De muros de cristal y vientos de cambio. La situación de la mujer en Arabia

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Por: Alex Maroño Porto

Tras un mes desde el comienzo del año, y con los ecos del 2015 volviéndose más lejanos a cada instante, muchos son ya los expertos que se preguntan sobre una cuestión sencilla en su forma pero extremadamente compleja en cuanto a su contenido: ¿Cuál es el legado del año ya terminado?

A este interrogante diferentes medios internacionales tales como la CNN o TheGuardian han realizado los anuales recopilatorios sobre las historias más leídas durante el año , aquellas que, probablemente formen ya parte de la memoria colectiva del 2015.

Una parte de las historias más populares del año centran su atención en el papel del Islam en el mundo, y más en concreto en cómo el DAESH aterroriza al mundo mediante el establecimiento de un clima de violencia, legitimando así a aquellos que ven como inevitable un cada vez más cercano enfrentamiento entre la cultura judeocristiana y la musulmana.

En este clima de inestabilidad, ha pasado casi desapercibido para la prensa occidental un acontecimiento histórico desde el punto de vista social cuyas consecuencias a largo plazo son aún impredecibles: las últimas elecciones municipales en Arabia Saudí, en las que por primera vez en la historia del país se ha permitido la participación femenina, como votantes y como candidatas.

El Reino Saudita, joven monarquía absoluta constituida en el año 1932, era junto con el Vaticano–dónde solo los Cardenales pueden elegir al Jefe de Estado– el único estado del mundo que negaba a las mujeres el sufragio en su totalidad. Es por ello, que las últimas elecciones municipales, con una participación femenina de más de un 80%, significa para muchos el comienzo de un cambio en uno de los países más restrictivos respecto a los derechos de las mujeres, tales como la obligatoriedad del uso del Abaya–vestido negro completo.–

A pesar del hito histórico que supone el hecho de que para ocupar cargos municipales, muchas voces se alzan en contra lo que se designa como un mero lavado de imagen por parte de la Familia Real Saudí para evitar alzamientos populares–conocidos en Occidente con el término Primaveras Árabes –que pueden llegar a cuestionar la legitimidad de una de las más férreas dinastías del mundo Islámico. De esta forma, resulta llamativo que sea un Decreto Real el que autorice el derecho a voto para las mujeres mientras que otras cuestiones como la prohibición del derecho a conducir o la necesidad de que una mujer se encuentre siempre acompañada de un guardián masculino no son susceptibles de revisión para el monarca Salmán bin Abdulaziz.

¿Cuál es la posición de los gobiernos occidentales respecto a esta situación? Puro mutismo político. Resulta curioso que a pesar de las firmes condenas internacionales a la situación de los Derechos Humanos en países como Venezuela o Corea del Norte, en el caso Saudí, donde según Amnistía Internacional, 102 personas fueron ejecutadas entre enero y junio de 2015, la condena no es solo mínima, sino inexistente. En la misma línea, resulta hasta irónica la elección el pasado septiembre de un embajador saudí como Presidente de un panel de expertos independiente en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. De esta manera, los intereses económicos priman una vez más sobre cualquier derecho humano tan fuertemente defendido por la cultura occidental.

Esta hipócrita postura que la comunidad internacional ha tomado “mirando hacia otro lado“ contribuye a que aquellos que han manifestado rechazo han sido acusados de tener una actitud Islamófoba. Esto ha ocurrido con Margaret Wallström, ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, que con su crítica a la situación de las mujeres y a los “métodos medievales“ utilizados por el régimen Saudí, ha sido reprendida por ciertos regímenes Islámicos y ha sufrido presiones de los diferentes lobbies empresariales de su país. El resto de estados europeos ha optado por no actuar, mostrando un apoyo implícito a los intereses políticos y geoestratégicos sobre cualquier otro, y dejando aislado al país escandinavo en su particular defensa de una política exterior entendida como feminista según la propia ministra. ¿Cómo han afrontado el caso los medios de comunicación? ¿Ha habido alguna condena pública, alguna cobertura mediática del llamado “Wallström Affair“? ¿#JeSuisMargot? El silencio habla por si solo.

Volviendo a la situación de los derechos de la mujer, y tras haber analizado el escaso apoyo a los movimientos sociales dentro de uno de los países más represivos del mundo, ¿cuál es el futuro para los derechos de las mujeres en Arabia Saudí?

A pesar de haber conseguido un importante derecho como es el sufragio femenino, aún queda un largo camino por recorrer. Son muchas las mujeres que se enfrentan a penas por ejercer su derecho a la igualdad, materializado con la mera conducción de un automóvil; son muchas las que públicamente cuestionan la necesidad de llevar siempre un guardián masculino que las defienda o cuestionan el uso del Abaya tildándolo de Antiislámico. Son muchas Haifa Alhababi, Eman al-Nafjan y Hala al Dosari, que trabajan duramente por conseguir un verdadero cambio.

En palabras de Hatoon al-Fasi , profesora de Estudios de la Mujer en la Universidad del Rey Saud, a National Public Radio: “Ahora tienes a mujeres que están en el ojo público por primera vez, donde tienen que trabajar con problemas reales de su comunidad. Creo que estas posiciones locales son muy importantes. Las mujeres pueden cambiar muchas reglas discriminatorias que tratan sobre el estatus financiero de las mujeres, la salud o el bienestar.“

Para concluir, cabe destacar que para que los vientos del cambio no se encuentren bloqueados por un techo de cristal tan ancho como un muro, la movilización popular debe continuar. La globalización, ese fenómeno que ha empujado a muchos jóvenes sauditas a cuestionar sus propias costumbres, juega un papel importante a la hora de mostrar diferentes realidades y de portar los derechos más allá de donde muchos gobiernos no se atreven a llegar. Esto, junto con el uso de las nuevas tecnologías, muy presentes en la vida saudí, puede ser de gran ayuda en   la movilización de jóvenes, hombres y mujeres, contra un patriarcado arcaico e injustificable por medio de ningún motivo, ni siquiera de corte religioso.

Los cambios siempre son paulatinos y muchas veces resultan frustrados, pero la esencia revolucionaria de los mismos es imparable una vez que se asienta en la población. Muros más altos han caído a lo largo de la historia, y Arabia Saudí no debe constituir ninguna excepción a esta lucha por la igualdad real y los derechos fundamentales. Solo se puede esperar que todas estas papeletas votando al futuro no acaben depositadas en un saco roto.

Alex Maroño Porto, natural de A Coruña, es en la actualidad un estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Se considera interesado en el mundo del arte, en especial de la fotografía y la escritura, lo que le ha llevado a participar en este proyecto, con el objetivo de dotar al periodismo de una visión más personal y humana. 

Imagen obtenida de www.lifegate.com

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