Nuevas Visiones del Mundo: Protestas y Manifestaciones

2

Por: Asunción Mateos

“No a la guerra”; “United for Global Change”; “Som una nació. Nosaltres decidim”; “El pueblo es la solución”

Son algunos de los lemas de las manifestaciones más multitudinarias acaecidas durante los últimos quince años.

Como la amplia mayoría de las libertades individuales de las que hoy en día gozamos, el derecho de reunión es consecuencia de “les idées des Lumières,” declarándose por primera vez el derecho de reunión en el art.11 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

En la actualidad este derecho no solo se recoge en las constituciones de regímenes democráticos, sino que conforma parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No obstante y desgraciadamente, no es la primera vez que una de las libertades más básicas es pisoteada cuando el poder pertinente lo considera necesario.

Injusto sería tratar de abordar este tópico desde una perspectiva internacional, pues existen países en los que ni siquiera existe el reconocimiento de este derecho, otros en los que a pesar de que sobre el papel la libertad está asegurada la realidad es bien distinta y, otros, en los que es que un derecho inimaginable al que renunciar.

Durante el mes de marzo de este año, Francia ha vuelto (y espero que así continúe siendo) a vivir una nueva protesta, esta vez contra la polémica reforma redactada por el gobierno de Valls. Decenas de miles de estudiantes apoyados por los sindicatos han participado en un total de más de 250 protestas, paros y manifestaciones a lo largo de todo el territorio francés. Se trata de una reforma laboral “a la española” como para bien o para mal sostiene Nobel Jean Tirole. La diferencia no reside en si se manifestaron más o menos centenares de personas que en España, o si las medidas que se establecen se han redactado utilizando la licenciatura en económicas de alguien coherente dentro del Ministerio. Sino que, como siempre, unas voces gritan más fuertes que otras.

Estudios del CIS demuestran la baja participación de los españoles en la mayoría de las formas de participación no electoral, no obstante es curioso como esta pauta no se mantiene cuando nos referimos a la participación en manifestaciones. España ha encabezado, salvo en una ocasión que aparece en segunda posición, la lista de países con el mayor porcentaje de asistencia a las manifestaciones. Mientras que en el resto de formas de participación se encuentra muy por debajo de la media, tal hecho se debe a la particular falta de sensibilidad del sistema político nacional para considerar y gestionar las demandas de actores no institucionalizados a través de los canales formales establecidos, en contraste con democracias del entorno.

La propensión a la manifestación es España se acentúa a mediados de la década de los noventa como consecuencia de las movilizaciones en rechazo a la violencia terrorista alcanzando niveles sin precedentes a partir de movimientos contrarios a la globalización o contrarios a la guerra de Irak

En España, este ciclo de movilización coincidió con un momento de gran conflictividad a causa de determinadas acciones del gobierno de Aznar durante su última legislatura como el establecimiento de una nueva (pero no última) reforma laboral, su gestión política de la catástrofe del 11-M o del Prestige… desencadenando multitudinarias movilizaciones.

Tras la victoria socialista de 2004, continuaron produciéndose grandes manifestaciones ante cuestiones como el terrorismo, la educación, la defensa del modelo de familia tradicional o ante la reforma de la ley del aborto.

No obstante no fue hasta el colapso de la crisis económica a partir de los años 2007-2008 cuando las protestas comenzaron a adquirir un mayor volumen y una mayor relevancia a nivel político.

Es imposible no mencionar lo que dentro de unos años, o quizás de un par de meses, podríamos considerar el punto de inflexión de la sociedad española. La primera vez que las voces no solo fueron escuchadas, sino que conquistaron el poder.

Estoy haciendo referencia a las protestas que se dieron lugar entre los años 2011 y 2015 conocidas inicialmente como Movimiento 15-M o Spanish Revolution a nivel internacional.

Se trataban de un amplio abanico de reivindicaciones políticas, económicas y sociales con el objetivo de realizar profundos cambios en el modelo democrático y económico vigente. Al iniciarse estas protestas los medios de comunicación internacionales las relacionaron con la prolongada crisis económica que azotaba al país- y no estaban del todo equivocados- junto con sus expresiones más visibles como la elevada tasa de paro, la contención salarial o las políticas gubernamentales de ajuste que se tradujeron en recortes al Estado de Bienestar.

El comienzo de las protestas y manifestaciones se prolongó durante el cálido verano de 2011, no solo en Sol sino en diversos puntos de España. No obstante el movimiento no solo se mantuvo ardiente por las altas temperaturas que los termómetros marcaron sino gracias al desdén junto con la manipulación de la información que los medios de comunicación ejercieron, permitiendo que la indignación de aquellos meses se mantuviese viva durante años.

Otoño tampoco fue una estación sosegada, no tan solo en España sino alrededor del mundo. El 15 de Octubre o 15-O se produjeron un conjunto de protestas pacíficas en más de 1000 ciudades de 90 países diferentes, promovidas por plataformas como “¡Democracia Real Ya! “o movimientos como “Occupy Wall Street”, siendo Madrid el centro neurálgico de las protestas.

Y hasta el año 2015, las protestas, las manifestaciones y las marchas en lucha por la dignidad no han cesado. Ello no se debe a que la desigualdad o las injusticias hayan siquiera mermado y mucho menos desaparecido sino porque el descontento de las calles ha sido absorbido por las instituciones políticas gracias a la creación de los nuevos partidos políticos.

Como es más que evidente estoy haciendo referencia al partido político Podemos. Podrá gustarnos más o menos su vertiente ideológica, sus acciones políticas, sus líderes o sus métodos comunicativos, pero lo que es innegable – le pese a quién le pese- es que ha sido el mayor fenómeno político que ha vivido España, siendo un giro copernicano en la democracia vigente como bien puede verse representado hoy en día en las Cortes. Del mismo modo que las plataformas sociales como la PAH, las mareas de colores que han inundado nuestras calles día sí y día también, entre otras, son un reflejo de la unión ciudadana y del poder de colaboración y empatía de los españoles.

Y si no hubiese sido por aquellos que salieron a la calle mientras los poderes les tildaban de “perroflautas” o “ extremistas”, o por aquellos nunca se rindieron ante los que portaban las armas a la hora de defender que las cuatro paredes de una casa eran un derecho básico, o por los que repartían ilusión en forma de paquetes de galletas o latas de conservas; no me sería posible sentirme orgullosa de una ciudadanía que ante las vicisitudes comprende la necesidad de unión contra los grandes títeres del poder.

“Protestar es negarnos a ser reducidos a cero y a que se nos imponga el silencio. Por tanto, en cada momento que alguien hace una protesta, por hacerla, se logra una pequeña victoria. El momento, aunque transcurra como cualquier otro momento, adquiere un cierto carácter indeleble. Se va y sin embargo dejó impresa su huella. Lo principal de una protesta no es que sea un sacrificio efectuado en pos de un futuro alternativo más justo.” John Berger.

  • User Ratings (3 Votes) 10
    Your Rating:
Summary
Awesome

Discussion2 comentarios

  1. ¿El artículo no está firmado? Me parece un gran trabajo y el periódico debería reconocer a su autor. ¡Enhorabuena!

Leave A Reply