Bosnia: de un modelo comunitarista a la Comunidad Europea

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Por: Laura Bello

Inicios convulsos y dudoso futuro. Hace algo más de veinte años que Bosnia y Herzegovina se constituyó como Estado y ya ha vivido situaciones límite que han puesto en jaque su continuidad como tal. La semana pasada fue noticia su petición formal de ingreso en la Unión Europea. Se trata de un avance diplomático exitoso para sus líderes políticos y de un propósito difícil de alcanzar: al país le queda mucho por mejorar desde el marco institucional hasta el poblacional.

Bosnia y Herzegovina es una república federal formada por dos entidades, Bosnia y Herzegovina, por un lado, y la República de Srpska, por otro; y la región autónoma de Brcko. Su Constitución lo define como un país multinacional, reconociendo a tres “pueblos constituyentes”, bosnios, croatas y serbios, entre los que se reparte el poder a todos los niveles. Tal es el empeño de este racionamiento que la Presidencia del Estado es un órgano colegiado rotativo formado por un representante de cada uno de los pueblos. Esta fue la mejor fórmula encontrada como acuerdo de paz y de convivencia tras el fratricidio de la Guerra de Bosnia. Y de ella se derivan dos de los principales problemas del país. Uno es la compleja estructura institucional fruto de la redundancia de organismos a todos los niveles para que los pueblos no pierdan representatividad, lo que da a una “hiperadministración” poco eficiente y, aprovechando la debilidad del sistema, a grandes niveles de corrupción, tal y como dice la Comisión Europea. El otro gran problema es el respeto al resto de minorías del territorio, pues si bien la Constitución ha integrado en el gobierno a las principales comunidades, también habla de “los Otros” como una categoría grupal residual que no goza, ni mucho menos, de los mismos derechos que el resto de pueblos.[1] “Los Otros” son un grupo heterogéneo formado por colectivos como judíos, gitanos o inmigrantes, que constituyen más del veinte por ciento de la población del país y que no tienen representación real ni efectiva en el sistema.[2]

Y es que la población de Bosnia vive en una situación que precisa de considerables mejoras para equipararse con sus socios potenciales. Hablamos de una población de casi cuatro millones de habitantes de los que, en 2011, dieciocho de cada cien vivía en situación de pobreza según el Banco Mundial. Los datos oficiales de desempleo se han estabilizado los últimos años en el cuarenta por cien, aunque como gran parte de su economía es invisible, se juega en el mercado negro, se estima que la cifra real se reduciría al veintiséis. Con todo esto, la previsión de crecimiento económico para este año, de tres puntos, no alienta grandes avances en este campo.

Hay que hacer muchas cosas para “ser creíbles”

El mismo presidente de Bosnia y Herzegovina admitió que habría que emprender importantes reformas para que su candidatura de ingreso en la Unión Europea fuera plausible. Y es que, aunque en los últimos años el país ha emprendido algunos avances hacia el modelo común, aún queda camino por recorrer. Algunos de los requisitos primordiales para la incorporación de un nuevo miembro a la UE se ponen muy en entredicho en este caso. El fin de las tensiones entre comunidades, el respeto a las minorías y, a fin de cuentas, el pleno desarrollo de los Derechos Humanos y del Estado de Derecho son las principales metas en el marco social. Por otro lado, se plantea la necesidad de una reforma de la administración estatal y de justicia que reduzca ese complejo sistema y la corrupción de este. Y por último, transformaciones económicas para que sea posible el crecimiento económico.

“Ser creíbles” va a precisar de una importante cooperación nacional e internacional. Una cooperación que no ha de traducirse en constituir grupos de trabajo por triplicado, siguiendo la tradición del país. Desde Bruselas ya se ha advertido que los mecanismos de negociación han de simplificarse para facilitar este arduo proceso. Aún se tiene en mente el último episodio en el que la Unión y las autoridades bosnias tuvieron que conciliar. En 2008 firmaron el Acuerdo de Estabilización y Asociación para colocar al país en el camino de la adhesión. Finalmente, las desavenencias políticas han retrasado su puesta en marcha hasta el pasado verano, siete años después.

Con todo esto se asume que esta nueva etapa para el país comunitarista, en base a su modelo conciliador del multiculturalismo de su territorio, hacia la Comunidad Europea, va a necesitar trabajo, importantes recursos económicos pero, sobre todo, tiempo.

Laura Bello Cedillo, nacida en Getafe en 1996, es una estudiante de Ciencia Política y Gestión Pública y de Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos interesada por los debates políticos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

Imagen obtenida de www.flickr.com

[1] KUCUKALIC IBRAHIMOVIC, E. “El lugar de «los Otros» en la Constitución de Bosnia y Herzegovina”. pág. 136

[2] Ibíd.

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