La infancia en el campo de batalla: Gaza

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Por: Laura Bello

La imagen más desgarradora de los conflictos bélicos la protagonizan los niños y niñas que son testigos y víctimas del terror y de la violencia. Sin entender el porqué si quiera, les ha tocado vivir situaciones límite que amenazan su día a día y su futuro. El conflicto palestino-israelí no es una guerra al uso. Es una guerra que dura más de cincuenta años y que ha ido debilitando todos los pilares de cualquier sociedad convencional: escuelas derruidas, familias destrozadas y comunidades divididas. Son varias las generaciones que no han conocido la paz. Cuando durante la infancia se soportan tantos episodios violentos, la violencia pasa a ser normal y tiende a repetirse.

Tanto los niños israelíes como los palestinos han aprendido a asumir esta situación. Se les ha asignado un papel y una causa común a cumplir. El resultado, el fin de más de mil vidas que acababan de comenzar y la destrucción de otras tantas mil infancias en vida. En los ojos de un crío, la razón del conflicto es confusa. Palestinos que ven con odio a los israelíes que ocupan lo que fue su tierra e israelíes que identifican a los palestinos como intrusos en lo que, un día, a sus abuelos les fue entregado como su país. Parece que en la Tierra Prometida no haya un Dios que vele por la paz y se alimente, como los bandos de esta guerra, del odio y del rencor.

«El desgaste que la violencia causa en la gente es casi indescriptible. Vemos a niños muertos, heridos, mutilados y quemados, además de estar aterrorizados». La directora de la Oficina de UNICEF plasma la crudeza de la situación en Gaza. Son daños irreparables a nivel físico y psicológico. Pero eso no es todo: la falta de suministros y de servicios básicos azotan el desarrollo diario de la vida de los más pequeños. Se habla de necesidades humanitarias urgentes en una población donde un millón y medio de personas no tienen acceso a agua potable como consecuencia de los ataques que han afectado a los pozos de agua de la zona, lo que aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua contaminada. Las redes de electricidad, hospitales, colegios y otras infraestructuras también han sido destruidas en las ofensivas continuadas en la Franja.

La realidad después de cada ataque es la de unos refugios improvisados y masificados de los más de 100 000 palestinos que han perdido su hogar en este conflicto. Refugios que, en general, se organizan en lo que un día fue una escuela. Algo tan esencial en el desarrollo de la infancia como es el colegio ha perdido su papel para ser un elemento más del campo de batalla. Las pizarras y los pupitres han volado por los aires al ser objeto de bombardeos que intentaban acabar con los supervivientes de anteriores ataques. Un total de 26 escuelas fueron totalmente destrozadas y otras 307 seriamente dañadas tras el último gran ataque del territorio. Cuando no, se ha sustituido el lápiz y el papel por vendas y camillas que auxiliaban a los supervivientes. Y, en las pocas que siguen en pie, el gobierno israelí está presionando para imponer su programa de enseñanza. Cuando un arma tan potente como la educación se usa con afán político, el daño provocado puede ser severo; tanto para los que se les priva de ella como para los que se les impone una doctrina ajena.

La socialización de los niños, su relación con otros críos, es otra cuestión a destacar. Unos niños que no han conocido otro clima social que el del miedo y el de la rivalidad, encuentran serias dificultades a la hora de entablar relaciones con de igual a igual. Desde no querer salir a la calle a reproducir las conductas violentas de sus mayores. Y, en el momento que consiguen superar todas esas trabas y codearse con otros gazatíes, se encuentran con miles de artefactos explosivos por detonar que pueden acabar de un momento a otro con su tiempo de juego.

Con todo ello y las perspectivas de futuro, la ONU estimó que Gaza sería un lugar inhabitable en el año 2020. La debilitación de unas infraestructuras ya destruidas, la mala situación económica, social y sanitaria ponen evidencia la crudeza del asunto. La ocupación militar y los ataques hacen que casi la mitad del territorio sea zona de riesgo. ¿Qué decir a todos esos niños que han perdido casi todo lo que tenían antes de tener uso de razón? Lo más certero es que, por culpa de los mayores, van a tener que desplazarse ̶ igual que un día hicieron sus padres y sus abuelos̶ en busca de un lugar donde al fin vivir en paz. Quizá algún día encuentren la razón de esta guerra interminable y la pongan fin. Quizá no, y de nuevo la historia volverá a repetirse y volverá a cobrarse miles de vida y a acabar con otras tantas en vida.

Laura Bello Cedillo, es una estudiante de Ciencia Política, Gestión Pública y Periodismo interesada en los debates políticos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

Imagen obtenida de www.huffingtonpost.es

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