Shanghái vs. Shanghái: Crónica del derby local

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Por: Luis Mingo

Tras vivir seis meses en Shanghái, no podía dejar pasar la oportunidad de ver el mundialmente desconocido clásico local: Shanghái SIPG (rojos) vs. Shanghái Shenhua (azules). Un partido de fútbol es el lugar idóneo para ver caras conocidas: Sven Goran-Eriksson, enemigo público del aficionado mexicano, entrena a SIPG, donde también juega el fantasma de Asamoah Gyan. El español Gregorio Manzano entrena al Shenhua, que presume a Demba Ba, Obafemi Martins y Giovanni Moreno en sus filas. Confieso que no conozco a ningún jugador local.

Infiel a mis costumbres, llego temprano al estadio. Cientos (¿o miles?) de militares chinos vigilan que todo esté bajo control. Hay un rumor que las altas esferas del Partido Comunista, reunidas en Beijing para las “Dos Sesiones” —el momento político más importante del año en China— observarían que elderby de Shanghái se jugara en orden. Cumplieron.

Caminaba mientras buscaba comida. Abundan restaurantes de noodles en vez de taquerías. Té en vez de cerveza. No hay papitas con Valentina. Ingenuamente pensé que podría comprar boletos en las taquillas del estadio. No había ninguna abierta (si entendí bien, “se cayó el sistema”. Probablemente no entendí bien.). Hola, reventa. Los precios estaban infladísimos y más si tienes cara de extranjero perdido. Mañosamente, muchos revendedores ponían una pequeña etiqueta sobre los precios originales. Si entendían algo de lo que yo decía, curiosamente dejaban de entender cuando les preguntaba sobre el precio original de venta o en qué parte del estadio estaban los lugares (“Están ahí”, me dice uno, mientras dibujaba un estadio imaginario en el aire y señala un punto aleatorio). “¿Cuántos quiere?” O, “¿le sobran o le faltan?” no distingue raza. Practiqué chino negociando precios. Como recompensa, obtuve un par de tarjetas de presentación, por si necesito boletos en el futuro.

Afortunadamente, las leyes de la oferta y la demanda sí cruzaron la frontera. Mis amigos llegaron tan tarde que el partido ya había empezado. Los revendedores estaban urgidos por deshacerse de los últimos boletos. Uno de ellos, con más ganas que dientes, nos “hace una oferta de amigos” y finalmente compramos nuestros boletos sin numeración. Sin saber bien qué negociamos, caímos en cuenta que conseguimos boletos de descuento para un palco. En vez de entrar al estadio, el laberíntico camino fue a través de un hotel. Los guardias recibieron una pequeña “gratificación” por parte de nuestro nuevo amigo revendedor y nos dejaron pasar. Hay tantas mordidas que sólo falta el pastel. El partido ya iba 1-0, favor Shenhua (azules), quienes también se dieron el lujo de fallar un penal.

En las gradas, los fanáticos chinos me impresionaron. El Shanghái Stadium está lleno, ruidoso, y de manera contra intuitiva, bastante ordenado. Hasta ahora, no había notado tanto fervor futbolero en Shanghái. Quizás por ser el derby de la ciudad, pero los fanáticos cantan, organizan porras, ondean banderas y se retan cantando (Un lado cantó “We will rock you” y el otro contesta “We will fuck you”). Hay pancartas en chino, inglés (“Glory Belongs to Shanghai”…claro, los dos equipos son Shanghái…) e incluso italiano (“Forza Shanghai”). Shenhua (azules) oficialmente juegan de visitantes, pero hacen más ruido que la porra local. Cuando el árbitro tropieza y cae, toda diferencia citadina queda olvidada y el estadio ríe. El fútbol sí puede unirnos para reír de las desgracias de los árbitros. Por cierto, el grito “ehhh…pu…!” todavía no llega a estas latitudes.

En el campo, se revivió la sustitución de importaciones. Los equipos tienen un máximo de cuatro jugadores extranjeros y uno de ellos debe ser forzosamente asiático. Todos los porteros son chinos. Quizás pronto veamos grandes porteros chinos poblar las ligas internacionales. El nombre oficial de la liga, “Súper Liga China” —“Súper” es una hipérbole— dejó de ser un cementerio de futbolistas internacionales. Estrellas internacionales como Jackson Martínez, el “Pocho” Lavezzi, Ramires o Alex Teixeira fueron seducidas esta temporada por los cañonazos de dólares. Ello forma parte de una estrategia de traer jugadores en forma para mejorar el nivel de la liga china.

La internacionalización del fútbol no es solamente al interior de las fronteras chinas. El gigante Wanda Group compró el 20% de las acciones del Atlético de Madrid en 2015. China Media Capital compró acciones en el grupo dueño del Manchester City y otros equipos. Es probable que sigamos viendo cómo llega dinero de empresarios chinos a algunos de los equipos más famosos del mundo.

Sin embargo, la liga china también está en el ojo del huracán, no sólo por sus contrataciones millonarias, sino por las acusaciones de corrupción. Prueba de ello, hace unos años Shenhua (azules) fue despojado de un título por amañar partidos. Algunos jugadores y oficiales fueron suspendidos de por vida. Si todo se maneja como el sistema de boletaje, no me parece sorprendente.

El Presidente Xi, fanático del fútbol —y ganador de la selfie más incómoda del 2015 con el Kun Agüero y David Cameron— quiere que China califique a una Copa del Mundo y que China sea país sede en 2026. Con el nivel actual, parece ser que la única forma que China juegue en una Copa del Mundo es si la organizan ellos mismos. China podrá ser la segunda economía más grande y el país más poblado del mundo, pero su fútbol grita lo contrario. Por cierto, México y Estados Unidos también quieren ser sede de la Copa del Mundo 2026.

De regreso en Shanghái Stadium, el partido se empató con un gol de rebote. Honestamente, la parte futbolística del partido se acabó. A partir de este momento, lo más emocionante fue buscar comida y cerveza durante el medio tiempo (no tuvimos suerte: sólo había té y palomitas de maíz bañadas en mantequilla dulce). El segundo tiempo fue intrascendente. El resultado fue 1-1, con derrota para el fútbol.

P.D. Si realmente están interesados en el partido, aquí hay una verdadera crónica.

Luis Mingo, internacionalista por la Ibero y candidato a maestro por LSE (Reino Unido) y Fudan University (China). Intenta escribir lo que le gustaría leer. Su Marx favorito es Groucho.

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