Entender la evasión de impuestos

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Por: Javier Sánchez Marín

A mediados del siglo XX fuimos testigos del desarrollo de la Globalización, un “proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capital”[1]. Centrándonos en la globalización económica, caracterizada principalmente por la liberalización de la economía mundial y el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, vemos que se ha incrementado la importancia de las empresas multinacionales, las cuales van a gozar ahora de un papel esencial en el marco de la economía mundial. De esta forma, vemos que el siglo XX terminó con un desafío fiscal para todos los países.

grafica1Aunque esta situación haya provocado cierta armonización en los regímenes fiscales de los Estados, cuyo objetivo era suprimir las barreras que en ese momento impedían la libre circulación de capital, podemos percibir un aumento en la competencia entre las empresas multinacionales. Éstas, en su búsqueda de la evasión fiscal o de la disminución de la presión tributaria, van a querer establecer sus sedes y desarrollar su actividad económica en los países con los regímenes fiscales más ventajosos; lo que va a desembocar en una lógica de competición fiscal por parte de los Estados, los cuales tratarán de modificar sus sistemas tributarios para mitigar la presión ejercida a causa del Impuesto de Sociedades[2]. Poniendo un ejemplo de un país europeo, vemos que España ha recudido dicho impuesto durante el 2015 de un 30% (2014) a un 28% y ahora empieza el 2016 fijándolo en un 25%, buscando siempre un incremento en la competitividad y haciendo al país más atractivo de cara a la inversión extranjera[3].

No toda competición fiscal es perjudicial. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), conformada por 34 países, tiene como misión promover políticas que mejoren el bienestar económico y social, representando por excelencia la institución encargada de controlar dicha competición y favorecer su eficiencia. Su meta fundamental es la creación de un modelo fiscal universal que fomente un comercio y una competición fiscal justos; y para ello tiene que hacer frente a uno de sus mayores problemas: los paraísos fiscales.

Un territorio o Estado en el que se exime del pago de impuestos a empresas o ciudadanos extranjeros que mantienen cuentas bancarias o constituyen sociedades en los susodichos, o en el que se les aplique un régimen tributario especialmente favorable puede ser considerado como “paraíso fiscal”. Suelen ser países pequeños con escasos recursos naturales o industriales y se benefician de la recaudación de impuestos de las empresas que se asientan en su territorio para fortalecen sus economías. La contrapartida es la fuga de capital que sufren los países emisores, los cuales ven perjudicadas en gran medida las arcas del Estado, sobre todo en caso de multinacionales.

Hay cuatro factores clave según la OCDE para la consideración de un Estado como paraíso fiscal: si no impone impuesto o son sólo nominales (menores que si se establece una tarifa efectiva de tributación), si hay falta de transparencia, si no se permite el intercambio de información en materia fiscal con otros países en relación a contribuyentes que se benefician de bajos impuestos y si se permite a los no residentes disfrutar de menores impuestos, incluso en caso de no desarrollar la actividad en el país.

No hay un consenso sobre el número de paraísos fiscales que existen en el mundo y las clasificaciones difieren según el organismo que las lleve a cabo. Teniendo en cuenta la “lista negra” de paraísos fiscales establecida por la Comisión Europea el 17 de junio de 2015, éstos serían[4]:

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Las empresas multinacionales se benefician de los vacíos legales de las jurisdicciones en materia fiscal de los Estados para intentar pagar la menor cantidad de impuestos posible. Merecen especial atención las prácticas conocidas como “doble irlandés” y “sándwich irlandés”.

Se conoce como el “doble irlandés” a la práctica que utilizan algunas empresas para evadir impuestos y consiste en que las filiales de la empresa en Irlanda recolectan los beneficios del resto de filiales ubicadas en el extranjero a través de bienes y servicios. Así, los beneficios se pagan en un país en el que el Impuesto de Sociedades es muy reducido en comparación con el resto y la cantidad pagada en impuestos no va destinados a los países en los que se ha generado el beneficio, sino a Irlanda. De esta forma, crearíamos dos empresas irlandesas: una de ellas, la que poseería los derechos internacionales de la propiedad intelectual, con sede en un paraíso fiscal; y la otra, con sede en Irlanda, la que vendería al resto del mundo y pagaría los derechos a la primera. Trasladando todos los beneficios que la empresa genere a la radicada en Irlanda y ésta, a través del pago de los derechos, haciendo lo mismo hacia la asentada en el paraíso fiscal, el resultado es que la mayoría de los beneficios o no tributan, o lo hacen escasamente. Sólo una pequeña parte lo haría en Irlanda al 12,5%.

El “caso Apple”, por el cual se colocó a dicha empresa en la mira de la Unión Europea por evasión de impuestos, ilustra bien esta estrategia. La Unión Europea, sin competencia para incidir en el establecimiento de impuestos de cada país, abrió una investigación al respecto y se demostró que Irlanda habría acordado con Apple el pago de un Impuesto de Sociedades del 2% (frente al 12,5% establecido y asumido por el resto de empresas del país). Así, con una fuerza laboral localiza en Irlanda de apenas el 4% de su fuerza de trabajo global, Apple registró en este territorio, que cuenta con una legislación que posibilita en buena medida el traslado de beneficios de las empresas hacia territorios de escasa o nula tributación, un 65% de sus ingresos mundiales (26.000 millones de dólares), reduciendo marcadamente su cuenta de impuestos en Estados Unidos y el resto del mundo.

Si buscamos ser aún más rebuscados y evitar incluso el pago de esa pequeña parte de impuestos en Irlanda, podemos combinar esta estrategia con la denominada “sándwich holandés”. Aprovechando que la ley irlandesa permite que el pago de royalties[5] esté exento del Impuesto de Sociedades en caso de que se paguen a otra empresa europea, estableceríamos una empresa en Holanda que cobrase los royalties por utilizar la propiedad intelectual de la sociedad con sede en Irlanda (los pocos beneficios que le queden a la empresa con sede en Irlanda, tras haber enviado gran parte al paraíso fiscal, se mandan ahora a la holandesa) y después transfiere el 99% de lo recibido a otra empresa localizada en otro paraíso fiscal. En definitiva, la cuasi totalidad de los beneficios se encontrarían en los paraísos fiscales, la presión tributaria en Irlanda y Holanda sería mínima y se habría eludido el pago de impuestos en los países donde realmente se han generado los ingresos.

Este tema ha generado y genera mucha controversia y, por ello, he llevado a cabo una encuesta para ver lo que gente como nosotros, a nivel internacional, piensa de estas estrategias:

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Tras una breve introducción sobre lo explicado en el artículo en cuanto a Impuesto de Sociedades, competición fiscal y beneficios tributarios; se formulan tres preguntas: “¿crees que dicha práctica irlandesa (el “doble irlandés”) es legal?”, “¿crees que debería serlo?” y “¿crees que es moralmente aceptable?”.

La mayor parte de los encuestados piensan que es legal y, efectivamente, lo es. Empresas como Apple buscan vacíos legales para maximizar sus beneficios y, mediante entramados de empresas difícilmente identificables, alcanzan sus objetivos. También creen que no debería ser legal, con una diferencia muy pequeña (51% frente a un 49%); y que moralmente es inaceptable.

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Una opción para terminar con estas prácticas puede implicar poner trabas a la libre circulación de capitales y, así, ir en contra del principio de libre comercio que defienden instituciones tan influyentes como el Banco Central o la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, con medidas como la aceptación de acuerdos de intercambio de información en materia tributaria, se está avanzando a pasos agigantados en la consecución del objetivo de eliminación completa de paraísos fiscales y ejercicio de una competición fiscal leal a nivel mundial.

[1] “Comprender la Globalización”, Guillermo de la Dehesa.

[2] “Tributo de carácter directo y naturaleza personal que grava la renta de las sociedades y demás entidades jurídicas”, Sociedades 2014, Agencia Tributaria.

[3] “Impuesto sobre Sociedades”, Boletín Oficial del Estado (Edición actualizada a 19 de enero de 2016).

[4] Lista completa de América: Anguila Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Bermuda, las islas vírgenes Británicas, las islas Caimán, Granada, Montserrat, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, las islas Turcas y Caicos y las islas vírgenes de EEUU.

[5] “Regalías” o derechos de autor.

Imagen obtenida de www.zoomnews.es

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