El Millonario Negocio de la Guerra

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Por: Gerard Fuentes Garay

Una de las imágenes más perdurables de la guerra, es la bandera americana izada en la isla de Iwo Jima el 23 de febrero de 1945; fue un momento decisivo durante la segunda guerra mundial en el Pacífico; una batalla con marines americanos por un lado y japoneses atrincherados por otro, peleando por un objetivo estratégico. Un precio en vida altísimo: cerca de 7000 americanos y 21000 japoneses.

A pocos días de celebrar un aniversario más de aquel acontecimiento, la matanza de Iwo Jima plantea una pregunta básica sobre la guerra, ¿Son inevitables tantas muertes?

La guerra ha sido quizá, la fuerza motora de la historia humana. El objeto de la guerra es vencer, pero la victoria no solo depende de la fuerza ni la estrategia militar, sino también de la voluntad, que no solo es consecuencia de la defensa de la soberanía de un pueblo, sino también de la voluntad propiciada en favor de muchos beneficios.

En toda la historia, han existido aspectos controvertidos en los conflictos bélicos que han ido desplazando a un segundo plano la paz como primer objetivo, y por el contrario, ha permitido el asomo de una forma cada vez mas escabrosa al interés mercantil, como el verdadero y más fiel objetivo, tildando como mercenarios y culpables de los derramamientos de sangre en cada conflicto, tanto a gobernantes, instituciones y mafias.

Tres en la palestra: las compañías privadas de seguridad, las instituciones financieras y el comercio de armamento (legal e ilegal).

Empezaré con las compañías privadas de seguridad; las cuales han operado de manera exitosa en los últimos años en distintas partes del mundo, otorgando seguridad a instituciones de diversa índole. Su mayor inyección de liquidez la tienen claramente en los países donde los conflictos son el pan de cada día. El conflicto bélico por excelencia como claro ejemplo de este planteamiento, fue la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos.

En 2003; al principio de la guerra en Irak, por cada 100 soldados había 10 privados. Para el 2006, por cada 100 soldados había 33 privados. En 2007, por cada 100 soldados había 70 privados; para julio del mismo años habían mas militares privados que soldados en Irak.

Esto ha sido una constante hasta nuestros días, donde las compañías privadas ven como carne de cañón la intromisión militar en distintas partes del mundo, como una oportunidad de negocio rentable, eficaz y necesaria para subsistir.

Hubo un aspecto controvertido en este conflicto bélico. Durante los años de la invasión, Estados Unidos había gastado millones de dólares en Irak, muchos de los cuales iban a parar a las arcas de compañías privadas, que ofrecían al ejército estadounidense todo tipo de servicios, sobre todo en lo que concierne a la seguridad. Mientras en aquellos años el ejército norteamericano se encontraba con problemas para encontrar tropas, las compañías privadas a la caza de un contrato en Irak, surgieron como setas.

Estas compañías suministran todo tipo de servicios a las bases militares, además de proteger a los diplomáticos y militares de alta graduación. En aquel momento, llegaron a convertirse en número, en la segunda fuerza en Irak, tras el ejército estadounidense y muy por encima de otras tropas aliadas.

Actualmente, con el progresivo incremento de las subcontratas, el pentágono permite que importantes funciones militares; que hasta ahora realizaba el ejercito; quede en manos privadas; de contratistas a la espera de ese tan ansiado lazo mercantil.

La pregunta clave que nos podemos plantear es: ¿Hay dejación de responsabilidad por parte de los gobernantes?

Existen decenas de contratistas privados que viven y trabajan en el lugar donde se llevan a cabo los conflictos. En Irak por ejemplo, el negocio de la guerra develó las ventajas que al sector privado le propiciaba tal contienda; una maquinaria de hacer dinero que convirtió este asunto en algo controvertido.

Las explanadas donde Sadam pasaba revista a sus tropas, eran utilizadas en su momento por guardias de seguridad para practicar la conducción bajo fuego de artillería. El Irak ocupado estaba plagado de vigilantes armados por todos lados. El cuerpo de ingenieros que trató de reconstruir las infraestructuras del país, no utilizaron soldados para su protección; por el contrario, contrataron el trabajo fuera. La compañía ni siquiera fue norteamericana; me refiero a la compañía inglesa Erinys. Para esta compañía, la seguridad en Irak fue un perfecto negocio, ya que se facturó más de 150 millones de dólares.

Otra de las empresas contratistas más destacadas es Balckwater USA (ahora nombrada Academi); actualmente es la contratista privada más importante del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Asume el mando por encima de los soldados norteamericanos; facturando durante la Administración Obama la suma de 250 millones de dólares.

Como resultado de las prolongadas operaciones militares, estas compañías engrosan de manera significativa sus capitales, no solo gracias al presupuesto estatal, sino también al incremento de la deuda pública. Un aumento que según los expertos va acompañado de una disminución radical de los bolsillos de los contribuyentes.

En segundo lugar, tendré el honor de mencionar a los grandes ganadores de una guerra: las instituciones financieras, por supuesto; que finalmente empiezan a movilizar sus inversiones en todo lo que tiene que ver con la guerra; como la industria del hierro por ejemplo, o sencillamente con la reconstrucción de las ciudades, producto de la guerra misma.

El analista e investigador de Global Research (Centro para la investigación de la globalización) Richard K. Moore en su libro “El plan de la élite para el nuevo orden mundial” nos dice que: “Millones mueren en las guerras, infraestructuras son destruidas, y mientras el mundo se lamenta, los banqueros cuentan con ganancias y hacen planes para sus inversiones en la reconstrucción de las posguerra”.

Pero añadiría algo más; si bien es cierto que por un lado está la reconstrucción, por otro está también el tema de las materias primas, con lo cual se hacen armas por ejemplo, vestimenta para los soldados, alimentación, etc.; y por si fuera poco, como estas instituciones tienen sucursales bancarias en distintos países, lo que hace que en consecuencia, el país que ataca y el país que es atacado se presten dinero con intereses diferentes. Esto señores tiene nombre y apellido: Ganancia descomunal.

Y es que el país derrotado se queda roto económicamente, no tiene como reconstruir, y claro, tiene que recurrir a estas instituciones bancarias de las cuales obtienen un crédito que puede llegar a ser mucho más grande que la usura normal; es a ese precio o nada. Conclusión, no conviene la paz, necesitan destruir para volver a construir.

Por ejemplo, en la crisis de Crimea de 2014, la toma de Ucrania por parte de Rusia es donde los Estados Unidos fijaron sus mayores intereses económicos, de allí los bloqueos sociopolíticos y económicos; además se involucró la Unión Europea. Todo ello genero una presión económica asfixiante a los rusos.

En el conflicto con Hammas en la franja de Gaza (conflicto Palestina – Israel); detrás de todos estos conflictos, muchos países, entre ellos Estados Unidos se lavan las manos no teniendo una intervención directa, solo de palabra con bloqueos a la distancia, pero finalmente son los que financian y los que se pueden ver completamente beneficiados por todos estos conflictos.

Volviendo a la segunda guerra mundial; ya se sabía que esto iba a ocurrir, cuando después del ataque a Pearl Harbor por parte de los Zeros japoneses, Estados Unidos decide entrar en la misma. Luego del ataque, el presidente Franklin D. Roosevelt declaró que tal ataque fue “un día que vivirá en la infamia”. Un día de infamia seguramente, pero no por el supuesto ataque sorpresa de Pearl Harbor.

Luego de años de información saliendo a la superficie, se constató que no sólo el ataque a Pearl Harbor era conocido semanas antes; sino que también fue deseado y provocado. Se pudo corroborar el interés de los banqueros internacionales por entrar en la guerra; y como hemos visto, nada es más beneficioso para ellos que eso mismo.

En los meses que precedieron al ataque de Pearl Harbor, se hizo todo lo posible para enojar a los japoneses, mostrando una postura de agresión. Se detuvieron todas las importaciones japonesas de petróleo americano, se congelaron todos los bienes japoneses en Estados Unidos, se hicieron públicos préstamos a la China nacionalista y se entrego ayuda militar a los ingleses, ambos enemigos de Japón en la guerra; que dicho sea pasó, viola las reglas de guerra internacionales. El 7 de diciembre Japón ataco Peral Harbor matando a 2400 soldados. A Estados Unidos no le quedo otra que entrar en la guerra; excusa perfecta.

Vale decir usura y genocidio son los mejores componentes para los bancos a la hora de velar por sus intereses; porque cuando los banqueros no propician las guerras, al menos se quedan callados para no evitarlas. Y es que estas instituciones pueden fabricar, construir y potenciar una guerra teniendo los tentáculos dentro del gobierno, con parientes que tengan que ver con empresas, o que sean dueños de las mismas, ya que probablemente y posteriormente sacaran un tremendo y jugoso negocio entre manos.

Como es el caso de Dick Cheney, vicepresidente de los Estados Unidos en los tiempos de la campaña bélica en Irak. Fue uno de los impulsores para que el país norteamericano incursionara en la guerra; y una de las empresas que iba a ganar dinero a manos llenas con este acontecimiento, le pertenecía a él.

Ya que Irak se convirtió en una fuente de ganancias para varias empresas privadas. Según un informe del Financial Times, estas firmas obtuvieron una cifra de 140 millones de dólares. Las 10 contratistas más importantes se llevaron prácticamente la mitad de esta suma. Su mayor parte, es decir unos 40 millones de dólares, fue a parar a Kellogg Brown & Root; la filial de Halliburton; dirigido por Cheney. Definitivamente una joyita el hombre, con su premio Nobel de la Paz y todo. 

Y llegamos al último punto, el que cierra este tridente: el negocio de la venta de armamento militar. Mercado muy competitivo pero a su vez muy rentable. Estamos hablando entre 15 mil euros por una ametralladora y entre 1000 y 3000 euros por un fusil de asalto; y estas armas no se venden por unidades, sino por cargamento. Una venta caída puede producir perdidas catastróficas, porque la empresa fabrica unas cantidades industriales de armas y municiones; que si bien es cierto dan de comer a miles de familias, personas normales y corrientes que se dedican a la fabricación de las mismas pero que no se ajustan a la imagen que tenemos de los comerciantes de armas; forman parte de las noticias sangrientas de los informativos. La guerra de Irak y los bombardeos en Afganistán en su momento, la lucha antiterrorista en la actualidad; conflictos que provocan pérdidas considerables de vidas humanas; inocentes que nada tienen que ver con el conflicto; son actos que convierten a estas compañías en actores ineludibles en los campos de batalla. Y es que el comercio de armas se ha cuadriplicado en los últimos 20 años.

Pero esta actividad no sería lucrativa si no existiesen países que invierten en poderío militar. Un estudio realizado por el Instituto Internacional para la investigación de la paz de Estocolmo., nos muestra en un plano más general la distribución monetaria para tal fin en las distintas regiones del planeta.

Entre los mejores clientes de estas compañías de venta de armas, está los Emiratos Árabes Unidos. Este país no solo compra coches y yates de lujo, cada año gastan además millones en la compra de armas de guerra. Esto por la sencilla razón que se encuentra en el corazón de oriente próximo; una zona que es un polvorín, y con un vecino amenazador, Irán.

El acontecimiento emblemático del país árabe es sin duda “El Salón Internacional de Defensa”, uno de los mayores supermercados de defensa del planeta. Militares de alto rango, príncipes, ministros, grandes industriales, invitados selectos; todos van allí para el espectacular desfile de maquinas de muerte, para una batalla que en primer lugar será comercial. Los clientes que asisten a tal gala disponen de los mayores presupuestos del globo.

Entre las compañías que más armas venden en el mundo tenemos:

1.- LOCKHEED MARTIN (EEUU) 36, 270 millones de dólares

2.- BOEING (EEUU)   31,830 millones de dólares

3.- BAE SySTEMS (REINO UNIDO)   29,150 millones de dólares.

(FUENTE: Instituto Internacional para la investigación de la paz de Estocolmo – 2015)

Esta magnitud de gananciales, atrae no solo a compañías montadas con ese fin; sino también a traficantes de armas, los cuales desafían todas las leyes y alimentan los conflictos. Allí tenemos la figura de Viktor Bout, conocido como el “mercader de la muerte”. Considerado el mayor traficante del mundo, principal proveedor de los señores de la guerra más sanguinarios; hizo fortuna con la venta ilegal de armas en todo el planeta.

Definitivamente el comercio de armamento es un tema que levanta ampollas; donde existen intereses en conflicto, donde cada quien tira a su lado sin importar las consecuencias; un comercio donde muchas veces es difícil saber con quién se está negociando verdaderamente, lo que hace que diferentes organizaciones tilden a estos presuntos sospechosos de “clientes prohibidos”.

La ONU y la Unión Europea; a través del instituto nacional para la investigación de la paz de Estocolmo; han publicado listas de países y grupos armados bajo embargo. Entre otros encontramos a los talibanes, Corea del Norte, Sudán entre muchos más; pero son reglas de juego que no todo el mundo parece respetar. Los territorios bajo embargo representan una excelente oportunidad de negocio para los traficantes de armas ilegales.

A mi entender, nos desenvolvemos en un mundo donde las múltiples campañas por la paz, viene acompañadas por propuestas de desarme que no han tenido éxito, la acogida ni la respuesta que se esperaba. Emprendidas desde cumbres y foros mundiales por las grandes potencias. Cuando se tratan de convencer de las bondades del desarme, las pequeñas naciones soberanas responden. “Si, me parece perfecto…pero desármese usted primero.” Lo paradójico es que la política exterior de paz de las grandes potencias se contradice, cuando se quiere establecer la paz, mediante la guerra. No olvidemos que la “imposición de paz y orden” mediante guerras e invasiones militares cruentas, nunca han sido solución para lograr la paz.

Y es que claro, existen hombres que financian guerras y que necesitan estos grupos políticos con los cuales tienen sociedades de negocios privados, y que finalmente suman a sus arcas cientos de miles de millones de dólares. Y supuestamente ellos defendiendo una patria, un escudo y la libertad; lo que hacen es simplemente simular ataques para luego poder ir a la guerra, mientras son otros los que mueren realmente. Y estas guerras que son financiadas obviamente por el aporte fiscal de todos los ciudadanos, ellos se lo quedan porque son los que entregan la materia prima para la guerra; negocio redondo.

Vivimos en una cultura de la guerra, donde la obscena muerte cotidiana y militar de los conflictos armados, entran en nuestras vidas por la pantalla del televisor y ordenador. Y es que tanto el siglo XX como el siglo XXI han logrados ser una buena fuente de ingresos, ya que durante todo este periodo se han y se están desarrollando las guerras mas privatizadas de la historia, donde la acción militar es fuente vital de este tridente, que tiene un solo objetivo: ganar dinero. El “cómo” es absolutamente irrelevante, lo único preponderante son las cifras, las cuales confirman que la guerra es uno de los mejores negocios para algunos países, otorgándoles importantes beneficios. El gran problema es que necesitan alimentarse cada día de nuevas guerras, por eso hay que inventarlas. ¿Qué harían estos gobiernos, entidades y compañías si hubiera paz?; por eso que todas las guerras se basan en el engaño y en la manipulación de masas.

Ansias de mantener y obtener el poder, manipulando y cometiendo actos injustificados y barbáricos en el mundo, solo para velar por sus intereses; lo que nos hace pensar que el asesinato es una herramienta más de los gobiernos, el cual se apoyo en las tres íes perfectas de la población: Ignorancia, Inconsciencia e Ingenuidad.

Esto no desaparecerá, hasta que no nos demos cuenta de que el armamentismo, los mercados financieros y las compañías de seguridad, se sostienes porque la venta de armas, los préstamos financieros y la inestabilidad e inseguridad en varios países respectivamente, son uno de los negocios más lucrativos de la economía capitalista. Donde no hay conflictos armados, se inventan; la paz es un mal negocio.

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen obtenida de www.washingtonpost.com

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