Controversia detrás de Dinamarca y su reciente aprobada ley de refugiados

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Por: María Eugenia López Rodríguez

Francis Fukuyama, reconocido politólogo estadounidense, hace ya algunos años propuso como aspiración política a países tales como Dinamarca, Suecia, Noruega; Estados de bienestar capaces de desarrollo político sostenible donde existen beneficios para los ciudadanos como educación de calidad y servicio de salud gratuitos solo por mencionar algunos. No es de extrañar la reacción mediática de periódicos europeos e internacionales al tachar y desaprobar con mayor fervor la reciente ley de refugiados aprobada en Dinamarca el pasado mes de enero.

El Parlamento danés aprobó una reforma legal que restringe los derechos de refugiados, entre las medidas contempladas se encuentra la posibilidad de que autoridades danesas puedan apoderase de bienes que posean los solicitantes de asilo siempre y cuando estos excedan la cantidad de 10.000 coronas danesas (1.340 euros) y no tenga ningún valor sentimental, esto con el fin de ayudar a pagar la subsistencia de los migrantes en el país. Asimismo, otro aspecto controversial dentro de la ley es en referencia al tiempo de espera para la reagrupación familiar, en lugar de un año se aumentó a tres años para poder solicitar la reunión de refugiados y sus familiares. Sin duda alguna, estas medidas toman por sorpresa al resto del mundo ya que Dinamarca, un país caracterizado por ser una democracia liberal se alinea a la tendencia europea de cerrar puertas ante una de las crisis migratorias más fuertes de nuestra década, sin embargo, ¿Por qué movimientos similares ocurridos en Suiza o Alemania no reciben el mismo nivel de crítica?

Quizá tiene que ver con el hecho de que Dinamarca fue uno de los primeros países en formar parte de la Convención de Refugiados de las Naciones Unidas de 1951, además de ser un país con una sociedad civil activa, informada y abierta (en su mayoría) en materia política; por razones como estas, se muestra a primera instancia irracional que un país como tal vaya en contra de principios por lo que se ha regido desde sus inicios, digamos que cuando lo hace Alemania, Francia o incluso Gran Bretaña son tácticas esperadas y anticipadas, sin embargo, antes de comenzar a proyectar a Dinamarca como los países anteriormente mencionados merece análisis la decisión y lógica detrás de la ley aprobada.

Existen diversas lecturas sobre la ley de refugiados, incluso dentro de la sociedad danesa el debate público podría decirse está dividido, mientras que organizaciones no gubernamentales como Amnistía Dinamarca muestran preocupación por el motivo real detrás de la ley ya que es un intento para hacer parecer a Dinamarca como un destino menos atractivo para solicitantes de asilo lo cual es evidentemente una prioridad para el gobierno, por el otro lado se tiene al resto de la población que aun sin necesariamente apoyar la ley, durante los dos últimos años se han mostrado inquietados por el numero de entrada de migrantes al país;

“No diría que me he vuelto racista ni nada (…) Pero puedo estar más conscientes del hecho de que esto tiene algunas desventajas y puede ser un problema potencial para nuestra sociedad y nuestra economía “, Poul Madsen, taxista danés (Rothwell, 2016)

Entre otros aspectos, lo anterior demuestra, primero, que el gobierno danés está actuando para poder sostener el sistema de Estado de bienestar que se encuentra instaurado, ya que un país de un tamaño tan pequeño como lo es Dinamarca no tiene la capacidad de sostener a casi 6 millones de habitantes más 20,000 migrantes y refugiados que tan solo recibió el año pasado, poner un límite de acceso al país a través de una política que arroja el mensaje de un país no tan amigable, en mi opinión, parece ser una manera más sutil que construir cercas a lo largo de sus fronteras como lo han hecho Hungría y Eslovenia.

A su vez, la sociedad danesa, no necesariamente aprueba al gobierno centro-derecha que empujo la ley a ser aprobada pero deja los sentimentalismos de lado ya que está consciente que los beneficios que obtiene por parte del gobierno no son gratis y que para alcanzar una sociedad igualitaria es necesario que todos contribuyan, y que por ley, políticas similares a la ley de refugiados aplican a los propios daneses desempleados quienes deben vender su patrimonio mayor a cierto valor antes de recibir beneficios (Rothwell, 2016).

De tal modo, que aquellos que califican esta ley como promotora de racismo y xenofobia puede que no tengan la imagen completa y no logren ver que está es una acción que responde a aspectos tanto económicos, políticos y sociales primordialmente nacionales, dada la falta de existencia de una política paneuropea sobre migración al final del día la decisión queda bajo el criterio único de los gobiernos nacionales y el hecho de un país adopte cierta postura no puede ser interpretado como una invitación a que otros países actúen de forma similar. Así que parte de la crítica mediática que califica a Dinamarca como una remanencia de Alemania nazi responde al estandarte que representa Escandinavia en comparación con el resto del mundo a lo cual hacía referencia Fukuyama y la parcial desarticulación de lo que realmente comprende la aprobada ley de refugiados.

María Eugenia López Rodríguez, de 22 años, es licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey. Estudiosa de la obra de Foucault, buscando comprender la modernidad y postmodernidad. Apasionada por la construcción de identidades y  análisis de discurso. Internacionalista con vocación por la escritura.

Imagen obtenida de www.t13.cl

Referencias:

Rothwell, J. (2016). “Denmark approves law on seizing refugees’ valuables and delaying family reunions”. The Telegraph.

Trainor, I. (2015). “Migration crisis: bid for united EU response fraying over quota demands”. The Guardian.

Fukuyama, F. (2001). “Political order and political decay”

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