El mundo sobre el tablero

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Por: Daniel Bermúdez Giralt

Tanto el ajedrez como sus primos orientales parecen a los ojos profanos poco más que juegos difíciles de aprender, aburridos y sin mucho sentido, de los que no se puede sacar ninguna enseñanza para la vida. Sin embargo, hay que tener en cuenta que todos estos juegos fueron creados en un principio para que los generales se preparasen para la guerra, para que los estadistas se acostumbrasen a calcular todos sus movimientos y, sobre todo, para enseñar que para ganar a tu adversario hace falta pensar cinco jugadas por delante de él.

No habían pasado muchos años desde su aparición cuando los primeros estudiosos del ajedrez, atraídos por el misterio y la belleza que palpitan dentro de los sesenta y cuatro escaques, comenzaron a sacar conclusiones del mismo que se podían aplicar a la vida. Desde entonces, por su baile entre la precisión matemática y el puro sentimiento artístico, el juego se ha convertido en objeto de eterno debate y seguirá atrayendo tanto a jugadores como a admiradores a sus ocho líneas pobladas de soldados que han librado infinidad de guerras en miniatura.

El asunto principal del presente artículo es ver si hay situaciones del ajedrez que se puedan aplicar a la política internacional, como hacían aquellos primeros jugadores de hace siglos que usaban sus treinta y dos piezas como metáforas de las amenazas que sufrían las naciones. De la mano de Bobby Fischer, quien decía que el ajedrez es una guerra sobre el tablero, cuyo objetivo consiste en aplastar la mente del adversario, comenzamos.

La primera estrategia que se me viene a la cabeza es la Profilaxis. Todos los jugadores de ajedrez, lo sepan o no, usan la profilaxis, que consiste en prever los movimientos del contrario y colocar las piezas de tal manera que no solo mejoran su propia posición, sino que además impiden que el adversario se mueva. El mejor jugador profiláctico del panorama internacional es —obviamente— Estados Unidos: no solo tiene más piezas que cualquier otra nación, también realiza muchos más movimientos por jugada. En este caso, las piezas de Estados Unidos son sus bases militares, que ha sabido colocar estratégicamente para conjurar cualquier amenaza potencial para su supervivencia; desde un par de decenas para controlar todo el Pacífico hasta las que se encuentran en Europa y Oriente Medio para neutralizar las zonas que más guerra le han dado a los norteamericanos a lo largo de la historia.

También resulta de aplicación la estrategia del Gambito. Un vistazo a un tablero antes de comenzar una partida servirá para ver que las piezas más poderosas —torre, dama, alfil…— se encuentran bloqueadas por una línea de lentos y débiles peones, de tal modo que el Gambito es aquella estrategia que deja morir a los peones para que las piezas potentes puedan moverse con libertad y conquistar posiciones importantes. Recordemos ahora la situación en Siria. Al comienzo de la revuelta rebelde todo el apoyo occidental se centraba en derrocar a Bashar al-Ásad, a quien no se dudó en tildar de dictador y criminal de guerra; todo este apoyo llegó a su fin con el alzamiento del ISIS, que nutriéndose del caos desatado en Siria y los países circundantes, ardió como la pólvora hasta amenazar a las naciones más poderosas sobre la faz de la Tierra. La estrategia occidental parece haberse centrado ahora en defender a al-Ásad como el mal menor, es decir, la comunidad internacional ha dejado morir a los rebeldes sirios que antes citaba como luchadores por la libertad, como si de peones se tratase, para así poder actuar en posiciones más importantes para el bloque.

El siguiente término que merece la pena analizar es el de Zugzwang. Ese es el nombre que recibe aquella situación en la que el jugador está obligado a moverse, pero todas las opciones que tiene a su disposición harán que empeore su partida, y con bastantes probabilidades le hagan perderla. Algo parecido a esto es lo que acaba de sufrir la Unión Europea con Reino Unido. Los británicos, amenazando con un referéndum de separación de la Comunidad Europea, han logrado arrancar de sus autoridades un acuerdo que podría crear un peligroso precedente de desigualdad, con ciudadanos de segunda y de primera; han impuesto la burla implícita del ministro Orborne, que aseguraba tener “las ventajas del libre mercado sin las cargas de la eurozona”. Donald Tusk y compañía jugaban en un clarísimo Zugzwang, sus opciones eran aceptar el trato con todos los precedentes simbólicos que acarreaba, o permitir que Reino Unido saliese del club europeo, con la consiguiente pérdida de peso internacional, económico y también en este caso el simbolismo de que la Unión no es imperecedera.

Por otro lado, cuando un jugador atrae poco a poco al otro hacia una trampa o una posición comprometida sin que este se dé cuenta, se trata de un Encaminamiento. Países que han llevado a otros inadvertidamente hacia trampas hay muchos, sin embargo, por proximidad en el tiempo, el mejor ejemplo es el de Rusia y Ucrania. La Federación, en un interés por restaurar su esfera de influencia, fue extendiéndose a Ucrania, y gracias a la connivencia del gobierno ucraniano la nación cayó, primero económica y políticamente, en las manos del Kremlin; el siguiente paso, más directo, fue sufragar a las milicias prorrusas del Este del país e incluso brindar apoyo militar directo, lo que ha llevado con el tiempo a una situación de inestabilidad, con altos al fuego intermitentes, en la que una solución parece lejana.

Una de las estrategias defensivas más conocidas del ajedrez es el Enroque, el único momento de todo el juego en el que se pueden mover dos piezas a la vez, moviendo el rey a una esquina y cubriéndolo con una torre. Es uno de los movimientos defensivos más impenetrables de la teoría del juego y se trata de una forma de decirle al adversario que se está dispuesto a aguantar todos los golpes que pueda dar. El país enrocado por excelencia es Corea del Norte, una de las pocas naciones del mundo que se ha negado a una apertura internacional, manteniéndose cerrada sobre sí misma y prometiendo atacar a todo aquel que intente romper su aislamiento. Las maniobras aéreas amenazantes, las pruebas nucleares, los lanzamientos de satélites con fines dudosos y los ataques a territorios cercanos a la frontera con su vecino del sur no son más que ejemplos del enroque perpetuo en el que vive Corea del Norte. Una posición siempre a la defensiva que añade inestabilidad a una región que ha sido muy castigada por la guerra a lo largo de la Historia.

La situación de la República Popular de Corea se puede ligar con otra figura del ajedrez, pues ¿Cómo es posible que un país pequeño, pobre y sin apenas desarrollo haya podido mantenerse al margen de la comunidad internacional durante tanto tiempo? Debido a que se trata de una pieza Clavada. Ese es el nombre que reciben las piezas de poco valor —peones— que no se pueden mover de su posición porque están protegiendo a otra ficha de más valor —damas, torres…— y si se moviesen supondría que la pieza importante sería amenazada. El único amigo que tiene a nivel internacional Corea del Norte es China, que ha mandado paquetes de ayuda humanitaria, ha apoyado en ocasiones al régimen y siempre se ha mostrado reacia a, e incluso ha bloqueado, cualquier intervención en el país coreano. La estrategia de China es clara: si desapareciese Corea del Norte sería para unificarse con Corea del Sur, que es a su vez un aliado de primer orden de Estados Unidos, con lo que China tendría de la noche a la mañana a su peor enemigo en su frontera. Si para evitar eso hace falta nutrir el aislacionismo norcoreano, los chinos lo han tenido siempre claro.

Nos quedarían muchas figuras por analizar en la ajedrecística política internacional, términos como en prise, jugada forzada, promoción o jaque. Si es cierto lo que dice Gari Kaspárov y la vida siempre imita al ajedrez, no dejarán de llegarnos ejemplos de cómo la geopolítica se juega tanto en tableros como en la vida real y de cómo los poderes que mueven el mundo calculan fríamente sobre guerras, conflictos y vidas humanas con la misma facilidad con la que nosotros lo hacemos ante una tabla negra y blanca y unas piezas inertes e inermes bajo la mano, siempre más grande, del destino.

Daniel Bermúdez Giralt, nacido en Santiago de Chile en 1996 y residente en España. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Analista de temas históricos, culturales y de política internacional.

Imagen obtenida de www.diariodecultura.com.ar

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