“Todos tenemos precio”: El legado infame de la corrupción

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Por: Gerard Fuentes Garay

Una de las principales preocupaciones para la democratización de un país en cualquier parte del orbe, es la creciente insatisfacción existente con los partidos políticos; las cuales maneja una serie de variables destinadas a medir el correcto o incorrecto desempeño de los mismos. La principal: la corrupción.

La financiación de partidos y campañas; una necesidad de las democracias modernas; es una de las principales puertas de entrada a la corrupción. Cuando los representantes electos usan su mandato para favorecer intereses particulares antes que defender los intereses públicos, muchas veces existe una relación con los aportes efectuados por donantes para financiar las campañas de los candidatos y los partidos políticos. Si bien la relación entre financiamiento político y representación política es más compleja, la lógica de ‘quid pro quo’ (algo por algo) que hay detrás de muchos aportes de campaña, los aproxima a la definición de ‘soborno’.

No es por ello sorpresa que en la mayoría de casos de países víctimas de corrupción política, el común denominador sacado a la luz sea el favor político. Quiero hacer mención un apartado escrito por el filósofo y economista Friedrich A. Hayek en su libro Camino de servidumbre: “Cuanto más grande es la dependencia del mercado al poder regulador, mas importante es el favor político; y cuando influyes en el poder, es tentador corromperse”. Todo ello nos lleva a dos interrogantes: ¿hasta qué punto es necesario poner un límite regulador al financiamiento político? y, ¿cuál es el mecanismo legal para llevar a cabo tal prevención?

En casi todos los países, ciertas formas de financiamiento privado consideradas problemáticas están prohibidas o limitadas por normas que regulan el financiamiento político. Los sistemas regulatorios contemporáneos comúnmente consideran arriesgados los aportes de entidades que ejecutan obras para el Estado o que prestan servicios al Estado, que dependen de concesiones o regulaciones del Estado o que reciben del poder público subsidios u otros beneficios. Por lo tanto, están prohibidos o limitados. Lo mismo ocurre con los aportes de monto elevado, que podrían generar una relación de dependencia entre los candidatos y los donantes privados, amenazando la integridad de los futuros representantes. Las prohibiciones y limitaciones se extienden en muchos casos a los aportes de gobiernos extranjeros, de organizaciones criminales, y a los recursos de origen ilícito o las donaciones anónimas.

Por consiguiente; en esta coyuntura sistémica existe una marcha sincrónica entre la política, el dinero y el poder. Siempre han estado mezclados, aún en los países que parecen ser más democráticos y civilizados; los intereses privados de algunas personas y corporaciones logran penetrar en las decisiones del gobierno.

En tal sentido, es prácticamente imposible mencionar el tema de la corrupción sin que venga a la memoria escándalos relacionados a compras y negocios de Estado; porque señores: El poder económico siempre ha manipulado gran parte del poder político en muchos países.

Hace falta solo hacer remembranza a los últimos años, para darse cuenta que los temas de corrupción han estado presentes en varios países:

El caso del presidente alemán, Christian Wulff que a inicios de 2012; y tras solo un año de gobierno; tuvo que dimitir tras haber incurrido en un delito de tráfico de influencias, aceptando créditos privados de empresarios amigos que le valieron para comprar su casa familiar.

Berlusconi y sus múltiples casos de corrupción. El que fuera presidente de Italia, fue acusado en numerosas ocasiones de delitos de corrupción y en alguna de ellas declarado culpable. Uno de los casos más sonados fue el caso Mills, donde acabo siendo absuelto por prescripción del delito, en un juicio de primer grado que duro nada menos que cinco años.

En Grecia, el que fuera siete veces ministro socialista, Akis Tsochatzopoulos, fue condenado a ocho años de prisión y al pago de 520.000 euros por no declarar correctamente su patrimonio entre los años 2006 a 2009.

Y sin abandonar la República Helénica, llamó la atención el caso de Antoni Kantas. “Acepté tantos sobornos que no puedo recordarlos todos”, esa fue su confesión del jefe adjunto de las adquisiciones en el ministerio entre 1996 y 2002, que llego a reconocer ingresar unos 16 millones de dólares solo en sobornos. Sin lugar a dudas un caso escandaloso por definición.

España en los últimos años ha traído consigo una cadena de casos de corrupción que han parecido alimentarse una tras otra para su no extinción dentro del territorio ibérico. El “Caso Pujol”, que hace referencia al caso judicial donde se investiga a Jordi Pujol; político de ideología nacionalista catalana y presidente de la Generalidad de Cataluña entre 1980 y 2003; y otros miembros de sus familia, que a base de comisiones por concesiones hizo posible una gran fortuna, ocultando a Hacienda Pública durante 34 años un dinero ubicado en el extranjero. Fue un escándalo que generó gran controversia política.

La mañana del último martes 26 de Enero, España despertaba a la luz de otro escándalo político: “Detuvieron a 24 miembros del PP por corrupción”. La Guardia Civil había detenido a ex funcionarios de la Comunidad de Valencia y miembros del partido del presidente Mariano Rajoy por el pago de coimas, para otorgar la concesión de contratos públicos a nivel local y regional. Entre los detenidos está el ex presidente del PP en la provincia de Valencia y de la Diputación, Alfonso Rus, así como algunos de sus más cercanos colaboradores.

En el plano Latinoamericano; Vladimiro Montesinos; el ex asesor de Alberto Fujimori; es considerado el hombre más corrupto de la historia del Perú, se le acusa de varios delitos: Corrupción de funcionarios, “lavado” de dinero procedente del narcotráfico, tráfico de influencias, defraudación tributaria, tortura, asesinato y enriquecimiento ilegal. Actualmente es la persona condenada por corrupción que mantiene la más alta deuda con el Estado peruano por concepto de reparación civil, liderando la nómina con una deuda total de S/.549 millones de soles (160 millones de dólares). 

Es muy interesante el caso de Brasil; porque Brasil era un país que parecía haber despegado, era una potencia en movimiento. De pronto ¿Que es lo que frena eso y empieza a hacer retroceder a Brasil? Es la corrupción, que alcanzo tales niveles de apogeo en un gobierno que el mundo creía que era ejemplar, el de Lula Da Silva.

Brasil no se derrumbo por factores externos, ni por un desastre natural. Su economía se derrumbo tras el escándalo político por los pagos ilegales de la compañía petrolera nacional Petrobras a líderes del partido gobernante. El escándalo de cientos de millones de dólares, tuvo lugar cuando la actual presidenta; Dilma Rousseff; era miembro de la junta directiva de Petrobras. Todo ello provocó protestas masivas en todo el país.

México; una potencia económica emergente, logró una reforma energética del país para abrir su industria petrolera a la inversión extranjera, sumándole a ello otras reformas en el campo de la educación y la fiscalidad. Esta constante parecía estar llevando al país a unas tasas de crecimiento anuales de más del 5%.

Sin embargo, una serie de escándalos de corrupción, como por ejemplo, la compra de una mansión valorizada en 7 millones de dólares por parte de la actual primera dama; Angélica Rivera; y violaciones de derechos humanos como la desaparición de 43 activistas estudiantiles en la ciudad de Iguala en septiembre de 2014, sacudieron el país, creando un clima de pesimismo generalizado y un estado de desencanto político, que trajo como consecuencia un freno en las inversiones.

Algo similar ocurrió en Chile; que en años recientes crecía a tasas anuales del 5%, lo que la convertía en un de los países cuya tendencia económica era constante, solida y que iba a ritmos vertiginosos. Un escándalo de corrupción que involucra al hijo de la presidente Michelle Bachelet; junto con las reformas educativas y fiscales; que fueron fuertemente resistidas por la comunidad empresarial; desaceleró la economía a un crecimiento del 2.3%.

Y por supuesto, están los casos de Venezuela y Argentina, los campeones de la corrupción en Latinoamérica; donde una combinación de desastrosas políticas de Estado y el robo descarado por parte de funcionarios gubernamentales, han traído como consecuencia resultados económicos lamentables para América Latina.

Estos son unas pequeñas pinceladas; a modo de ejemplo; de corrupción política, ya que la lista es enorme. En muchos países los casos de corrupción están a la orden del día gobierno tras gobierno; muchos salen a luz y son castigados, pero en muchos otros aun permanecen impunes, porque aún queda mucho camino por recorrer para llegar al objetivo de la drasticidad para estos delitos; y hasta que no llegue ese momento, un corrupto no tendrá miedo.

Es discutible que los mecanismo utilizados para controlar este tipo de actos sean viables o no viables, efectivos o inefectivos; pero lo que es indiscutible, es la existencia de una asimetría política vigente en el mundo, dado que algunos países se caracterizan por sostener instituciones democráticas fuertes que controlan la toma de decisiones; pero lamentablemente en otros países las decisiones la toman a su antojo quienes tienen dinero y más poder.

Esto es un caldo de cultivo para creer que el gobierno es un mito, que todo está organizado para ello, para que el gobernante sea una figura decorativa y para que el sistema se perpetúe. La sociedad con todos estos actos ve mutilada su perspectiva, ya no importa quién gobierne, tras cada elección pasará lo mismo; gane quien gane, va a gobernar un país un sistema en el que los personajes políticos se dejan adiestrar por el dinero y domar por la ambición.

Hace falta solo echarle un vistazo al último informe emitido por el FMI en septiembre de 2015: El dinero que se pierde anualmente en el mundo por corrupción y evasión de impuestos principalmente, asciende a la escalofriante suma de 1.8 trillones de dólares.

Y es que; a medida de conclusión; allí donde empiezan los compadrazgos, la desigualdad, el autoritarismo, el abuso de poder, la impunidad, los favores políticos; allí donde el astuto vive del astuto y el tonto de su trabajo, allí despunta y se incrementa la corrupción. Y las administraciones de justicia tienen un papel protagónico a todo esto, ya que en muchos países conducen a la impunidad, y son las madres de las calamidades e injusticias sociales. Robar la dignidad de los derechos del pueblo, y el robo del dinero, son crímenes que deben ser castigados, ya que con estos actos lo que se está haciendo es vulnerar los derechos fundamentales de las personas.

Actualmente, nos encontramos con un panorama donde observamos que la lucha contra la corrupción empieza ya a caminar de manera severa; los discursos más encendidos contra políticos y empresarios corruptos, pasan a ser el centro de la oferta electoral de los candidatos al puesto de gobernante y parlamentarios. Los políticos en contienda electoral; desesperados por llegar al poder; incluyen el desenfreno verbal en sus discursos, al extremo de descalificar lo bueno que hizo el anterior gobierno.

Se necesita una autentica política de moralización en todos los poderes del Estado, para que no se confunda a los hombres honrados de los hombres bribones. Moralización si, pero con pruebas veraces, sin odio, sin rencor, sin venganza, sin complicidad, con los grupos de poder político y económico.

Hay que ser consientes que la responsabilidad de la erradicación de la corrupción, es tarea de los ciudadanos; pero también es tarea y responsabilidad de los periodistas, de los medios de comunicación social, de los poderes del Estado, de la educación axiológica en todos los niveles y modalidades educativas, y finalmente, de la voluntad política de los gobiernos de turno.

Y todo ello, para hacer conciencia de la necesidad de unir corazones, pensamientos y acciones, en la lucha frontal y común contra este flagelo de la humanidad, que día tras día se convierte en un juego amañado, donde siempre tiene como ganador a la plutocracia, y como gran perdedor al pueblo.

Gerard Fuentes Garay; finalizando el Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es un gran interesado a todo lo concerniente a este ámbito. Descubrió en el camino, que en realidad, gran parte de su entusiasmo es también todo lo que guarda relación con los negocios, y que ejercerlo a pequeña escala era una buena manera de comenzar. Aficionado al futbol, el coleccionismo, la lectura, los idiomas, los viajes, al aprendizaje de cosas nuevas; pero sobre todo, a compartir sus ideas, y plasmarlo en el papel es una de las mejores formas que conoce. “Porque a él le gusta oír cuentos, pero más le gusta deshacerlos”.

Imagen obtenida de www.posta.com.mx

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