necesaria para el crecimiento institucional y por ende un crecimiento social; sino que además, se está creando empresas comprometidas con el país y con políticas de gobierno corporativos muy claras, que a la larga se vuelve un espiral beneficioso en todos los ámbitos de una población.

Recuerde amigo lector que: “Si avanza un mínimo en su conciencia ética, está mejorando un gran porcentaje de los nuevos puestos de trabajo que se van a crear”.

Yo defino mi propuesta de valor desde una propuesta personal, ¿y usted?

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen obtenida de www.albertoandreu.com

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