Nigeria, la Superpotencia Aterrada por Boko Haram.

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Por: Cristina Rascón

“No quiero volver, allí teníamos a los de Boko Haram a muy poca distancia y teníamos constantes problemas con ellos, me da miedo que me secuestren como ha pasado a tantas jóvenes nigerianas” (Mariama, Argou Goumseri).

“Era sábado, en pleno mes de Ramadán, entraron casa por casa y nos llevaron a todos a la mezquita. Dejaron que las mujeres y los viejos se fueran y empezaron a dispararnos, todos corrimos hacia donde pudimos, a mí me alcanzaron en una pierna y caí al suelo” (Alhadji Sumaïa).

Mariama y Alhadji son sólo dos voces de entre los 2,2 millones de desplazados que el régimen de Boko Haram ha desencadenado en la mayor parte del norte de Nigeria. Además, han sido responsables de varios atentados en hospitales y escuelas, que hasta la fecha han causado 20.000 fallecidos; y de secuestrados a miles de niños, sobre todo niñas, incluyendo las famosas 200 escolares de Chibok, secuestradas en abril de 2014; quienes fueron vendidas en el mercado negro o utilizaron con esclavas sexuales o esposas para los soldados del régimen.

Boko Haram nació como organización fundamentalista islámica en 2002, con objetivo de establecer la Sharia norma vigente en todos los estados de Nigeria, el principal país afectado por el grupo. Con el tiempo, la insurgencia se ha expandido y ha ganado más y más poder. En 2015 se adhirió al Estado Islámico y se autoproclamó “Provincia del África Occidental”; actualmente, el grupo posee el control de más de 20 localidades en la zona norte del país y la autoridad que ejerce en la zona es casi mayor que la del propio gobierno.

En 2013, Goodluck Jonnathan, presidente de Nigeria, se vio obligado a declarar el estado de emergencia nacional a causa del grupo terrorista. En varias ocasiones, el presidente ha denunciado las actividades de la insurgencia, proclamando el terrorismo y los secuestros como el mayor problema al que se enfrentan actualmente el país.

A pesar de todo, esta imagen de inestabilidad y descontrol, contrasta fuertemente con la posición que tiene Nigeria como superpotencia del continente. Desde el descubrimiento de la existencia de crudo en los sesenta, el país ha tenido unas tasas de crecimiento mayores que algunos países asiáticos, el último año un 7%. El crudo atrajo dinero extranjero, el cual se invirtió en tecnología y en la industria cinematográfica, lo que finalmente ha convertido a Nigeria en el país más rico de todo el continente.

Entonces, si las razones por las que el gobierno no logra deshacerse de Boko Haram no es una cuestión de recursos, (existe el dinero suficiente como para invertir en una red militar que controle al régimen y proteja la zona); ¿qué es lo que impide al gobierno de Goodluck Jonathan acabar con el maltrato que sufre una gran parte de la población a causa de este grupo terrorista?.

Aunque en un principio la ecuación parezca sencilla -dinero es igual a más seguridad, y más seguridad implica menos poder para grupos insurgentes- la situación en Nigeria, no es tan simple. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que el país está dividido en dos mitades: la parte sur es mayormente cristiana (protestante), mientras que la mitad norte es principalmente musulmana (sunni), y en 9 estados de la zona musulmana se aplica la ley Sharia. Esta división hace mucho más complicado un gobierno uniforme en todo el país, y el hecho de que un cristiano, Goodluck Jonnathan, esté gobernando en el mismo país donde Boko Haram lucha por implantar la ley musulmana, tampoco favorece a esta situación.

Así mismo, las fuerzas militares que el gobierno envía al norte, no son bien aceptadas por los musulmanes, quienes hacen todo lo posible para que los “cristianos” no se involucren en sus asuntos. En un discurso en Abuja en septiembre de 2014, el presidente declaró que la única forma de luchar contra el terrorismo, sería uniendo a todo el país, y para ello puso el ejemplo de cómo toda Nigeria se unió para combatir la enfermedad del ébola; “Pero porque todos los nigerianos luchamos contra el ébola independientemente de nuestras ideas políticas, religiosas o étnicas, como individuos, derrotamos a la enfermedad”, en ese mismo discurso rechazó la ayuda de agentes internacionales, como la ONU en la lucha contra el terrorismo; “No requerimos gente que venga del cielo o de otros países para resolver nuestros problemas. Lo que necesitamos son nuestros hermanos y hermanas apoyando al ejército, porque su labor no es fácil”.

La existencia de una gran desigualdad salarial también supone un hándicap; el 60% de los nigerianos viven con menos de 1$ al día, y recordamos que es el país con más PIB de toda África. Esta desigualdad, sobre todo en la región norte, incita a los jóvenes agricultores que no se sienten identificados con el gobierno, con unas malas condiciones de vida y aterrorizados por los terroristas, a dejar sus tierras y unirse al grupo de insurgente, quienes les garantizan dinero y unas condiciones de vida adecuadas, a cambio de jurar fidelidad al régimen.

En definitiva, parece que la clave para detener todas las injusticias que el grupo terrorista de Boko Haram está cometiendo, es la unión de todo el país, apoyando a las fuerzas militares nigerianas y al gobierno, por encima de sus creencias religiosas. Sin embargo, con una élite corrupta, una gran desigualdad económica y social, y una división al 50% de ideología religiosa, que cada vez es más radical; la unidad nacional es impensable y de eso se alimenta Boko Haram.

Imagen obtenida de www.newsweek.com

 

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