China, y Otras Limitaciones para el “Despertar Africano”.

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Por: Cristina Rascón

En general cuando pensamos en el continente africano tendemos a imaginarnos a esa región olvidada, llena de guerras y pobreza; esa imagen ya no refleja más la realidad. En esta última década se ha comenzado a hablar del “despertar africano”, principalmente desde una perspectiva económica.

Sí es cierto, que este término puede resultar un tanto genérico, ya que hablamos de un continente de dimensiones gigantescas y con situaciones muy dispares dentro del mismo, sin embargo, se ha acuñado este término, para así destacar el hecho de que no solo la principal potencia económica, Sudáfrica, está en auge, sino que regiones en un estado menos desarrollado, están experimentando un progreso extraordinario, comparado incluso con el desarrollo de algunos países asiáticos. Así, Nigeria (la nueva potencia), Senegal, Costa de Marfil, Kenia, Etiopía, Angola, Uganda, Ruanda… están experimentando un gran aumento en su PIB.

Las previsiones también son optimistas respecto a este prometedor crecimiento africano, como explica Luis Padilla, experto en África de la OCDE, para el periódico El País, existen ciertos factores claves para este desarrollo “la fuerte demanda de materias primas por los países emergentes, el boom demográfico, una clase media en ascenso, un mercado interno más dinámico y una creciente inversión extranjera” principalmente procedente del gigante Asiático, China.

En plena expansión económica, China ofreció fondos de financiación e invirtió en el continente. Las inversiones chinas, se deben de interpretar en una forma distinta a la que se tiene por la idea convencional de inversión: en este caso, el hecho de aportar una gran suma de dinero no era suficiente, sino que primero se debían de crear unas infraestructuras básicas para poder formar un verdadero vínculo comercial.

China, asignó billones de dólares para la construcción de carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y plantas energéticas; principalmente destinados a Nigeria y Etiopía. Así, comenzó una relación fructífera para ambos, África conseguía las inversiones necesarias que le permitían exportar las materias primas hasta China, que de esta forma consigue materiales y mano de obra barata.

Hubo muchas críticas respecto a estas inversiones, muchas agradecían la forma en la que China trataba a la industria del continente, como iguales, al contrario que otras potencias como Europa o Estados Unidos; de otra manera, existen otras críticas que acusaban al país asiático de aprovecharse de la situación de desventaja política, social y económica en la que se encontraban estos países.

Sin embargo, estos últimos meses, China ha experimentado el crecimiento más bajo desde 1990, lo que ha repercutido en mercados de todo el mundo, incluido el africano. En 2015, se anunció una reducción de las importaciones africanas de un 40%. Lo que supuso un desgaste económico muy importante para el continente, debido a que China es su principal socio comercial. Esta carencia de inyección de dinero extranjero ha desencadenado en los países africanos un parón económico muy importante.

En el caso de Sudáfrica, China era su principal exportador de hierro, sin sus exportaciones la economía ha sufrido un gran desplome tanto en la industria minera, como en la agraria. A eso se le suma el descenso de los precios mundiales de las materias primas, acrecentado por malas políticas gubernamentales. La caída del precio del crudo y los conflictos de la zona provocados por el régimen de Boko Haram, han afectado mayormente a la economía de Nigeria. Para Zambia, las bajadas del precio del cobre también han sido decisivas para su economía.

Aunque los países africanos son muy distintos entre sí, podemos vislumbrar claramente, obstáculos comunes que están impidiendo el progreso económico de la zona. En primer lugar el desplome de los precios de las materias primas, como el hierro, el crudo y el cobre, es determinante, ya que el continente africano se sustenta con una industria esencialmente primaria; por consecuencia, cualquier oscilación de los precios provocan grandes cambios en los estándares de estos países.

Si a la ausencia de financiación extranjera se le suma el descenso de los precios, además de una mala política gubernamental, influida por los lobbies y con claras ausencias de poder estable, se le añade un colapso de las monedas locales, el resultado es una recesión económica importante; que es la situación en la que se encuentra África en general, y los países antes nombrados principalmente.

A causa de estos eventos, encontramos muchos escépticos que opinan que el continente africano difícilmente saldrá a flote como cualquier otro de los países occidentales, y solo quizás con el transcurso de los siglos dejará de ser una región en vías de desarrollo.

Sin embargos algunos expertos afirman que el futuro de África es mucho más optimista. Un ejemplo es Mbuyi Kabunda Badi, quién en una entrevista para el periódico El País, explica los puntos fuertes de África y demuestra su potencial para ser un continente decisivo en un periodo de tiempo de un siglo.

Mbuyi es tajante en cuanto a las medidas necesarias para conseguir poner en marcha este proyecto tan prometedor. En primer lugar, “África debería de dejar de ser un continente solamente de materias primas”, la tercera parte de los recursos naturales del mundo y la mitad de las tierras cultivables están en África, sin embargo, para que se aprovechen realmente, es necesaria una revolución industrial, como ha ocurrido en casi todos los países occidentales. Otra de las claves, es invertir en infraestructura y sobretodo en redes eléctricas, actualmente la electricidad que se consume en todo el continente es la misma cantidad que en España; es muy difícil sacar adelante una renovación socio-económica sin una inversión en I+D o infraestructuras.

Todo el continente está poblado por un total de 1.200 millones de habitantes y un 70% de ellos son menores de 20 años; es el continente con la población más joven del mundo, por eso es esencial conseguir los medios para educarlos. Si se consigue escolarizar y promover las facilidades para que todos esos jóvenes fuesen a la universidad, el continente ganaría en profesionales especializados y con conocimientos avanzados, lo que evitaría esa fuerte dependencia que actualmente tienen con los países extranjeros. Para conseguir dar un giro completo a la situación del continente deben de dejar de ser un continente “colonizado” y para eso tienen que “tomar las riendas de sus economías, de su destino”, según cuenta Mbuyi, quien se considera a sí mismo un “afrooptimista”.

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