De niñas a hombres: El poder de la clase humana

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Por: Asunción Mateos Gámez

-Enhorabuena, es una niña. ¿Cómo van a llamarla?

El silencio llenó la estancia y la madre dirigió su mirada hacia la pequeña criatura… había elegido un mal país para ser mujer.

Esta es una realidad que se vive a diario en numerosos lugares del mundo, y no se trata de un hecho aislado ni de una cultura subversiva sino del punto y seguido de un movimiento disgregador y acosador vigente desde hace siglos.

Europa se ha autoproclamado líder de la corriente arrolladora contra el machismo, con una mirada altiva sobre otras regiones del globo. Esta posición se ha justificado por la carencia de sumisión de la vida cotidiana respecto a la religión, lo cual ha permitido la creación de una sociedad multicultural y diáfana.  Sin embargo esta hipótesis se encuentra sesgada ante la falta de perspectiva histórica.

Si pudiésemos establecer un ciclo vital en el mundo en el que cada continente representase una etapa del mismo, Europa sería sin duda el más cercano a la vejez. No con ello pretendo divagar acerca de su expiración sino que en lo referente a vivencias y desarrollo es quien más camino ha transitado.

Europa carece en la actualidad de un machismo tan visible y justificado como el que ocurre en ciertos países árabes , africanos, asiáticos o incluso latinoamericanos debido a que ya lo sufrió hace varios siglos, cuando la religión católica asfixiaba el cuerpo y el espíritu de todos aquellos hombres dominados por el ansia de poder y dinero.

No con ello trato de justificar la existencia del machismo y la desigualdad de género en las ya mencionadas regiones, pues no existe motivo alguno- ni racional ni místico- que justifica dichas actuaciones, no obstante lo que pretendo es enfatizar la ardid europea cuando de enaltecerse se refiere.

Una vez destacada esta idea se pretende en el desarrollo de este artículo enumerar de manera concisa las coyunturas cotidianas del machismo europeo entre las sombras.

En la actualidad la propia Comisión Europea ha admitido la diferencia existente entre los salarios percibidos por los trabajadores de ambos sexos a la hora de realizar un mismo trabajo, reflejo de la discriminación y desigualdad en el mercado laboral.

Por término medio las mujeres de la Unión Europea perciben alrededor de un 16% menos de sueldo que los hombres a pesar de que a nivel académico- desde la educación primaria hasta el ámbito universitario- los resultados en promedio obtenidos por el género femenino son mejores que los de sus compañeros. Según la propia Eurostat el 60% de los estudiantes universitarios de Europa son mujeres.

De igual manera, las mujeres están mínimamente representadas en el ámbito político y económico. Solo un tercio de los científicos e ingenieros de Europa son mujeres. E incluso en los sectores dominados por el género femenino, ellas no suelen ocupar puestos de responsabilidad, sobre todo los de más alto nivel.

Las tradiciones y roles de género determinan el papel que hombres y mujeres desempeñarán en la sociedad, instaurándose desde una edad muy temprana.

Recuerdo que cuando estaba en el instituto era la mejor alumna de la clase, mis profesores junto con mis compañeros se sorprendían cuando iba arreglada y bien vestida a clase porque no comprendían cómo una mujer podía combinar la belleza y el intelecto al mismo tiempo. Incluso, una vez, una profesora llegó a decirme que algún día tendría que decidirme por una de ellas. Han pasado más de cinco años de aquello y me siento satisfecha de poder decir que estaban equivocados, no hay nada más bello que una mujer que se siente orgullosa de serlo y que es capaz de demostrar todo su valor.

No obstante, ¿qué nos impide a las mujeres jóvenes, ambiciosas y comprometidas con el mundo a triunfar? ¿Dónde está el punto de inflexión que nos separa de nuestros amigos o de nuestra pareja?

Existe un momento en la vida de las mujeres en la que trabajan menos horas, o lo hacen a tiempo parcial para poder compaginar sus responsabilidades familiares con el desempeño de un trabajo remunerado.

Las oportunidades que las mujeres tienen para poder progresar en sus trabajos y recibir un mayor salario se ven afectadas por sus responsabilidades familiares. Las mujeres ocupan más tiempo que los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de personas, mientras que son pocos los varones que se acogen a una baja parental o disminuyen su horario laboral.

También es posible que las mujeres contemos con menos suerte y ni siquiera tengamos la oportunidad de buscar el camino hacia la autorrealización y la independencia económica.

El amor es un suplemento adictivo de la vida, un añadido que a la vez que dulcifica puede en muchas ocasiones ser letal para la dignidad femenina. El mito del amor romántico está detrás de consentir a tu pareja que restrinja tus libertades como persona.

Según el último informe del CIS respecto a violencia de género un 97% de los encuestados condenan la violencia física y sexual, y, un 93% la violencia verbal. Sin embargo las mujeres jóvenes, atontadas por la idea de buscar el amor verdadero, no somos conscientes del verdadero peligro que se esconde detrás una relación. El control de las situaciones, de nuestra privacidad e integridad como personas no son muestras de cariño o afecto, no son “los temores a perdernos”. Las mujeres no nos perdemos, no somos de nadie ni necesitamos de nadie.

El control es el principio de la violencia de género.

Los jóvenes identifican las desigualdades entre sexos como una herencia del patriarcado, como si el machismo conformase parte de la historia. Los adolescentes siguen manteniendo roles que perpetúan la desigualdad, basándose en el ideal de “amor romántico” traduciéndose finalmente en un símbolo de fidelidad y posesividad que desemboca en sentimientos de celos que se viven con normalidad.

El machismo no ha desaparecido, sigue ahí, existe en la sociedad imperante. El machismo moldea nuestro modelo de vida. Tanto de hombres como de mujeres.

De pequeñas a las niñas nos enseñan a desear ser princesas, recluidas en una torre para que un príncipe venga a salvarnos. No nos otorgan la oportunidad de ser un vil pirata que recorre los mares en busca del tesoro secreto.

A medida que crecemos comenzamos a rebelarnos y en nuestras cabezas bullen las ideas de la igualdad, las cuales nos permiten soñar con astronautas, pilotos de carreras, deportistas o domadores de leones. De repente, el reloj biológico se despierta y nos hacemos diferentes: curvilíneas, frágiles, sumisas… y despertamos del sueño.

Retornamos a una realidad en la que sabemos que nuestro compañero de facultad será nuestro jefe algún día, o en la que nuestra pareja será quien realmente alcance todas sus metas, mientras nosotras nos mantendremos impasibles ante la mayor injusticia cometida por la Humanidad que parece no tener fin.

Asunción Mateos Gámez, de origen alcarreño. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Escritora a tiempo parcial y amante de las lenguas modernas. Sapere Aude.

Imagen obtenida de www.mouthymag.com / UN Women Campaign

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