El Abuelo Bernie

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Por: Juan Lomba de Miguel

La política estadounidense, y más en concreto sus campañas electorales son difícilmente disociables de las figuras de las llamadas súper-PAC (Political Act Committee), organismos encargados de promover el auge o la caída de determinados candidatos del Partido Republicano o Demócrata en su carrera hacia la Casa Blanca este 2016. La capacidad de influencia de las PAC, costeando anuncios de radio, televisión, y cobertura en medios de comunicación más allá de las redes sociales es innegable, acercando al electorado a los candidatos favoritos del llamado establishment.

A todas luces, el candidato estrella de ese 1% de norteamericanos que hacen y deshacen a su antojo en el panorama político estadounidense es la figura de Hillary Rodham Clinton. Discutida públicamente por el escándalo del uso de una terminal de correo electrónico oficial desde su casa, motivo por el cual sigue siendo investigada, Clinton se encuentra cerca de conseguir la nominación del Partido Demócrata para aspirar a la Presidencia, oportunidad que ya le quitara Barack Obama en 2008.

En la que es posiblemente su última oportunidad para asaltar una Casa Blanca que ya ocupó como Primera Dama, posiblemente nadie esperaba que, con la inestimable ayuda de las redes sociales -véanse las tendencias #FeelTheBern o #BirdieSanders-, emergiese la figura de Bernie Sanders, un autoproclamado socialista demócrata que desde su juventud se ha involucrado en causas sociales y que ha llevado al Congreso y al Senado americanos desde que cambiase la alcaldía de Burlington, Vermont, por la representación a nivel nacional.

El Senador por Vermont es, cuanto menos, un hombre peculiar. Con 74 años, de origen judío y un independiente hasta 2015, Sanders supone la propuesta más progresista en el Partido que ha llevado a Obama a la Sala Oval. Y es este hombre el que, aupado por la juventud americana, está dando más de un dolor de cabeza a la todopoderosa Clinton en esta carrera.

A Future to Believe In es el mensaje de Sanders, que ha logrado llevarse el voto de la población desencantada con la política estadounidense que no ha escogido la vía Trump, logrando unos niveles de aceptación y movilización en las redes sociales pocas veces visto. Bernie supone una ruptura más: todo el dinero que destina a su campaña electoral proviene de pequeñas donaciones y no de grandes compañías o donantes, como eje que articula el discurso anti-establishment, y articulándolo como un arma bastante efectiva (a la vista está) contra no sólo Clinton, sino también los contendientes del Partido Republicano.

Un mensaje tan incómodo y desafiante como el de Sanders, que proclama el acceso universal a la educación y a la salud, que promueve una nueva política exterior estadounidense que deje de lado el intervencionismo y que rechaza las deportaciones de ilegales, o que aboga por el pago paritario y que critica con bastante fervor a Wall Street y su sombra alargada como concepto tiene un precio a pagar, y es en primer lugar el posicionamiento en contra, o en pro de su rival Clinton de los grandes medios de comunicación estadounidenses, así como de grandes publicaciones americanas como la revista POLITICO o los grandes diarios, como el Wall Street Journal o el New York Times.

Pese a todo, Sanders no deja de ser una anomalía política incómoda para muchos: con una de las familias más poderosas de la política estadounidense como es la Clinton en contra, y con la denominación de socialista, una palabra que da mal de altura en las esferas políticas y económicas de Estados Unidos, ha conseguido victorias históricas en las primarias de Estados como Michigan, y al escribir este artículo acaba de imponerse en Washington, Alaska y Hawaii, cosechando un total de 6 de los últimos 7 Estados disputados, si bien fue fácilmente vencido en Estados tan importantes como Florida, y queda por ver el desarrollo de otros grandes Estados como California o Nueva York (Estado de procedencia de Clinton).

Aunando más de 40 millones de dólares sólo en el mes de febrero gracias a la inmensa cantidad de pequeñas donaciones de particulares, y continuando con el éxito de crowdfunding ya comentado anteriormente, Bernie Sanders ha sido capaz de realizar actos difícilmente imaginables no sólo para el electorado estadounidense, sino posiblemente también para él. Sin ir más lejos, reunió en el Safeco Field de Seattle, Washington, a más de 15.000 personas la semana pasada, llegando a dedicar más dinero que la propia Clinton para ciertos actos de campaña.

En cualquier caso, y pese a atraer a grandes masas, Sanders continúa por detrás de la ex-Primera Dama en la lucha por la nominación, con alrededor de 1000 delegados y contando, por cerca de 1400 de Clinton, que además cuenta con el beneplácito de la mayoría de superdelegados cuyos votos cuentan exponencialmente más que el resto, y que en su mayoría apoyan a la ex-Secretaria de Estado y que acercan a la misma a la ansiada cifra de 2382 delegados que confirman al precandidato ganador como el representante del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales. A esto se debe, además del conocimiento de la figura de Clinton a escala mundial desde hace varias décadas, el hecho de que Bernie Sanders no haya conseguido atraer a simpatizantes de etnia afroamericana o hispánica, que han apostado, en su grandísima mayoría, por Hillary Clinton.

Sea nominado como candidato para Presidente o no, Sanders, perteneciente a una hasta hace bien poco convaleciente centro-izquierda estadounidense de la cual es el mayor exponente mediático junto a Elizabeth Warren, puede estar más que tranquilo con el trabajo realizado, atrayendo a las urnas a sectores de la población que se desentendían de la política, y obligando a Clinton a acercarse a discursos más progresistas para frenar la sangría de votos que le ha supuesto el Senador por Vermont.

Gane o pierda, el momentum del que disfruta Bernie -según encuestas, batiría con bastante más facilidad que Clinton a cualquier candidato republicano en las elecciones presidenciales, y sobre todo a Trump- entre la población joven y la importancia que se ha ganado entre los Demócratas hace indicar que, a buen seguro, se seguirá hablando de un político con ideología, convicciones y conciencia social que siempre estuvo ahí, y que tardó demasiado en recibir la importancia que ahora empieza a tener. El abuelo Bernie, su carácter y su carisma vinieron para quedarse.

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