¡Qué mal repartido está el mundo!

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Por: María Frades

Nunca esta frase tomada literalmente tuvo tanto sentido como el que recibe al referimos a la repartición y delimitación de fronteras que existe en el mundo. Y es que, desde un punto de vista geopolítico, la historia de la humanidad ha estado marcada por una constante disputa territorial manifestada en todas sus formas.

Aunque esta foto sea reflejo de la época imperialista y pueda parecer descontextualizada, actualmente se calcula que son más de 150 las contiendas abiertas en el mundo por motivos territoriales, además de Estados que aún luchan por su autodeterminación, y otros que son considerados como tal por unos países pero no por otros, como es el bien sabido caso de Palestina pero también del Sáhara Occidental, la República de China (coloquialmente conocida como Taiwán), Kosovo y las repúblicas caucásicas como Osetia del Sur o Abjasia, además de otras que rodean Ucrania y se declararon independientes tras la desintegración de la URSS, pero no han sido reconocidas más que prácticamente entre ellas.

Y al otro lado del tablero de este juego de conquistas, ahí están, todavía hoy, los “terra nullius”. El término terra nullius hace referencia, de acuerdo con el Derecho Internacional, a cualquier territorio que no ha sido reclamado, o sobre el cual no ejerce soberanía, ningún Estado.

Pero, ¿es que acaso se les olvidó a los cartógrafos señalar estos lugares en el mapa y por ello no han sido ambicionados por ningún Estado? No exactamente…

El triángulo de Hala’ib, ubicado en la frontera entre Egipto y Sudán ha sido cuestión de disputa desde la independencia de Sudán en 1956, que puso en entredicho el acuerdo fronterizo firmado por ambos países en 1899 para delimitar la frontera entre ellos. Ni que decir tiene que dicho conflicto pasó a ser mucho más relevante cuando en 2004 se descubrió que había petróleo en el territorio en cuestión.

Pues bien, es precisamente esa discordia la causante de que, el llamado Bir Tawil, un territorio de 2.600 kilómetros cuadrados ubicado en la misma frontera y mucho menos provechoso, sea considerado “tierra de nadie”, ya que se ha convertido en la moneda de cambio entre ambos países para zanjar el problema. Esto quiere decir que, mientras Egipto desea dejar como definitiva la línea fronteriza trazada en 1899, lo que haría que Bir Tawil quedase como territorio sudanés y el preciado triángulo de Hala’ib en su poder, Sudán, sin embargo, quiere mantener la frontera trazada en los tratados de 1902, que llevaría a la situación opuesta, Hala’ib para Sudán y Bir Tawil para Egipto.

Se pone así de manifiesto, una vez más, que no solo no todos los Estados cuentan lo mismo en el panorama internacional sino que ni siquiera el espacio físico que ocupan sobre la Tierra es igual de valioso. Curiosa la ambición humana, ¿no es cierto?

Una situación similar a menor escala se da en la frontera entre Eslovenia y Croacia, en la cual existen varios enclaves croatas, de los que destaca el denominado Brezovica Žumberačka, considerado como territorio nacional por los dos países en cuestión, mientras que otros menos atractivos no son reconocidos como tal por ninguno de ellos. Es por ello que, en cuanto Croacia reivindicara como suyo uno de los enclaves que no es reclamado por ninguno de los dos, Brezovica Žumberačka pasaría a formar parte de Eslovenia inmediatamente, y viceversa. Pero ésta no es la única indeterminación territorial en las fronteras croatas: en su frontera con Serbia, marcada por el Danubio, existen también varias zonas no reclamadas como parte del territorio nacional por los Estados limítrofes y, por tanto, consideradas tierra de nadie, aunque el Ministro de Asuntos Exteriores de Croacia lo atribuye más bien a una falta de concreción que a un caso que reúna las características de terra nullius.

El que sí es un claro ejemplo de terra nullius, que además constituye actualmente el mayor del planeta, es la llamada “tierra de Marie Byrd”, formada por 1.610.000 kilómetros cuadrados, y se encuentra en la Antártida. Esto es así desde la firma del Tratado del Antártico, el cual imposibilita cualquier nueva expansión o reclamo territorial en dicha zona, por lo que es desde 1961 oficialmente una tierra sin jurisdicción soberana alguna.

Anecdótico es, asimismo, el hecho de que constituya también un ejemplo de fracaso por parte de la superpotencia estadounidense, la cual reclamó dicho territorio antes de la celebración del tratado pero, al no hacerlo nunca de manera oficial, y tras la firma del mismo, actualmente se encuentra fuera de su alcance.

No faltan los soñadores que han querido aprovecharse de estas situaciones curiosas de la historia de los Estados-nación y han querido fundar el suyo propio. El más sonado fue la creación de la “República de Liberland”, por un activista checo en 2015. Pero hay otros casos como “Kingdom of Enclave”, en el territorio mencionado anteriormente entre Croacia y Eslovenia.

De hecho, no parece una idea tan utópica teniendo en cuenta que la adquisición de terra nullius constituye uno de los tres modos originarios de adquisición legal de la soberanía territorial de un territorio, de acuerdo con el Derecho Internacional [i], que además fue un recurso muy utilizado, especialmente en la era de los descubrimientos, para conquistar territorios a diestro y siniestro bajo el amparo legal.

No obstante, cabe recordar aquí que para que un Estado sea reconocido como tal por el Derecho Internacional debe constar de sus tres elementos interdependientes, territorio, población permanente y gobierno; de forma que, para que exista población permanente ha de existir un territorio y a su vez, para que exista gobierno es requisito indispensable que exista alguien a quien gobernar.

Por último, aunque no son lo que habitualmente entendemos por tierra, no se puede concluir este artículo sin mencionar los grandes éxitos en cuanto a ausencia de soberanía territorial como son: alta mar, regido por la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, la zona internacional de los fondos marinos, establecida como “Patrimonio Común de la Humanidad” entendiendo esto como exclusión de soberanía o de propiedad por parte tanto de Estados como de particulares, desde la citada Convención y posterior enmienda con los Acuerdos de 1994, .y los espacios ultraterrestres, cuya libertad de exploración y utilización se proclama para todos los Estados en condiciones de igualdad, de acuerdo con la Resolución de 1963 de la Asamblea General, y de los tratados y resoluciones posteriores que fueron delimitando este principio.

Parecen, quizá, a día de hoy, acuerdos de sentido común elaborados para territorios que en algunos casos ni siquiera están al alcance de ser conquistados, sin embargo, la historia de la humanidad ha demostrado que es más común la ambición, que el sentido que siempre va acompañado de este adjetivo.

[i] Curso de Derecho Internacional Público y Organizaciones Internacionales, de José Antonio Pastor Ridruejo

María Frades Méndez. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Actualmente residiendo en Madrid.

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