Estereotipos y Belleza, la Nueva Epidemia Global

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Por: Coral Revella Meira

Le mira a los ojos, con odio. Odio a quien tiene delante, a como se ve. Odio a los recovecos de su cuerpo, odio a lo que no es. El reflejo en el espejo también sufre, también odia. Este sentimiento es la lacra mundial, la peste de nuestro siglo. El odio a uno mismo.

Nos dicen que vivimos en un mundo globalizado sin falta de razón, pensando que esa afirmación solo implica comerse una hamburguesa del McDonalds mientras se contemplan las pirámides de Giza. La locura de la exportación de modelos a seguir abarca todos los campos imaginables, diciéndonos incluso quienes tenemos que ser. O lo que es peor, haciéndonos sentir mal si no nos adaptamos al molde de persona “ideal”.

Somos imperfectos, defectuosos incluso, nos gritan día a día medios de comunicación y publicidad. Nunca lo suficientemente altos, delgados y esbeltos, nunca lo suficiente a la moda. Podríamos pensar que esto es un problema que solo afecta a Occidente, con sus poderosas campañas de venta al público y la creación de ambiciones ideales. Pero nada más lejos de la realidad. La dictadura de los prototipos, especialmente dura con el sector femenino, no entiende de fronteras.

En amplias zonas de países como Mauritania, el canon de belleza dista mucho de parecerse al nuestro. Mientras Occidente vive en un régimen de permanente dieta, en estos lugares lo ideal, en especial para las mujeres, es la gordura. Esta cualidad se valora extremamente, contando incluso a la hora de encontrar un marido. De hecho, hasta hace no tanto eran comunes las “granjas de engorde”, prisiones disfrazadas de internados donde el único objetivo era hacer aumentar de peso a las niñas. Nacer con un metabolismo acelerado era así sinónimo de condena y desprecio.

Actualmente estos métodos han quedado en desuso, para ser reemplazados por otros no menos peligrosos. Fármacos, jarabes poco fiables, pastillas para animales de granja… todo vale en la persecución del objetivo. La educación en estas materias es nula, la concienciación en temas como salud cardiovascular u obesidad irrisoria. De todas formas, esta de poco vale mientras las prioridades sean otras. Mientras una mujer valga lo que marque la aguja de la báscula, como si de un saco de grano se tratara.

Sin salir del continente, nos damos de bruces con los controvertidos casos de blanqueamiento de piel. De alguna triste forma, África sigue colonizada bajo nuestra inconsciencia. En muchos países como Senegal, este aspecto llega a ser definitorio en cuanto a clase social. Incluso fuera de sus fronteras, la comunidad negra global sufre de forma dramática la negación de lo propio. Una vez más, el peso de un buen reflejo es mayor que el de la salud, siendo muy común la utilización de productos poco fiables e incluso cancerígenos. En lugares como Sudáfrica o Estados Unidos, si a la metamorfosis de epidermis le sumamos unas extensiones de pelo sintético y lacio, tendríamos el conjunto perfecto de belleza “negra”. Toda una estampa esperpéntica, una oda a la negación de uno mismo.

Otro caso a tratar podría ser la fiebre de los ojos occidentales en los países asiáticos. En países como China, Japón o la gran Meca de la cirugía, Corea de Sur, los rasgos orientales ya no son compatibles con la belleza para las multitudes. Cada día un sinfín de jóvenes e incluso menores, vestidas con la rocambolesca moda de turno, se congrega en centros de estética que abarcan bloques de pisos y calles al completo. En el gran negocio de los complejos.

De la mano de sus padres piden dejar de ser “defectuosas”. O lo que es peor, a veces incluso ni siquiera lo piden. En muchos casos la idea surge de los propios progenitores, quienes deciden “agasajar” a sus niñas con el cambio para darles más oportunidades de triunfar en la vida, invirtiendo sumas astronómicas por la visión de un mejor marido o trabajo.

Más allá de sentimientos humanos o el rechazo al origen, no podemos limitarnos a hablar de estas intervenciones como de simples procedimientos de belleza. Se está repudiando a toda una raza, afirmando sin ni siquiera ser consciente que de alguna forma, lo bueno no se corresponde con lo patrio.

Tras operaciones de párpados para agrandar el ojo, sustituidas chabacanamente por peligrosos pegamentos ante la falta de efectivo, e intervenciones para modificar la mandíbula, nos encontramos con más ocurrencias como mínimo igual de sorprendentes. Efectivamente, la última moda en Corea del Sur consiste en nada menos que eliminar la conexión de debajo de la lengua con el inferior de la cavidad oral. El dudoso objetivo, por lo visto, sería una mejor pronunciación del inglés. Otra prueba irrefutable de que lo de la globalización, en algunos casos, se nos va de las manos.

Con todo no se queda atrás la madre de los ideales de belleza, el punto de referencia, la vieja Europa. Olvidadas por el interés comunitario, lacras como la bulimia o la anorexia constituyen algo frecuente en estas sociedades. De esta forma, la autodestrucción total de vidas enteras. No estamos hablando de simplemente dejar de comer, con las consecuencias físicas que eso puede acarrear. Es la aversión total a lo que se es.

Ni Beyoncé perdería su capacidad vocal por llevar su pelo al natural, ni Julia Roberts interpretaría peor por utilizar una talla grande. Pero las preferimos así, sin romper moldes. Aplaudimos a Kate Winslet por dar discursos motivadores mientras seguimos dejando que se rompan espejos. Mientras incluso lo incentivamos, detectando y condenando cada indicio de diferencia a la perfección establecida. Mientras llevamos por lema frases como “para presumir hay que sufrir”, y soñamos con ser princesas de largo cabello dorado.

Coral Revella Meira (Vigo, 1997), realiza estudios en el grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha sido galardonada con premios de relato corto y juvenil, de mano de instituciones públicas a la par que de empresas privadas como Cocacola. Estos textos fueron redactados tanto en lengua española como gallega. También ha sido traductora al español de la guía en el proyecto Open Street Map.

Imagen obtenida de www.elrincondemoda.com

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