Líbano: ¿Sujeto activo o pasivo?

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Por: Jesús Suárez

La República Libanesa es ese daño colateral que recogería cualquier manual de conflictos y guerras habidos y por haber; pero también posee categoría de actor principal si desviamos la mirada hasta su frontera sur. Desde que dio comienzo la Guerra Civil Libanesa en 1975 –en la que la Organización para la Liberalización de Palestina (OLP) convierte al país en una base para realizar ataques contra el Estado de Israel-, se vio sumergido en una guerra marcada por los arduos enfrentamientos entre grupos cristianos y musulmanes. Ante los cuales, el ejército libanés se veía incapaz de restaurar el orden en sus territorios. A tenor de lo mencionado, se desencadenó la intervención de diversos actores internacionales, como Siria, Israel o la Liga Árabe, a petición del propio Líbano.

El punto álgido del conflicto se alcanzó en 1982, cuando el Estado sionista decide invadir la frontera sur, con el pretexto de expulsar a la OLP. Este será el detonante que propiciará la Primera Guerra del Líbano. A raíz de esta intromisión se creó Hezbolá –el Partido de Dios-. Estamos hablando, ni más ni menos, que de la organización chií libanesa financiada por Irán y que también opera en Siria, apoyando a Bashar al-Ássad. Consta tanto de un brazo político, como de otro paramilitar. Y, actualmente, se la considera como una Organización Terrorista por la generalidad de la comunidad internacional. Ha de esclarecerse que dicha milicia siempre ha gozado del beneplácito del gobierno libanés, gobierno que, al igual que Hezbolá, es de carácter chií.

Tras 25 años de beligerancia, las aguas volvieron a su cauce y se puso fin al conflicto en el Acuerdo de Taif (1989), con Israel y Siria retrocediendo hasta sus fronteras y con el gobierno libanés retomando su poder. Aparentemente la situación parecía haberse calmado, si dejamos aparte a Irak y a su famosa “Madre de todas las batallas” en 1990; ya que no fue hasta 2006 cuando tuvo lugar lo que se podría catalogar como la segunda parte de lo sucedido en 1982. Esta vez, de forma directa, fueron las fuerzas de Hezbolá contra el Estado de Israel los que conformaron el plantel de beligerantes. Naciones Unidas volvió a sacar a flote FPNUL (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano) -que ya intervino durante la guerra civil y la Primera Guerra del Líbano-, para imponer la paz en medio de un contexto bastante convulso: Segunda Guerra del Golfo, Al Qaeda, Saddam Hussein y esas escurridizas armas de destrucción masiva, sin contar con un horizonte bastante primaveral que sacudirá Oriente Medio.

Pero centrándonos y echando un vistazo a la actual década, en medio de la terrible Guerra Civil Siria, el Líbano era un agente pasivo, un receptor de miles y miles de refugiados rebeldes sirios -mayoritariamente suníes-, atemorizados y empujados por el régimen de al-Ásad hacia las montañas que le separan con Siria -siempre con la ayuda inestimable de Hezbolá-. Todo ello sin contar con las numerosas luchas intestinas que se sucedían desde 2011 por las continuas divisiones político-religiosas. De esta manera, tarde o temprano, el Líbano tenía que contagiarse en un contexto en el que el DAESH se fortalecía progresivamente. Hasta que el 2 de agosto de 2014 se convirtió en un hecho: el DAESH, en consonancia con el Frente Al Nusra (FAN), decidieron invadir la ciudad libanesa de Arsal con la excusa de liberar a uno de sus líderes y, así, tomar la ciudad. Un enclave suní -a 17 km de la frontera con Siria-, que llevaba dando refugio desde hacía tres años a miles de refugiados sirios simpatizantes de los rebeldes, opositores al régimen de al-Ásad, o incluso en calidad de militantes.

A modo de resumen, el Líbano presenta tensiones en la frontera oriental con Siria, en la frontera meridional con Israel, entre los propios libaneses –la eterna lucha entre suníes y   chiíes-, con el más de millón de refugiados que buscan cobijo en su territorio, con el DAESH y el FAN llamando a su puerta, con los rebeldes sirios, con Hezbolá y, por último, con las reclamaciones de las Granjas de Shebaa en los Altos del Golán. Por todo esto, la pregunta que se presenta sería, es el Líbano un sujeto activo o pasivo.

Desde el momento en el que el DAESH decidió asolar la ciudad de Arsal, el país, automáticamente, entró de lleno en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico. El 28 de marzo de 2015, se produjo una segunda ofensiva en las localidades de Qaa y Nahle por parte de los grupos extremistas armados. No obstante, el ejército libanés logró retomar el control de esas dos posiciones estratégicas. A priori, la República Libanesa parece estar manteniendo a raya a sus principales adversarios. Gran parte de la culpa reside en Hezbolá, organización que se está distinguiendo por una paulatina infiltración en las operaciones militares del país. Por lo que es una realidad patente, la interconexión entre esta República y la susodicha organización. Este hecho ha derivado en una mayor capacidad de respuesta de dichas autoridades, ya que el Partido de Dios cuenta con unos 8.000-9.000 milicianos; por contra han recibido una afluencia de opiniones internacionales negativas. No se puede obviar que Hezbolá es ya considerada, por la amplia mayoría, una organización terrorista bastante a tener en cuenta, para que encima el Líbano contribuya a su empoderamiento.

Sin embargo, el panorama interno es radicalmente opuesto a la contención y firmeza que está demostrando la República a lo largo de sus fronteras. La cruda realidad es que el DAESH está poniendo en jaque al gobierno libanés, la situación interna es un caos, su frágil equilibrio tanto confesional como social ha provocado una rápida intervención de la comunidad internacional, siendo la primera en inmiscuirse Arabia Saudí, seguida de cerca por Irán. Internamente, se pueden apreciar dos claros bandos en cuanto a la Guerra Civil Siria y al yihadismo se refiere; evidenciando, a la perfección, las luchas intestinas que llevan acaeciendo décadas atrás:

  • Pro-sirios, simpatizantes de Irán y del régimen de Damasco (bajo el amparo de Hezbolá, el gobierno libanés y la comunidad chií). Se trata de la gran mayoría de la población.
  • Anti-sirios (de creencia suní, mayoritariamente, y cristiana) que cuentan con el apoyo saudí y estadounidense.

Tras lo sucedido el pasado 2 de agosto de 2014, se ha iniciado una carrera de apoyo armamentístico y económico al ejército libanés. Aunque el mensaje, tanto de Irán, como de Arabia Saudí o, incluso, de EEUU, es el de apoyar a las instituciones libanesas contra el terrorismo, como entidades neutrales; es de esperar que haya un trasfondo religioso, así como de control político y militar.

Los enfrentamientos son cada vez más numerosos y preocupa, en el gobierno, que se reavive la violencia confesional y se conforme un grupo simpatizante del DAESH. Hasta ahora los extremistas religiosos no han arraigado tanto como en Irak o Siria, sin embargo, junto al FAN, han establecido puntos de apoyo en las montañas, a lo largo de la frontera, desde los que se lanzan ataques a diario. Es posible, si no se acaba pronto con estos ataques, que los apoyos intrínsecos a los yihadistas se conviertan en una realidad mayor, sobre todo, en las áreas suníes empobrecidas al norte del país. Si bien es cierto que cada vez más civiles sunitas se lanzan a las calles armados, para protestar contra los abusos del ejército libanés, la mayoría de los ciudadanos se siguen mostrando partidarios del gobierno chií.

Jesús Suárez es estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado de la escritura y la oratoria, considera que la palabra ha de dotarse de fuerza necesaria para que tenga la capacidad de informar al mundo.

Imagen obtenida de www.libertaddigital.com

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