China: socio necesario para América Latina

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Por: Gerard Fuentes Garay

Las economías de China y de América Latina han crecido en los últimos años entre dos y tres veces más rápido que las economías industrializadas. Son los polos de crecimiento mundial del momento, ya que las economías industrializadas debieron ajustarse a un contexto de menor crecimiento y mayor desempleo. Por lo tanto, la región latinoamericana se encuentra ante una coyuntura internacional que invita a repensar las estrategias globales y regionales de alianzas, y a conceder una mayor relevancia a los vínculos Sur-Sur en el comercio, la inversión extranjera directa (IED) y la cooperación.

En tiempos en que el sector manufacturero made in China está dando muestras de declive, el flujo de dinero proveniente del gigante asiático hacia América Latina sigue siendo fuerte y caudaloso.

Y no parece que esto vaya a parar en lo inmediato; al igual que en África o en el este de Asia donde China tiene importantes inversiones; América Latina le está dando acceso a materias primas necesarias para impulsar su crecimiento. Estas inversiones además, le han ayudado a afianzar su influencia internacional.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL); como organismo de Naciones Unidas; ha sido la expresión viva del desarrollo con igualdad de los pueblos latinoamericanos y caribeños; lo que ha permitido un impulso en las relaciones económicas, políticas y de cooperación con el pueblo de China. Es menester profundizar enérgicamente la cooperación en materia de capacidad productiva, cuyo objetivo es hacer del ciudadano cobeneficiario de los frutos del desarrollo.

Acuerdos logrados entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y el gobierno de China; ponen de manifiesto la propuesta visionaria del gigante asiático de establecer una relación nueva y estratégica con la región. Relaciones entre empresarios latinoamericanos y chinos, las relaciones entre los think tanks; evidencian la enorme capacidad que ha demostrado China para transformarse en apenas tres décadas y media en la mayor economía del mundo, con acelerados procesos de industrialización y urbanización. En particular, China ha llevado adelante la experiencia más exitosa de reducción de la pobreza que ha conocido la historia de la humanidad (del 70% al 6% entre 1984 y 2015).

Es por eso que América Latina ha logrado ver con atención los progresos que ha llevado a cabo ese gobierno, los cambios que hace y que hoy por hoy son de interés regional. Porque la verdad es que China está adquiriendo un gran protagonismo en la gobernanza de la economía mundial con novedosas iniciativas como son: El Banco asiático de inversión en infraestructura, el Banco de desarrollo de los BRICS, y el proyecto de la ruta terrestre y marítima de la seda.

En un documento preparado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) en mayo del 2015, se destaca que en los últimos 15 años las relaciones comerciales; el intercambio de bienes; entre China y América Latina se ha multiplicado por 22 veces, convirtiéndolo actualmente en el segundo socio comercial de la región, y el primero de Chile y de Brasil. Es verdad que esto ocurrió en un contexto donde China crecía a un 10% entre 2000 y 2011, lo cual contribuyo a un superciclo de las materias primas con elevados precios de las mismas.

Pero también vemos que el desarrollo de las relaciones financieras que ha liderado el Banco de desarrollo de China ha tenido un gran incremento en América y el Caribe, alcanzando más de 100 000 millones de dólares entre 2005 y 2015.

Es decir, ya no es solo un intercambio de bienes, sino que poco a poco se ha ido trasladando a las inversiones, y también a las relaciones financieras y de inversión, en particular en los ámbitos de infraestructura y energía.

China busca crecer a un ritmo compatible con este proceso de reformas dentro del cual se encuentra inserto, y busca que el menor dinamismo no impacte negativamente en la generación de empleo.

Hay que ser consciente de que el mundo tiene que esperar un crecimiento de China no superior al 7% a partir de ahora, y se sabe también que los motores que China se está planteando a sí mismo, es precisamente el insertarse cada vez más en una economía del conocimiento, en capacidades, en ciencia, en tecnología, en innovación.

La región latinoamericana se ha desacelerado en su crecimiento, y hoy en día no crecerá más allá del 1%. Factores internos y externos explican esta desaceleración; por un lado ha habido un debilitamiento del consumo, de la inversión; pero también es verdad que la parte externa ha influido mucho, principalmente la caída de la demanda externa y los precios de las materias primas.

Las exportaciones crecían hasta 2010 a un ritmo del 26%, el 2015 solo pudieron llegar al 2%; claro ejemplo de una desaceleración muy fuerte sobre todo en materia de exportaciones.

A pesar de ello, se está en un punto de inflexión donde la relación puede tener ese punto de madurez final, ese salto de calidad para entrar en un vínculo estratégico de beneficios mutuos.

Se deben diversificar las exportaciones sin lugar a dudas, estimular alianzas empresariales, comerciales, tecnológicas, promover inversiones latinoamericanas en Asia y de Asia hacia América Latina, sobre todo desde China. Y todo ello, con el único propósito de superar una inserción internacional basada solo en exportación de materias primas; se necesita diversificar, avanzar hacia el conocimiento.

Otro de los problemas a lo que se enfrenta Latinoamérica es el reto de la desigualdad, que se caracteriza por la gran heterogeneidad que existe en la región, y la poca articulación y conectividad entre las empresas. Así es que, para avanzar hacia sociedades más prosperas y menos desiguales, esta región requiere superar ese modelo de inserción, que seguramente con esa nueva relación con China lo podrá lograr.

El plan de cooperación CELAC – China que se acordó en 2015, tiene metas de expansión del comercio y de inversión muy interesantes. En ella, el presidente Xi Jinping menciona que la alianza entre China y los Estados de América Latina y el Caribe debe estar basada en la formula de 1+3+6.

1, prosperidad compartida; 3, con tres motores (inversión, comercio y cooperación financiera); y 6, los grandes ejes: energía, recursos naturales, infraestructura, agricultura, manufactura, innovación tecnológica.

Se propusieron metas muy interesantes, 250 000 millones de dólares de inversión; y se ha dado un paso enorme a la consolidación de esta meta, que se propuso a 10 años. Pero sin embargo, ya en Brasil se han anunciado inversiones de 53 000 millones de dólares para la próxima década.

Se propuso además un modelo de 3×3; un modelo que aborda colectividad, financiamiento y asociatividad.

China puede colaborar y mucho en ese proceso de prosperidad integral entre las sociedades de la región latinoamericana. Los notables excedentes de ahorro convierten a este país asiático en un inversionista potencial de primer orden. Para aportar no solo en los sectores tradicionales; se sabe que la región latinoamericana es rica en recursos naturales, las cuales no se deben de dejar de producir; sino que también en otros sectores considerados esenciales para el tema de la diversificación, como son las manufacturas, servicios, el uso de la mejor infraestructura de transporte, la energía y la logística.

El proyecto de construir una vía férrea entre Brasil y Perú, uniendo la costa atlántica con la costa pacífica; transfiriendo la tecnología de China y asociándose con los empresarios latinoamericanos; es un magnifico camino para promover una mayor presencia de empresas chinas en industrias como la automotriz, la electrónica, y sobre todo fortalecer las cadenas de valor que es algo que realmente se tiene que aprender.

China ha logrado desarrollar un comercio intrarregional apoyando a sus vecinos; América Latina tiene que ir en esa dirección. Aumentar el comercio intrarregional que a día de hoy es solo del 19%, mientras que el de China es del 40%.

Por su parte, Latinoamérica puede aportar su experiencia en un tema central hoy en día para China como es la urbanización y la protección ambiental. Es necesario que trabajen juntos en esta dinámica China – América Latina, en temas que conciernen a la agenda global, como por ejemplo el futuro régimen de cambio climático, así como la reforma del Sistema Monetario Internacional.

China tiene mucho que aportar en este tema, puesto que este orden de posguerra surgido en Bretton Woods, no refleja las nuevas realidades económicas y políticas. Los países en desarrollo tienen más de la mitad del producto mundial, y esto requiere un rediseño de los grandes debates económicos en las próximas décadas.

Tanto el Banco Asiático de Inversión como el Banco BRICS son un reflejo de esta nueva gobernanza, que adquiere un nuevo componente Sur-Sur.

América Latina por su parte, debe aprovechar que se ha convertido en un esquema ascendente en el panorama internacional, elevando su estatus constantemente; para lo cual es necesario que impulse el avance paralelo de las distintas organizaciones intrarregionales, promoviendo la solución de disputas internas entre países mediante diálogos y la conciliación; y que promuevan continuamente la cooperación en cuanto a los asuntos internacionales de trascendencia, como la gobernanza global, la seguridad, el cambio climático y la reforma financiera internacional.

No debe basarse solo en las materias primas, sino que debe enfocarse en un desarrollo más diversificado, fomentando el proceso de industrialización.

Aprovechando el contexto actual, con los profundos cambios en el esquema económico, la región latinoamericana debe estar preparada parea lograr un compromiso con el país asiático, construyendo una relación cada vez más estrecha y mutuamente beneficiosa entre China y América Latina.

Porque América Latina es importante para China fundamentalmente por dos razones: por sus recursos naturales y por el mercado que se está desarrollando en la región para los productos chinos.

Y porque China; según un artículo publicado hace dos semanas en China Policy Review; en 15 años, superará a Estados Unidos como el mayor socio comercial de Latinoamérica.

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen obtenida de es.panampost.com

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