La sucia limpieza étnica de un genocida

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Por: Gerard Fuentes Garay

El último 11 de Marzo aconteció un año más de la muerte de Slobodan Milosevic, uno de los más sangrientos tiranos de Europa, sino el mayor. Aquel genocida que fue capaz de arrastrar a su país a una cruenta guerra. El “Carnicero de los Balcanes” como se le llego a conocer.

Amado por sus correligionarios del Partido Socialista y odiado por una población que vio arrancada su dignidad y sus derechos de manera deplorable, conduciéndolos a una contienda bélica en los años 90 que trajo como consecuencia al menos doscientos mil muertos: Croacia (1991-1995), Bosnia (1992-1995) y Kosovo (1998-1999).

El ex líder yugoslavo introdujo limpieza étnica, campos de concentración, trajo desempleo, pobreza, corrupción, represión y miedo, causando la indignación de Occidente, más aun ante la masacre de civiles a principios de 1999.

Esto impulso los bombardeos masivos por parte de la OTAN, lo cual no merece ninguna crítica. Pero lo que sí es reprochable es que lo hiciera con casi 10 años de retraso; es más, cometiendo el error de anunciar la exclusión de cualquier intervención militar terrestre, lo que finalmente dio luz verde a la dictadura de Belgrado para poner en marcha su ya mencionado plan de limpieza étnica en Kosovo, uno de los crímenes contra la humanidad más horrendos de este siglo, comparable en naturaleza; aunque no en número; al holocausto judío perpetrado por Hitler o a los desarraigos de pueblos que llevó a cabo Stalin en su empeño por rusificar la Unión Soviética.

La guerra de Kosovo comenzó en 1989, cuando Slobodan Milosevic, iniciando la frenética campaña de exaltación nacionalista serbia que le permitió hacerse con el poder absoluto (al mismo tiempo que precipitó la desintegración de la Federación yugoslava), abolió el estatuto de autonomía de aquella provincia, prohibió a los kosovares albaneses sus escuelas y toda representatividad pública, y, pese a constituir el noventa por ciento de la población, los convirtió en ciudadanos de segunda respecto al diez por ciento restante (la minoría serbia).

Si en aquel momento los países occidentales hubieran apoyado a los demócratas que en Yugoslavia resistían, Europa se habría ahorrado los doscientos mil muertos de Bosnia y los sufrimientos que, desde entonces, padecieron los Balcanes, incluidos por supuesto, lo de los propios serbios.

El problema no era Kosovo, como no lo fue antes el de las otras culturas que constituían la Federación yugoslava (Eslovenia, Bosnia, Croacia, Macedonia y Montenegro) y son ahora repúblicas independientes. El problema era la dictadura de Milosevic, fuente principal de los conflictos étnicos y de la explosión histérica de sentimientos nacionalistas que incendió los Balcanes.

Si en Belgrado hubiese existido una democracia, la separación de aquellas regiones hubiera podido ser tan pacífica como el divorcio entre Eslovaquia y la República Checa, que se llevó a cabo sin disparar un solo tiro. Pero, lo más probable es que, con un régimen democrático, el estallido de la Federación yugoslava no hubiera ocurrido y ésta hubiese sobrevivido dentro de un sistema flexible, de coexistencia de las distintas culturas, creencias y tradiciones, a la manera de Suiza o Bélgica.

La miopía política por parte de dirigentes europeos irresponsables; que reconocen ahora que esta era la solución sensata y que en su momento alentaron la desintegración de Yugoslavia para ganar zonas de influencia económica y política; favoreció al régimen de Milosevic, que convertido en símbolo del nacionalismo serbio y ayudado por una demagógica campaña victimista, pudo consumar antes que en Kosovo, una verdadera limpieza política interna, eliminando toda forma seria de oposición y de crítica.

Hay que concluir que la razón de la intervención de la OTAN, fue poner fin al régimen autoritario de Milosevic y el establecimiento de un gobierno de libertad y legalidad en Belgrado. Mientras la cabeza de la hidra siguiese intacta, no importaba cuántos tentáculos les hubiesen cortado, éstos se reproducirían y seguirían emponzoñando Yugoslavia y su contorno.

Milosevic; dentro de una soberanía abstracta como le llamo; tuvo las manos libres para limpiar Kosovo mediante el asesinato o la expulsión violenta de los dos millones de kosovares que estorbaron sus planes, algo que, por lo demás, comenzó a hacer antes de los bombardeos de la OTAN, con la misma convicción con que Hitler limpiaba Europa de judíos. La soberanía tiene unos límites, y si un gobierno atropella los derechos humanos más elementales, y comete crímenes contra la humanidad, con asesinatos colectivos y políticos de purificación étnica como lo hizo Milosevic, los países democráticos; que por fortuna son hoy los más poderosos y prósperos; tienen la obligación de actuar para poner freno a esos crímenes.

No se trata, desde luego, de promover acciones militares sistemáticas de las democracias avanzadas contra todos los regímenes autoritarios que proliferan por el mundo. Ésa es una quimera. Sino de reclamar un orden internacional en el que se exija de todos los regímenes un mínimo respeto de los derechos humanos y severas sanciones por parte de las naciones democráticas contra quienes atropellen estos derechos de manera flagrante, con persecuciones religiosas, raciales o étnicas, asesinatos y expulsiones de las minorías. Estas sanciones pueden ser económicas y políticas (que tuvieron éxito en algunos países) o; excepcionalmente; militares, como en Kosovo, que se trato de impedir el exterminio de todo un pueblo por el delirio nacionalista de un tirano.

El uso de la palabra “exterminio” calza como un guante a la operación que llevo a cabo Slobodan Milosevic en Kosovo. La movilización; en contra de compromisos pactados; del ejercito yugoslavo hacia Kosovo, el aislamiento de la provincia mediante la expulsión de la prensa internacional, indican que fue una fría planificación, ejecutada con precisión científica.

Según testimonios recogidos en su momento a través de los refugiados kosovares en Macedonia y Albania, en los poblados ocupados, se separaba a los jóvenes de los niños, ancianos y mujeres, y se les ejecutaba, a veces haciéndoles cavar primero sus tumbas. A los sobrevivientes se les daba un plazo mínimo para huir hacia al exterior, luego de despojarles de los documentos personales. Los registros públicos fueron quemados, desapareciendo con ellos toda documentación que acreditaba que aquellos kosovares fueron propietarios de casas, tierras; anulando toda evidencia de que dichas propiedades alguna vez fueron ocupadas, e incluso de que hubiesen existido.

La última etapa fue cerrar las fronteras, de esta manera convirtió a los kosovares que quedaron en el interior en escudos humanos contra los bombardeos y la acción militar aliada. En cualquier caso, es evidente que el objetivo de Milosevic fue la limpieza étnica: hacer de Kosovo una provincia ciento por ciento serbia y ortodoxa, sin rastro de musulmanes ni albaneses.

En 2001 es arrestado en Belgrado, trasladado a la Haya y juzgado por crímenes de guerra y genocidio por el Tribunal Penal Internacional. Un juicio que comenzó en el 2002, y que se vio interrumpido en muchas ocasiones por los problemas de salud del acusado.

Murió en una celda de dicho tribunal el 11 de marzo de 2006, y con ello este proceso se vio cortado, siendo el mismo el más importante de Europa después de Núremberg. Se llevo consigo la pretensión fallida de crear la Gran Serbia; y por el contrario, paso a la historia como el primer ex jefe de Estado que comparecía ante un tribunal internacional.

Mientras redactaba este artículo, los noticiarios informaban de tres atentados suicidas en el corazón de Europa, Bruselas. Explosiones en el aeropuerto y en el metro, cerca de las instituciones europeas, que dejaban muertos y un más grande número de heridos. Las alarmas se encienden en toda Europa una vez más ante la problemática actual del yihadismo terrorista. Existirá; seguro estoy; en todas sus instancias una movilización general por este hecho.

Este acontecimiento nefasto, permite plantearme una pregunta a manera de colofón: ¿Tuvo alguna relación la tardanza de la comunidad internacional en actuar contra Milosevic el hecho de que sus víctimas fuesen musulmanes? Me temo que sí. Tardanza que tuvieron en declarar la guerra a Hitler y toda su banda de psicópatas por perpetrar el Holocausto judío.

Tengo la certeza que, de haber sido cristiana la comunidad que experimentó los padecimientos y violencias que soportaron los bosnios o los kosovares, la reacción de la opinión pública y de los gobiernos occidentales hubiera sido más pronta, y que jamás hubiera habido en Occidente tan amplios sectores empeñados en que sus gobiernos se crucen de brazos frente a aquellos crímenes.

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen obtenida de www.balkaneu.com

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