La ‘Jungla’ de Europa

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Por: Laura Bello

Hollande se pronunció. Tras denuncias de distintas ONG y estudios como el de la universidad de Birmingham, respaldado por Médicos del Mundo, que tachaban las condiciones del campamento de insalubres, el Presidente francés asumió que esa situación era inadmisible en un país como Francia —si es que tiene cabida en algún lugar del mundo — y llevó a cabo el desmantelamiento del campamento de refugiados de Calais.

Calais es una ciudad al norte del país galo cercana al canal de la Mancha, que conecta Francia con el Reino Unido. Hace quince años, en los confines del municipio, se levantó un asentamiento de inmigrantes. Sin embargo, no ha sido hasta hace unos meses, con la llegada masiva de refugiados a Europa, cuando se ha dado a conocer la realidad de estos expatriados: más de 4 000 personas, procedentes, sobre todo, de países como Siria, Afganistán, Irak, Sudán y Eritrea; que viven en tiendas de tela y sin las condiciones higiénicas más básicas. A este lugar se le ha dado a conocer como la “jungla”. Así lo bautizaron los primeros migrantes del lugar para ironizar sobre sus pésimas condiciones de vida. De esta broma se ha pasado a que los medios hablen directamente de la Jungla, sin comillas y sin más, para referirse a este campamento. Esto tiene muy graves consecuencias: lo que se infiere de ello no es más que una concepción de gente salvaje con vidas poco dignas. Cuando, lo cierto es que, con la ayuda humanitaria que han recibido desde ONG como Médicos Sin Fronteras, Help Refugees o Hummingbird, han sobrevivido a las desavenencias climáticas y han convivido de tal forma que han llegado a fundar su propia escuela, iglesias y mezquitas dentro de sus espacios comunes.

Los motivos humanos y éticos no han sido los únicos que han empujado al gobierno francés a tomar la decisión de desalojar el campamento. Detrás de ella también hay cuestiones políticas. Hollande es consciente del auge de la ultraderecha del partido de Marine le Pen en su país en los últimos meses y que la situación de irregularidad e inmigración de Calais no hace más que exacerbar las posturas xenófobas. De hecho, han sido varios los militares de reserva que se han dirigido al presidente como una persona irresponsable en su tarea de garantizar la integridad territorial del país, al igual que varias han sido las manifestaciones racistas convocadas por el desmantelamiento del campamento.

Lo cierto es que el levantamiento del asentamiento no fue pacífico. Calais se había convertido para algunos en su hogar. Al margen de su situación legal, allí podían llevar una vida libre casi normal. Otros, sin embargo, veían así como se alejaban de su sueño de alcanzar suelo británico. Y es que, para muchos de estos refugiados, Reino Unido es su futuro. Bien porque allí tengan familia con la que reunirse, o bien porque se trate de su destino por descarte y última esperanza al ver mermadas sus aspiraciones de vida en un país tan estimado como Francia. Y en medio de este drama humanitario, hay hueco para el espectáculo político entre estos dos países, Francia y Reino Unido. Desde París se advierte de que no contendrá a los refugiados que se dirijan hacia las costas británicas en caso de que Reino Unido finalmente abandonase la Unión Europea. “Dejar en libertad” a los refugiados, o mejor dicho, dejar, a su suerte, que arriesguen la vida como un elemento más de negociación en el “Brexit”

Tras el desalojo del campamento, el gobierno francés inició la reubicación de los habitantes de Calais. La tarea ahora está en construir nuevos campamentos reglados, que cumplan los requisitos mínimos internacionales, y en el realojo de parte de estos migrantes en otros centros de inmigrantes del país. Lo realmente interesante es el efecto “rebote” que ha tenido el fin de Calais: en la costa noroeste proliferan nuevos campamentos que no quieren separarse del canal de la Mancha ni alejarse de la oportunidad de conseguir un futuro en Bélgica, a pesar de que este país se blinde cada día más para mermar estas aspiraciones. Ahora bien, mover el problema no es dar con la solución. El realojo de los refugiados e inmigrantes precisa de una solución estable y segura, algo que a priori no se está garantizando con estas nuevas medidas. La oleada de refugiados sigue en aumento y amontonarlos en campamentos improvisados y centros abarrotados no es más que una solución temporal.

Esta crisis dentro del propio continente, al igual que la que tiene lugar en el territorio balcánico, pone en relieve la necesidad de una respuesta efectiva y coordinada para estar a la altura de esta tragedia humanitaria. Al repasar la crónica se pone de manifiesto como la “jungla” de un lugar donde las personas sobreviven con lo poco que tienen, choca con la “jungla” de valores que acaba por considerar a las personas como meras mercancías a las que se va apartando y apiñando, y se deja para un futuro la búsqueda de soluciones y su encaje en el sistema. Por tanto, Europa demuestra que, por el momento, no está a la altura de esta situación.

Laura Bello Cedillo, es una estudiante de Ciencia Política, Gestión Pública y Periodismo interesada en los debates políticos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

Imagen obtenida de www.elpais.com

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