40 Años de Lucha… ¿Cuántos más son necesarios?

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Por: Andrea Mochnáč Tejera

Según Naciones Unidas, actualmente son dieciséis los territorios que no han llegado a constituirse en estado. El Sáhara Occidental es el más grande de ellos y el único en África. El sábado 27 de febrero de 2016, se celebraba el cuarenta aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Con motivo de tal acontecimiento, he querido echar la vista atrás en el tiempo, a 1976, para ver cómo ha avanzado la situación de los saharauis a lo largo de estas cuatro décadas.

Si bien los saharauis fueron nómadas durante siglos, durante la segunda mitad del siglo XIX, los europeos decidieron que ya habían tenido bastante. Las grandes exploraciones de África despertaron el interés de las potencias europeas en la misma. Se fue iniciando una época de neocolonialismo industrial, vinculado al auge del capitalismo, en la que los codiciosos intereses europeos confluyeron en el continente africano. La Conferencia de Berlín de 1885 dio pie al comienzo de la ocupación territorial. Así, se invadieron tierras, se establecieron fronteras improvisadas, se fundaron colonias y se sometió a la población africana. Eso sí, siempre en nombre de Dios Todopoderoso. A pesar de que los que más porción de tarta se llevaron fueron Reino Unido, Alemania y Francia, España, el niño débil de la pandilla de matones, no podía ser menos. En este reparto le fue atribuido el Sáhara Occidental.

Tras años de explotación, pero de pacífica convivencia, en los 70 se propagó por África una ola de procesos nacionalistas de independencia. Surgió entonces en el “Sáhara Español” el Frente Polisario, cuyo propósito era liberarse del dominio colonial español y conseguir la independencia del territorio, ejerciendo el derecho que tienen todos los pueblos a la libre determinación. Por otra parte, las Naciones Unidas, inmersas en el proyecto de descolonización, presionaron a los españoles a abandonar el Sáhara Occidental. Comenzó un proceso de negociación con el pueblo saharaui, en el que se acordó la celebración de un referéndum para que este decidiese el futuro del Sáhara Occidental. Pero se entrometió Hasam II, rey de Marruecos, alegando que el territorio pertenecía a su país (en busca de construir el “Gran Marruecos”). Aprovechando la crítica salud de Franco, envió al Sáhara la Marcha verde, vendida a los medios como una protesta pacífica de las tropas marroquíes para reclamar el territorio.

A la reclamación de territorio de Hasam II, se unió Mauritania. Estas pretensiones fueron condenadas por el Tribunal de Justicia de La Haya, que sentenció que el Sáhara Occidental no tenía lazos de soberanía con ninguno de los dos países que lo exigían. En 1975 se firmaron entre Marruecos, España y Mauritania los Acuerdos Tripartitos de Madrid, a cuya ilegalidad merece dedicar, si no más, un párrafo. Se pactaba en ellos una administración del Sáhara compartida entre España, Marruecos y Mauritania. Sin embargo, España no renunciaba a su soberanía sobre el territorio. El entonces príncipe Juan Carlos de Borbón y el presidente Arias Navarro, acompañados de otros cargos públicos, ocultaron la firma de este acuerdo a la opinión pública, así como al Ministerio de Exteriores y al ejército español del Sáhara, contrarios al mismo (conscientes de las repercusiones que tendría en un futuro). Por si fuese poco, los acuerdos incluían una serie de anexos secretos en los que se estipulaba –entre otros– la cesión a Marruecos del 65% de una empresa explotadora de minas de fosfato a cambio de derechos de pesca. La Organización de las Naciones Unidas declaró estos pactos como nulos. Sin lugar a duda, para España constituyen una mancha oscura en su pasado histórico.

                 Finalmente, España, que había mantenido firmemente ante los saharauis que se celebraría el referéndum de autodeterminación en menos de un año, abandonó el territorio en 1976 sin cumplir su palabra. Hoy hace cuarenta años. Pero el juego no termina aquí. Como ocurrió en tantas ocasiones durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética vieron en la debilidad de otro una ocasión de engrandecimiento. Argelia, aliada de la URSS, armó al Frente Polisario saharaui, y franceses y americanos a Marruecos y Mauritania. La guerra dio pie a la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática. Después de cinco años de enfrentamiento, en 1991 se firmó el alto el fuego, impulsado por la ONU. Este plan de paz estipula la creación de un censo para llevar a cabo un referéndum en el que los saharauis puedan decidir entre la integración a Marruecos o la independencia. Pero parece que, una vez más, las palabras se las ha llevado el viento, pues veinticinco años más tarde, Marruecos aún no ha permitido que se celebre el mismo. Los intereses estratégicos de Estados Unidos y Francia en Marruecos dotan a este de inmunidad. De ahí que no sienta prisa por emprender el referéndum. Un claro ejemplo de que el dicho “a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” se cumple a rajatabla en las relaciones internacionales.

Tras hacer este viaje al pasado y revivir su dura historia, la solidaridad con la causa saharaui resulta natural y más que comprensible. Actualmente, la mitad de población saharaui vive en campos de refugiados en Argelia y la otra en su territorio, pero sometida a Marruecos, que controla el 80% del Sáhara Occidental. Mauritania abandonó la parte sur tras las derrotas militares que sufrió contra el Frente Polisario. Marruecos, a pesar de votar en su día a favor de esta, ha incumplido la llamada “Carta Magna de la Descolonización”, donde se defiende que todos los pueblos tienen derecho de libre determinación; en virtud del cual […] determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural, así como que la falta de preparación en el orden político, económico, social o educativo no deberá nunca servir de pretexto para retrasar la independencia. Además, en la actualidad incentiva a su población a mudarse al Sáhara Occidental, con el objetivo de obtener más votos en el referéndum en contra de la independencia.

¿Qué deparará el futuro a la RASD? ¿Tendrá lugar, algún día, el tan esperado referéndum? De ser así, si el pueblo optase definitivamente por la independencia, ¿estarían capacitados para constituirse en estado? Ochenta y cuatro países, entre los que España no figura, ya lo consideran como tal. Hay quienes lo rechazan. Muchos permanecen escépticos. En cualquier caso, ni ello, ni la fuerte tormenta de arena que ha azotado este sábado la región, ha sido suficiente para no celebrar, entre gritos de júbilo y orgullo, los cuarenta años que cumple la bandera saharaui. Eso sí, reunidos en un campo de refugiados.

Andrea Mochnáč Tejera (1997) cursa primero de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Aficionada al periodismo y amante de las letras, ha sido premio nacional 2015 del concurso Juvenes Translatores, organizado por la Comisión Europea, donde tradujo del checo al español.

Imagen obtenida de www.taringa.net

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