Crónica del rechazo a una reforma laboral a la española en Francia

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Un 70 % de la población francesa se opone a la reforma recién diseñada por el presidente, Manuel Valls y la ministra de trabajo. También ha supuesto una gran división entre los socialistas, el rechazo de la izquierda y una huelga general con problemas en el transporte público, paros en numerosas fábricas y cierres o bloqueos de decenas de liceos y universidades. La Ley El Khomri, conocida así por el apellido de la ministra de Trabajo Myriam El Khomri, va en la línea de las medidas reclamadas por Bruselas y sigue el ejemplo de otras leyes laborales como las aprobadas en España en 2010 y 2012.

En enero Francia se declaraba en “estado de emergencia económica” debido a que la tasa de paro alcanzó el 10,3 %. El primer ministro francés, el socialista François Hollande, insistió en la necesidad de adoptar medidas para asegurar “un crecimiento más robusto y un creación de empleo más abundante”, palabras parecidas a las de Rajoy cuando aseguraba que la reforma laboral en España era “justa, buena y necesaria”. En el mes de marzo se aprueba la Ley El Khomri en Francia, una ley que se inspira en la reforma laboral española y que aunque su objetivo es “refundar el derecho al trabajo” contempla aspectos como los despidos colectivos, la rebaja en las indemnizaciones máximas por finalización forzosa de contratos y la bajada en la remuneración de las horas extras. Lo único que mantiene Hollande es la jornada laboral de 35 horas y alega, como hizo Rajoy en 2012, que la reforma “otorga más flexibilidad a las empresas.”

Tras la aprobación del texto, surgieron los apoyos y los detractores del mismo. Un sondeo publicado por Le Parisien refleja que el 70% de la población francesa se opone a esta reforma laboral, también la rechazan los sindicatos y la izquierda. Las organizaciones estudiantiles creen que la ley traerá más precariedad para los jóvenes. El ala izquierda del gubernamental partido socialista tacha la reforma de “liberal”. Sin embargo, la derecha y la patronal están a favor de esta reforma propuesta por los socialistas. Los que están dispuestos a negociar son los sindicatos reformistas y la ultraderecha.

Los analistas tampoco se ponen de acuerdo. Bootle y Loynes insisten en que resolver la debilidad estructural francesa no será algo rápido ni sencillo. A pesar de ello, una treintena de economistas, entre ellos el Nobel Jean Tirole, sostienen que la reforma es “un avance para los más débiles” y citan como ejemplo la reforma laboral española.

Los detractores de la reforma decidieron pasar a la acción, haciendo numerosas protestas. El 10 de marzo se concentraron 100.000 estudiantes y trabajadores, según los convocantes (27.000, de acuerdo con la policía), entre ellos numerosos ferroviarios. En la emblemática plaza de la República, a primera hora de la tarde de ese mismo día lo hicieron unas 6.000 personas, en su mayoría estudiantes. “On vaut mieux que ça” (“Vale la pena”), corearon mientras varios jóvenes dibujaban la frase con sus propios cuerpos. En diversas ciudades de Francia como Marsella o Burdeos se han dado importantes manifestaciones. Solo se han detectado incidentes con la policía en Lyon.

Ante estos hechos Hollande decidió retrasar hasta el 24 de marzo la aprobación del proyecto, prevista para el 9, para dar tiempo a organizar consultas con los sindicatos y ha prometido que se tendrán en cuenta sus posiciones. Hollande barajaba la posibilidad de cambiar algunos aspectos de ley, pero se veía presionado por la patronal; el partido de Sarzskozy, que apoyaba la ley siempre que no se modificara y, según algunas informaciones que después han sido desmentidas, Valls.

Ni el retraso ni la apertura de negociaciones han amainado los ánimos. Organizaciones estudiantes, apoyadas por sindicatos, mostraron su capacidad de movilización en 120 actos de protesta por toda Francia. Mientras, un manifiesto de rechazo al proyecto, promovido por una excolaboradora de Hollande y de varios ministros, ha recogido ya más de 1,1 millones de firmas en un fenómeno inédito en los últimos años en Francia.

Finalmente, llegó el 24 de marzo y el Gobierno francés presentó en Consejo de Ministros su polémica reforma laboral. Se trata de una versión modificada respecto al borrador inicial, en repuesta a la movilización social de principios de mes. Sin embargo, no ha conseguido aplacar del todo la protesta. Decenas de miles de jóvenes se han manifestado de nuevo por las calles del país, donde se han registrado algunos disturbios al margen de los desfiles en París y otras ciudades y han sido detenidas unas 45 personas. Los sindicatos hostiles a la reforma han convocado además una gran jornada de huelga para el próximo 31 de marzo. La reforma se debatirá a principios de mayo en el parlamento.

Aunque el Gobierno ha cedido en algunos puntos más polémicos, miles de jóvenes volvieron a manifestarse el mismo día en el que se aprobó la reforma. El sindicato estudiantil Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), principal organizador de la jornada de protesta, asegura que la movilización se mantiene en niveles similares a 150.000 personas. Las autoridades por su parte estimaban unas 45.000. Además de las manifestaciones, se han registrado disturbios en París, Nantes y otras ciudades, donde varios jóvenes, algunos de ellos encapuchados, se han enfrentado a la policía, que han respondido con gases lacrimógenos. Unos 10 policías han resultado heridos y se han detenido a 45 personas, según Interior. UNEF denuncia por su parte violencias policiales con balas de goma y puñetazos por parte de las autoridades hacia manifestantes pacíficos.

El 31 de marzo se celebraba la ya anunciada huelga general. Graves problemas en el transporte público, paros en numerosos centros de producción y cierres o bloqueos de decenas de liceos y universidades fueron la orden del día. Cientos de miles de personas -1,2 millones, según los convocantes; 390.000, según las autoridades- han salido a la calle para unirse a las 260 manifestaciones convocadas. Los principales sindicatos y organizaciones estudiantiles echan así su gran pulso al presidente francés, que afronta la mayor protesta social registrada en el país desde que llegó al poder en 2012.

Se observa que la progresión de las protestas va en ordena ascendente, por más que el presidente intente negociar la sociedad rechaza su propuesta y en ocasiones actúa con violencia. La popularidad de Hollande ha disminuido dieciocho puntos. Francia, que siempre había tenido una posición progresista desde que empezó el gobierno socialista, se rinde ante Bruselas. Un gobierno de izquierdas se inspira en un gobierno de derechas para hacer una reforma laboral como consecuencia de un socialismo cada vez más moderado. A día de 5 de abril los jóvenes se siguen manifestando, ellos son el futuro del país y ese futuro se ve empañado por un presente incierto.

 Imagen obtenida de news.vice.com

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