La geopolítica de las cosas pequeñas

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Por: Daniel Bermúdez Giralt

A muchos de los que nos mantenemos al día en cuestiones de política internacional, nos suele parecer que la geopolítica es un juego que se lleva a cabo en las altas esferas, por gobernantes alejados del público general y con temas que acaban por tener poca incidencia en el día a día de nuestras vidas. Aunque esto sea estrictamente cierto, si observamos cuidadosamente a nuestro alrededor, caeremos en la cuenta de decenas de cuestiones que nos pasan desapercibidas y que tienen su origen en decisiones de geopolítica del más alto nivel.

Analizar una pequeña muestra de estos ejemplos de política internacional llevados al día a día es el objetivo de este artículo.

El primer caso que merece la pena estudiar, por ser el más generalizado de todos, y sin embargo, paradójicamente, el que más nos pasa desapercibido es la dependencia cultural que genera Estados Unidos al resto del mundo. Se trata de una forma de expansión de influencia que el país norteamericano lleva implementando desde mediados del siglo XX, que provoca lo que se podría determinar como una esclavitud cultural. Se extiende a prácticamente todos los ámbitos existentes; seguramente el lector esté leyendo estas palabras en un aparato electrónico cuyo sistema operativo será Windows, o iOS, o quizá su smarthphone es Android y está repleto de aplicaciones de diseño americano.

Si se accede a cualquier plataforma de reproducción de música, gran parte de la oferta será de artistas estadounidenses, del mismo modo que la cartelera del cine está copada con producciones de Hollywood, al igual que las series que pueblan la televisión. Incluso la comida se ha visto afectada, pues ¿Cuánto tiempo hace que el lector no visita un restaurante estilo Burger King o McDonald’s? Vivimos tan centrados en Estados Unidos que en muchas ocasiones estamos más al día de su vida política que aquella de nuestros países; de este modo muchos sabemos relatar de memoria los últimos triunfos de Clinton, Trump y compañía en la carrera a la presidencia, sabemos de los viajes de Obama a Cuba, pero no de los de Felipe VI a Puerto Rico.

Y esto actúa como representación de la enorme cantidad de ámbitos en los que somos dependientes de Estados Unidos y que afectan a nuestra vida diaria, nuestra economía y nuestros pasatiempos, desde Wall Street hasta las redes sociales, todas de factura estadounidense. Hoy en día no hace falta invadir con tanques y aviones, la influencia no se aplica a golpe de cañón; cualquier película puede hacer ser más eficaz que la amenaza de un ejército a las puertas.

En temas eminentemente geopolíticos, vemos que a nivel europeo nos surgen también casos de análisis. Desde hace años se realizan competiciones europeas en todos los ámbitos, ya sea el deportivo con las Eurocopas de fútbol o baloncesto, entre otros deportes, o incluso de temática cultural como el festival anual de Eurovisión; lo curioso de estos torneos viene cuando se analizan sus participantes, ya que se pueden encontrar naciones como Georgia, Azerbaiyán, Armenia, Israel, Ucrania y Turquía, cuyos nexos geográficos con Europa son, cuanto menos, discutibles, pero que desde luego presentan muy pocas similitudes culturales y sociales con aquellos países que forman el núcleo de Europa.

¿A qué alude la inclusión de estos países en los temas europeos? Depende del caso. En las situaciones de Georgia, Azerbaiyán y Armenia, las autoridades europeas llevan años estrechando las relaciones con el fin de limitar la influencia, siempre amenazante, de Rusia. De hecho, este es el mismo motivo que hubo tras la gran ampliación de países de la Unión Europea entre 2004 y 2007, con la inclusión de todas las naciones de Europa del Este. La reducción de la esfera de influencia rusa a la vez que Occidente se nutre de aliados es especialmente necesaria en un contexto en el que dirigentes como Vladimir Putin o su antecesor Gorbachov han alertado de indicios que llevarían a una segunda Guerra Fría entre bloques.

Los países restantes aluden a diversas consideraciones. Israel ha sido desde su nacimiento un aliado natural de Occidente, y por ende de sus vecinos europeos, al encontrarse rodeado por Estados árabes con los que lleva en una guerra intermitente desde su creación hace más de medio siglo. Por su parte, Turquía siempre ha tenido una relación cordial —por necesidad— con la esfera política europea, ya que se trata de una vía de entrada de mercancías crucial para el continente, y más recientemente, un camino de éxodo de inmigrantes. Esta realidad es todavía más sangrante a día de hoy.

Siguiendo con las naciones europeas, hay otro caso que conviene estudiar. Aquellos países que antaño fueron grandes potencias coloniales, como lo fueron Reino Unido, Francia u Holanda, parecen mantener relaciones muy estrechas con las que fueron sus colonias, a pesar de que llevan décadas sin control real sobre ellas. No hace falta llegar a las grandes relaciones como el comercio o la inversión de capitales, basta con sintonizar una cadena de televisión francesa para ver que los noticiarios del tiempo, además del territorio francés, informan sobre el clima en regiones como Argelia y Túnez; es más, si el lector se toma la molestia de visitar la sección de noticas de la BBC, se encontrará con una selecta lista de artículos sobre países como Egipto, Sudáfrica y la India, territorios otrora británicos.

Centrándonos ya en el ámbito español, surge un tema que suele despertar un gran interés entre los ciudadanos: la proliferación de negocios regentados por inmigrantes chinos que se ha dado en los últimos veinte años. Si bien el mito de que los chinos no pagan impuestos debido a privilegiadas exenciones fiscales no es más que eso, un mito, lo cierto es que el auge de las empresas chinas en España ha sido espectacular —en 2011 había más de 600 sociedades inscritas en la Cámara de Comercio—. El caso es que España ha llevado la batuta en las relaciones Europa-China en los últimos años. Durante la presidencia de la Unión Europea en 2010, se promovió el reconocimiento del país asiático como economía de mercado y se impulsó el levantamiento del embargo de armas que sufría desde los sucesos de Tiananmén en 1989. Esto se ha saldado con el reconocimiento de una relación de amistad entre ambas naciones, que se ha traducido en la visita de numerosos mandatarios chinos a España, como Hu Jintao, Wen Jiabao y Xi Jinping. En 2005 se firmó un tratado de promoción de inversiones entre ambas naciones, lo que sin duda ha promovido que en cada barrio de cualquier ciudad del mapa español haya un comercio chino que rivalice con el tradicional colmado.

Por otro lado hay un tema que afecta a uno de nuestros pasatiempos favoritos, viajar. La inmensa mayoría de los ciudadanos sabe que puede viajar a todo el territorio de la Unión Europea sin necesidad de pasaporte o visado —a la espera de lo que pase con el Tratado de Schengen en los próximos tiempos— y esta característica ha sido muy explotada para organizar viajes rápidos y baratos al extranjero. Lo que poca gente sabe es que también se puede viajar a países extraeuropeos sin necesidad de visado, en viajes de carácter temporal que normalmente no pueden exceder periodos que van desde un mes hasta seis meses. España tiene activa esta prerrogativa en una gran cantidad de territorios, como Estados Unidos, Canadá, Japón, gran parte de Sudamérica y Emiratos Árabes, por citar algunos.

Evidentemente esta circunstancia se debe a tratados internacionales y bilaterales que han fortalecido la globalización, y aunque estaban diseñados para afectar a los grandes negocios, el público en general también se ha visto largamente beneficiado.

Todos estos ejemplos son pocos comparados con todos aquellos que se pueden encontrar de la geopolítica de las cosas pequeñas; aspectos que ignoramos pero que nos rodean día a día y que tienen efectos en nosotros más grandes de lo que podemos percibir. Todo ello nos sirve para huir de la idea de que la política internacional es música que se toca en las altas esferas que nosotros nunca llegaremos a oír.

Daniel Bermúdez Giralt, nacido en Santiago de Chile en 1996 y residente en España. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Analista de temas históricos, culturales y de política internacional.

Imagen obtenida de www.wikipedia.com

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