Huyen de la guerra y se encuentran con el infierno:La violación de derechos humanos de las mujeres refugiadas en Líbano

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Por: Andrea Mochnáč Tejera

Imagina abandonar tu hogar. Recorrer kilómetros a pie con tus hijos a cuestas. Cruzar el mar hacinado en barcos que se caen a pedazos. Pasar hambre. Pasar frío. Tener miedo. Sacrificarte y sufrir, con tal de dejar atrás el fantasma de la guerra. Y, después de todo ese sacrificio, llegar a un lugar donde nada es tan esperanzador como imaginabas. Donde no se respetan tus derechos, ni los de tu familia. Donde te niegan la condición de ciudadano. Donde el gobierno te ignora. De donde, pese a todo, no puedes regresar. Tu país está asolado por la barbarie. Tu casa destrozada. Tus amigos muertos o perdidos en otro lugar del mapa. Imagina ser padre que lucha en la guerra. Imagina ser madre que es explotada para poder alimentar a su familia. Imagina ser refugiado. Imagina ser refugiada.

¿Consigues imaginarte protagonista de las líneas anteriores? Esa es la realidad de miles de personas a día de hoy, refugiados que persiguen una nueva oportunidad fuera de su país. Por necesidad, no por gusto, como algunos pretenden vendernos. Y, en numerosísimos casos, las respuestas a dicha necesidad son desesperantes. El Líbano es el estado que más refugiados per cápita acoge de todo el mundo: uno de cada cuatro habitantes del país, es refugiado. Estos proceden fundamentalmente de Siria y de Palestina. Si bien es cierto que nadie sale ileso de una guerra (y no hablo solo en términos físicos, sino sobre todo en psicológicos), entre las personas desplazadas cabe dedicar particular atención a las mujeres y a las niñas que, al ser un colectivo vulnerable, están sufriendo graves violaciones de derechos humanos. Así lo denunciaba Amnistía Internacional en un informe publicado el pasado mes de febrero, donde se recogían, entre otros, testimonios de algunas refugiadas sirias y palestinas que relatan las atrocidades a los que se ven sometidas en su intento de huida de la crueldad y del horror.

No hace falta decir que la vida para estas personas no es tarea sencilla. En el caso de las mujeres, a la condición de persona refugiada, se suma la dificultad de género, dando como lamentable resultado amenazas, explotación laboral, acoso sexual, violencia física… Especialmente es difícil sobrevivir para el 20% de ellas, que son cabezas de familia y que se enfrentan a estas circunstancias solas, pues sus maridos permanecen en sus países de origen combatiendo, han fallecido en el conflicto o están desaparecidos. Estas son el blanco más fácil, cuando de incumplimiento de derechos humanos se trata.

¿Cómo actúa el gobierno libanés ante las injusticias? Pidiendo 200 dólares para renovar los permisos de residencia, precio que ha aumentado considerablemente en el último año, como medida para reducir la presión impuesta al sector servicios. Dado que muchos desplazados no pueden permitirse el pago de esta cifra, son considerados ilegales y, por tanto, totalmente desamparados ante la justicia. De este modo, las violaciones no suelen denunciarse, pues la propia víctima puede ser arrestada, por carecer de la condición de residente. Por su parte, la comunidad internacional no proporciona fondos suficientes a la causa y, en consecuencia, la ONU se ha visto obligada a reducir sus suministros. A finales de 2015, solo fue financiado el 61% de ayuda humanitaria, según Amnistía Internacional. Ello no es más que otra dificultad añadida para estas personas, que viven en condiciones precarias, considerablemente por debajo del umbral de pobreza libanés.

Pero no debemos olvidar que Líbano no es el único país al que los refugiados huyen de la guerra, en busca de un lugar seguro. Cinco años de guerra en Siria han provocado que doce millones de personas, más del 50% de la población del país, se hallen hoy desplazadas (por no hablar de las 360.000 muertes que esta ha ocasionado). Estas buscan asilo, sobre todo, en Jordania, Turquía, Irak o Egipto.

Ante tan desolador panorama, Amnistía Internacional España ha redactado el Manifiesto #YoAcojo que critica la actitud de los países europeos, que parecen querer encerrarse en una imperturbable Fortaleza de acceso rigurosamente restringido. Mediante este llamamiento, se pide al gobierno de España eficacia y justicia, que cumpla con sus obligaciones internacionales, garantice condiciones de acogida dignas, centrándose en los grupos de población en riesgo, entre otros.

Desde el grupo universitario de Amnistía Internacional de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid se han querido visibilizar los acontecimientos. Aprovechando las ventajas de las redes sociales, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, mediante los hashtags de #YoAcojo y #Refugiadas, los estudiantes de nuestros campus difundieron vía diferentes redes sociales mensajes de apoyo y concienciación. Y es que no debemos olvidar que si queremos que el mundo cambie, habremos de empezar por nosotros mismos. Y firmar por los derechos humanos ya es un paso.

Andrea Mochnáč Tejera (1997) cursa primero de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Aficionada al periodismo y amante de las letras, ha sido premio nacional 2015 del concurso Juvenes Translatores, organizado por la Comisión Europea, donde tradujo del checo al español.

Imagen obtenida de www.elespanol.com

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