La condena de los LGBT en el mundo Árabe

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Por: Silvana Zarzar

En los últimos años hemos sido testigos de cómo muchos países del mundo Árabe se han ido abriendo camino hacia libertades políticas y sociales, un reclamo que sus gentes hacían a sus gobernantes dictatoriales en forma de revolución. La opresión, la falta de libertades y la mano dura de los regímenes llevo a muchos a manifestarse en las calles un Enero de 2011.

Celebrando el quinto aniversario de estas revoluciones, son muchos en el mundo occidental los que creen que estas revoluciones triunfaron en algunos casos y fallaron en otros. Sin embargo, si miramos detenidamente la situación de países como Túnez, el cual muy comúnmente es puesto como ejemplo de triunfo revolucionario, podemos ver que la revolución se quedó estancada en un aparente proceso de transición democrática. El régimen ha cambiado, pero la economía y la sociedad aún necesitan otra revolución.

Las sociedades árabes, unas menos radicales que otras, piden a gritos una separación entre la forma de hacer política, filosofía de vida y religión. El problema en muchas de estas sociedades es la constante justificación de la vida pública y los juicios sociales en su sagrado Corán. Las sociedades árabes son aún muy dependientes de su religión, por mucho que se haya intentado imponer regímenes laicos y más “occidentalizados”.

Como ejemplo de este estancamiento social, podemos observar como la situación de minorías sociales, como los LGTB, es aún muy condenada. La realidad es que el comportamiento homosexual está actualmente penado en todos los países árabes, aunque eso sí, en diversos grados e incluso podemos encontrar limbos legales, como en Palestina. Con la mera excepción de Jordania, legalmente hablando las penas varían desde multas y cárcel (Marruecos, Omán, Argelia…) hasta casos más extremos como la pena de muerte y la lapidación pública (Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, respectivamente).

Todo esto, a pesar de legislaciones, tratados y todo tipo de convenios internacionales vinculantes entre los estados signatarios, los cuales incluyen a muchos países musulmanes mencionados anteriormente. Desde 1994 el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha regulado que tales leyes violan el derecho a la privacidad garantizada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Estamos pues, ante un claro ejemplo de la ineficacia del derecho internacional y la necesidad de reforma de las instituciones internacionales que lo ejercen.

Pero más allá de las sanciones legales, las consecuencias de no solo la sodomía sino cualquier sospecha o rasgo que deje intuir una alteración en las preferencias sexuales que no sea la tradicional heterosexualidad hombre-mujer, tendrá también duras consecuencias sociales. Fue en el año 2015 cuando tímidamente, se establecieron las primeras asociaciones legales que protegerían a este grupo colectivo en Líbano y Túnez.

Tomando como ejemplo a Túnez, país pionero en el mundo árabe en materia de libertades y orgullo de la revolución, veremos que muy tímidamente el gobierno ha tratado el tema como ejemplo de la libertad de expresión que intenta promover, algo que ha sido altamente criticado del antiguo régimen de Ben Ali. Desde el 14 de enero, algunos medios de comunicación han hablado de la homosexualidad manteniendo un enfoque moralizador para evitar las críticas, y el único político que se ha atrevido a hablar del tema es nada más y nada menos que Samir Dilou, antiguo ministro de Derechos Humanos y cuyo única aportación al problema fue plantear una posible cura a la “desviación psicológica” que supone ser homosexual.

En 2014, el nuevo gobierno aprobó una nueva Constitución que parece hasta la fecha poco haber cambiado la realidad de la situación. A pesar de que en teoría, en el papel se derogó el artículo 230 del código penal, el cual castigaba la sodomía, en la práctica nada ha cambiado. Como consecuencia del miedo social y político a hablar del tema, el cual en el mundo árabe se intenta esconder y pasar desapercibido como una vergüenza social, las víctimas evitan la confrontación y prefieren permanecer a la sombra, quedándose sin voluntad de movilización y representación entre las estructuras de la sociedad civil.

Son muchos los que consideran el antiguo artículo 230 como inconstitucional, ya que la Constitución debe velar por la vida privada de sus ciudadanos. La sexualidad debería ser ajena, este artículo es pues una violación de la vida privada. Aziz, nombre que se ha designado un homosexual Tunecino para esconder su verdadera identidad, declara lo siguiente: “si dejamos esta puerta abierta, otros derechos serán pisoteados en nombre del conformismo y la religión”.

Túnez sigue siendo un país homófobo donde las personas LGTB están obligadas a ocultar su tendencia sexual, abandonar el país o a sufrir las consecuencias judiciales y las agresiones físicas y morales impunes. Aquí, la creencia común es que la homosexualidad es una enfermedad con la cual o bien se nace o se elige a lo largo de los años. Los más apiadados, intentan ayudar a los “afectados” buscando ayudas psiquiátricas. La gran mayoría es aún incapaz de comprender la manera de amar de unos pocos.

Así es tal y como lo detalla Aziz: “Estamos obligados todo el tiempo a ocultarnos o fingir. Con el paso del tiempo, la prudencia termina convirtiéndose en paranoia. Tenemos miedo al espionaje en internet o a las escuchas telefónicas. La ley 230 del Código Penal nos pesa cada vez más. Algunos pretenden tener una novia, otros se casan directamente para acallar los rumores y hacerse aceptar por la sociedad. Pero la mayoría guarda a su mejor amigo-amante que todo el mundo mira con desconfianza. Personalmente, me niego a jugar esta farsa. Con el tiempo, he aprendido a robar algunos momentos de felicidad e intimidad de manera segura y sin hacer ruido. Mi familia y mis amigos íntimos están al corriente y eso no me importa tanto…”.

Como vemos, el trecho pues entre la teoría y la práctica es aún bastante grande. Incluso con una revocación de las leyes a favor del colectivo LGTB, aún queda un largo camino por recorrer en las sociedades árabes. La discriminación social y los castigos con violencia aún están a la orden del día, no solo en las calles sino también por parte de las autoridades que muchas veces intentan ejercer el castigo por cuenta propia, ajenos a la ley.

Como reivindicación de la necesidad de separar la religión de la vida tanto pública como privada, son muchos los artistas en el mundo árabe que se han manifestado a favor de un urgente cambio de mentalidad social, que debe ser impulsado por los líderes de la región. Las opiniones islámicas sobre la homosexualidad pueden ser muy variadas, y a pesar de que muchos sostienen sus argumentos basándose en el Corán y el Hadiz, (según algunos incluyen condenas contra las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo). Sin embargo, cierto es también que la temática ha estado muy presente en la literatura clásica del mundo islámico. En la poesía árabe clásica se celebra muy a menudo el amor masculino, e incluso algunos de los más importantes poetas árabes como Abu Nuwas, fueron abiertamente homosexuales. Por ir un poco más lejos, Las mil y una noches, el ejemplo más conocido de la literatura popular árabe medieval, abunda en referencias al amor homosexual.

La fotógrafa palestina Laura Boushnak, interesada desde siempre en la reforma cultural en el mundo árabe, se mantiene positiva en el tema e intenta transmitir el cambio a través de su trabajo. El arte sigue siendo pues a día de hoy la mejor manera de transmitir ideales. En su serie Out of Beirut’s Closet (Salir del armario de Beirut) nos invita a viajar hasta la realidad LGBT de la capital del Líbano, y es que Beirut es una de las pocas ciudades del mundo árabe donde la homosexualidad se discute de forma abierta… aunque con limitaciones también.

Caminando por las calles del barrio de Hamra se encuentran numerosos bares de ‘ambiente’, muestra de la evolución de la sociedad libanesa y los medios de comunicación en los últimos años. Sin embargo, Líbano es aún un país que posee una legislación dura con el colectivo. A pesar pues de que la sociedad libanesa sea más liberal que sus países vecinos, los LGTB sufren aún discriminación, amenazas y acoso. Contra esa situación de discriminación luchan entidades como Helem (‘sueño’ en árabe), la primera organización del mundo árabe dedicada a la lucha contra la homofobia.

Por tanto, tenemos dos ejemplos de dos de los países árabes más liberales. En el primer caso, Túnez, vemos cómo aunque se haya erradicado la pena de cárcel sobre actividades homoeróticas, en la práctica y en lo que concierne la integración social del colectivo aún queda mucho por hacer. Por otro lado, el caso de Líbano demuestra el caso de una sociedad que ha comenzado a desarrollar un largo camino de sentimiento de aceptación hacia los LGTB. Sin embargo, la legislación aún no ha sido derogada. La pregunta es pues, debe el cambio ser impulsado desde arriba o desde abajo. Debe ser la misma gente, o más bien un gobierno progresista y de cambio que intenta acercarse en materia económica a los países occidentales, los que impulsen también un acercamiento social y cultural. No se puede pretender avanzar en unas cosas y retroceder en otras, si una revolución busca el cambio debe de ser el todos y cada uno de los sentidos de la vida humana, social, económica y políticamente hablando.

Silvana Zarzar es recién egresada en Relaciones Internacionales por la URJC de Madrid, interesada en campos de investigación de legislación internacional, derechos humanos y ayuda humanitaria. Actualmente trabaja para la Asociación EUROMEDEVE en Túnez dando apoyo a programas educacionales para la juventud local. Próximamente realizará unas prácticas profesionales en ACNUR Ecuador en el departamento de Protección a Refugiados en Quito.

Imagen obtenida de www.thetower.org

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