Preocupación y Escepticismo ante la Bomba de Hidrógeno Norcoreana

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Por: Jesús Suárez

El pasado 6 de enero se registraron en Punggye-ri una serie de temblores de los que, posteriormente, el régimen norcoreano se encargaría de clarificar. Se trataba de la cuarta prueba nuclear en la historia de dicho Estado aunque esta vez, según la propia República Popular Democrática de Corea, no sería similar a las anteriores. 2006, 2009, 2013 y 2016 son las fechas exactas en las que han tenido lugar las ya citadas pruebas y todas ellas en la misma localización, Punggye-ri. Aparentemente consiste en un terreno montañoso, aislado, sin ningún tipo de atractivo, pero el lugar idóneo para acometer los ensayos.

Desde que en 1945 Estados Unidos lanzase las conocidas Fat Man y Little Boy sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente, el mundo entero ha sido conocedor de los efectos devastadores que pueden acarrear las bombas atómicas. Sin embargo, el temor que ha suscitado en la comunidad internacional dicha noticia es debido a su carácter, siendo de hidrógeno en este caso.

Mientras que las bombas atómicas se basan en una fisión nuclear de los átomos de plutonio o uranio, es decir separándolos; las bombas H se basan en la fusión de dos o más átomos de hidrógeno para convertirlos en uno solo. A pesar de que esta última precise de una técnica más compleja, concretamente requiriendo tres fases (fisión, fusión, fisión), sus consecuencias son miles de veces más destructivas que las de una bomba únicamente de fisión nuclear.

Ante esta situación la alarma generalizada se disparó inmediatamente, al igual que el posterior aluvión de reacciones por parte de los distintos actores internacionales. El Consejo de Seguridad se reunió de forma instantánea para tratar el asunto y estudiar la posibilidad de establecer nuevas medidas para este país. Los quince miembros del Consejo han condenado rotundamente lo sucedido y lo han catalogado como una amenaza preocupante.

A la nación asiática ya se le había prohibido expresamente la realización de cualquier tipo de prueba nuclear o lanzamiento de misiles, así como el desarrollo de ambas industrias. Sanciones que no ha dudado en incumplir continuamente. Por esta razón desde las instancias de la ONU y en boca de su Secretario General, Ban Ki-moon, se entiende como un acto de desestabilización para la seguridad regional y como un desafío más desde Pyongyang.

“Le exijo a Corea del Norte que cese cualquier actividad nuclear adicional y que cumpla sus obligaciones para una desnuclearización verificable”, expresó el Secretario de las Naciones Unidas.

A pesar de las insistentes confirmaciones norcoreanas los expertos mundiales no se ponen de acuerdo acerca de la veracidad de dichas informaciones. “No estamos seguros de que se trate del ensayo de una bomba de hidrógeno” afirmó el ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguei Lavrov. Además de que no se puede obviar el hecho de que solo unos poco países poseen la tecnología y los materiales necesarios para fabricarla, como puede ser el caso de EEUU, Rusia y, posiblemente, China. Pero más allá de si Kim Jong-un ordenase detonar la bomba H o no, el Estado cuenta con un arsenal verdaderamente intimidante y al que hay que respetar.

De este modo, en lo que sí coincide la comunidad internacional es en la necesidad de atajar el conflicto nuclear para poder reducir la escalada de tensión política y militar de la zona. La desnuclearización es el fin a alcanzar y el punto de consenso entre los distintos sujetos internacionales. Este parece ser el mensaje que está calando, por el momento, en las altas esferas diplomáticas: el rechazo generalizado hacia una Corea del Norte nuclearizada.

Ante esta situación, la duda es saber por qué actúa de este modo el régimen socialista, mejor dicho Juche. Según sus autoridades se trata de una medida de autodefensa para asegurar su soberanía nacional contra todo tipo de amenaza, chantaje e injerencia provenientes de las fuerzas occidentales. Hasta hace bien poco la República Islámica de Irán compartía, junto con el país asiático, el título de rivales más hostiles para occidente. Sin embargo, los vientos de cambio que ha traído consigo el 2016 han dejado como enemigo público número uno a la república popular.

Este distanciamiento entre estos dos países, similarmente aislados internacionalmente, es fruto de varias razones. Para empezar norcorea no tiene ni petróleo ni una próspera clase media a diferencia del gobierno chií. Por si esto fuera poco no es comparable el valor estratégico que presenta un país con el otro, ya que el Estado iraní posee un gran poder de influencia en una zona tan conflictiva y delicada como es Oriente Medio, sin olvidarnos de que la economía persa muestra muchas más garantías y una gran capacidad de desarrollo. Así que la única estrategia que le queda a Corea consiste en subir la apuesta y esperar que el mundo la reconozca como una potencia nuclear con la que tendrá que lidiar. Sea verdad o no la existencia de la bomba H, la gran capacidad nuclear y armamentística son el seguro del país, y la prueba llevada a cabo en Punggye-ri fue una muestra de que no tiene intenciones de doblegarse por un mero levantamiento de sanciones.

“La posición de China consiste en evitar la distribución de armas nucleares y garantizar la paz y la estabilidad en el noreste de Asia”, declaró la portavoz del ministerio de exteriores chino, Hua Chunying.

La República Popular China ha sido el aliado histórico más importante de Corea del Norte, una relación que se remonta a la Guerra de Corea (1950-1953). En ella Pekín envió tropas a Pyongyang para combatir a Corea del Sur que, a su vez, contaba con la ayuda incondicional de EEUU. Desde entonces China se ha mantenido al lado de los líderes norcoreanos: Kim Il-sung, Kim Jong-il y, actualmente, Kim Jong-un.

A día de hoy la potencia asiática la sigue apoyando para evitar su desmoronamiento y las numerosas repercusiones que esto le podría provocar. Por ejemplo tendría que hacer frente a una oleada de refugiados, perdería el tapón que supone Corea del Norte ante tropas estadounidenses o surcoreanas, también vería un reforzamiento peligroso de sus enemigos regionales como Japón o Corea del Sur. Pero más allá de todas estas justificaciones, como ya se comentó antes, incluso China no puede apartar la mirada cuando de bombas nucleares se trata. El camino que está escogiendo Corea del Norte es, como mínimo, bastante turbulento y no puede permitirse el lujo de enojar al dragón asiático. Él es el único que permite aliviar el bloqueo que está soportando y continuar con ciertas relaciones comerciales a través de su frontera. El mensaje global es claro: nadie ve con buenos ojos una Corea del Norte nuclearizada. Nadie incluida la propia China que lo último que quiere es una desestabilización al noreste de sus fronteras.

Jesús Suarez es estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado de la escritura y la oratoria, considera que la palabra ha de dotarse de fuerza necesaria para que tenga la capacidad de informar al mundo.

Imagen obtenida de www.elespanol.com

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