La Utopía de una Reunificación Coreana

0

Por: Álvaro Céspedes 

Antes del período de colonialismo japonés que culminó en la Segunda Guerra Mundial, Corea existió brevemente como una nación unificada, pero en 1948, la guerra dividió la península en dos. A partir de un armisticio firmado en 1953, La República Democrática Popular de Corea (norte) y la República de Corea (sur) dieron por terminado el primer conflicto armado de la Guerra Fría.

Hasta el día de hoy las dos Coreas no han firmado la paz, por lo que, de manera legal, la guerra de Corea aún continua y la península está divida en dos en el paralelo 38.

El pasado domingo 7, el conflicto se reanimó cuando Corea del Norte lanzó un misil de largo alcance, parte de una reciente serie de ejercicios militares para demostrar a sus vecinos su enorme poderío bélico. Para Corea del Norte, el lanzamiento del misil fue considerado un éxito, mientras que de manera coordinada, la comunidad internacional condenó el lanzamiento.

Aunque hayan ocurrido ejemplos recientes de reconciliación (la reunificación alemana, la reapertura de embajadas entre Estados Unidos y Cuba y el pacto nuclear con Irán), la actitud agresiva y retadora de Kim Jong Un hace que el sueño dorado de millones de coreanos de alcanzar la reunificación coreana se vea cada día más lejano.

En discursos políticos, la reunificación es posible. La presidenta surcoreana, Park Gyeun Hye, mencionó en un discurso el año pasado que “las dos Coreas se podrían llegar a unificar en 2016”.

Los esfuerzos de acercamiento entre las dos Coreas han sido modestos y simbólicos. A lo largo de los años, han existido breves reuniones familiares de ambos lados de la frontera, siempre controladas por ambos gobiernos y cubiertas por numerosos medios. Asimismo, a partir de 2002 existe una zona industrial especial del lado del sur, donde cerca de 50,000 empleados norcoreanos cruzan diariamente la frontera a trabajar en fábricas controladas y pagadas por los dos gobiernos[1]. Por otro lado, las dos coreas unieron esfuerzos artísticos y creativos al lanzar en 2005 una película animada llamada La Emperatriz Chung, basada en un cuento popular compartido por ambos países.

El gobierno norcoreano ha expresado que la reunificación solamente puede ser posible con la voluntad de las dos partes involucradas: ésta no puede provenir de intereses extranjeros, mismos que, en un principio, fueron culpables de la partición coreana.

The Huffington Post realizó una interesante encuesta, en la que se le preguntó su opinión acerca de la reunificación a un número de norcoreanos viviendo temporalmente fuera de su país (de manera permitida), principalmente en China. Ésta demostró que el 95% piensa que la reunificación es necesaria por razones económicas y la mayoría opinó que la reunificación vendrá a través de negociaciones entre las dos coreas, como es el deseo del gobierno.

Por su parte, el gobierno surcoreano ha publicado múltiples planes y estrategias, tanto económicas como militares, para enfrentar una posible unificación de la península. Estos “planes de contingencia” se han creado al prever en un futuro próximo el colapso del régimen norcoreano.

Pero a pesar de los discursos y esfuerzos, hay una idea que permea sobre todo a las nuevas generaciones en Corea del Sur, aquellos que no vivieron la guerra ni se vieron separados de sus familiares cercanos por una frontera imposible de cruzar. Ellos, como yo, piensan que la reunificación no es más que un mito o una utopía que busca reconciliar a dos naciones irreconciliables.

Existen razones políticas, ideológicas, económicas y sociales para pensar que la idea de la reunificación es casi imposible de alcanzar.

La dinastía Kim ha afianzado un poder incuestionable en el lado norte de la península: el Partido de los Trabajadores permea cada uno de los aspectos de la vida diaria en Corea del Norte. Este esfuerzo comenzó desde la fundación de ese singular sistema socialista y su consolidación avanza día con día. El único escenario que podría llegar a funcionar para una eventual reunificación sería el del cambio interno en las prácticas políticas y económicas de Corea del Norte, lo cual es, por lo menos en el corto y mediano plazo, muy improbable.

Asimismo, los ciudadanos norcoreanos están adoctrinados con una ideología desde el comienzo de su vida. Tanto en la escuela como en la familia, la población norcoreana está acostumbrada a consumir una versión revisionista de la historia y de la actualidad, en la que Estados Unidos y otras potencias occidentales constantemente amenazan al pueblo norcoreano. Asimismo, el culto a la personalidad que rinden los norcoreanos a la familia Kim es un aspecto ideológico que contrasta severamente con la cultura de libertades que impera en Corea del Sur.

En el aspecto económico, no existen estadísticas oficiales en Corea del Norte, pero se estima que el ingreso per cápita en el sur es entre 14 y 30 veces mayor que en el norte. La carga para adecuar la débil economía norcoreana a su industrializado y globalizado vecino del sur sería casi imposible. Las estimaciones más aceptadas ubican el precio de la reunificación entre 50 mil millones y 3 billones de dólares, cifras por mucho superiores a la economía surcoreana en su totalidad.

En el aspecto sociocultural, los cientos de detractores norcoreanos que han escapado a Corea del Sur enfrentan durísimas adversidades para poder asimilar un estilo de vida opuestamente distinto al suyo[2]. El gobierno de Corea del Norte mantiene un durísimo control de información sobre sus ciudadanos al vigilar todos los aspectos de su interacción con el mundo exterior: en este país no hay acceso a internet y los medios publican, casi en su totalidad, propaganda del gobierno.

Por otro lado, hay numerosas e interesantes perspectivas que revelan que hay más de uno que se está beneficiando del status quo de la división de la península coreana[3].

El gobierno chino se beneficia al tener un aliado en su frontera sur, aunque este aliado en muchas ocasiones resulta incómodo. Sin embargo, los chinos cuentan con un aliado militar poderoso y agresivo en contra de Estados Unidos. De haber una reunificación, China tendría más bases militares americanas en su patio trasero, sumadas a las cientos de instalaciones militares que existen en Japón y en Corea del Sur. Por su parte, a Rusia no le conviene tener más presencia americana en la región.

Por el lado de Estados Unidos, a ellos no les interesaría dejar de vender armamento a Corea del Sur ni Japón.

Todo indica que los únicos interesados en una reunificación coreana son los ciudadanos de Corea del Norte, aunque no tengan ningún tipo de injerencia en la discusión.

La principal conclusión que puedo tener en este tema es que, entre más tiempo pase en esperar la utópica reunificación coreana, mayor será el costo económico, político y, sobre todo, humanitario.

[1] La zona industrial de Kaesong fue clausurada en respuesta al lanzamiento del misil el pasado domingo.

[2] En Corea del Sur existe un centro de adaptación para norcoreanos que escapan al sur, donde les enseñan cuestiones básicas de economía capitalista, funcionamiento de leyes y normas sociales que, como occidentales, tomamos por sentadas.

[3] Para un análisis más extenso sobre estas perspectivas, recomiendo el documental “The Propaganda Game”, del director español Álvaro Longoria, disponible en Netflix.

Álvaro Céspedes es un joven internacionalista, mexicano, con estudios en seguridad nacional. Burócrata, periodista frustrado y columnista en el periódico 24 Horas.

Imagen obtenida de www.telemundo.com

Leave A Reply