El Mar de China y otros conflictos no tan conocidos

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Por: Coral Revella Meira

En esta sociedad global conflictiva, basta una simple chispa para que se desate un gran incendio. Sucesos que comienzan como simples roces que no suelen hacer el cariño, acaban convirtiéndose en fuentes de muerte, destrucción, odio y pólvora. A veces, es nuestro propio autismo voluntario el responsable, haciendo unos oídos sordos de forma mundial a problemas que merecerían atención. Otras, incluso se favorece, como fue el caso de Estados Unidos en los orígenes del actual y temido Estado Islámico.

Oprimidos con noticias sobre este último fenómeno, la nueva ocurrencia de Kim Jong-un, o novedosas políticas de la potencia norteamericana, en muchas ocasiones omitimos el tomar en consideración otras cuestiones, en el caso de que no sean los propios medios de comunicación los que lo hagan. Así, en raras conversaciones familiares surgirá un debate sobre la llegada de refugiados a un país en guerra como Yemen.

Efectivamente, este territorio de Oriente Próximo sufre la ya clásica pugna entre sunitas y chiitas tras las movilizaciones de los rebeldes hutíes, de creencias afines al segundo grupo, en contra del gobierno central. Una vez Irán se posicionó con los rebeldes, Arabia Saudita tomó automáticamente el papel contrario, marcando a su vez la postura estadounidense. La vorágine internacional se había desatado.

Tiembla nuestro concepto de humanidad si pensamos que a ese lugar, donde la muerte, la pobreza y el tumulto es una constante, están llegando personas en busca de refugio. Mientras unos huyen otros avanzan en la dirección contraria, hacia un infierno aparentemente más agradable que de donde parten. Mayoritariamente etíopes, la carrera hacia la frontera con Arabia Saudita parece contar los minutos de vida que les quedan.

Otro ejemplo de suceso contado por voz afónica podría ser un conflicto como el del mar de China. Disputa territorial histórica, resulta sorprendente lo desconocido de un problema que incumbe a tantos países. Mientras centramos nuestro interés en la serie de temas que parecen contar con exclusividad en las portadas internacionales, la vía militar se convierte cada minuto en una posibilidad de resolución más fuerte. Vietnam, Brunei, Japón, Taiwán, Filipinas, Malasia y China son los protagonistas de este caso, incumbiéndose los propios Estados Unidos.

Todo gira en torno a una región del océano Pacífico, salpicada con pequeñas islas y arrecifes entre las que destacan las Paracel y Spratly. Bajas y minúsculas, algunas incluso sumergidas permanentemente por el mar, prácticamente deshabitadas… Entonces, ¿qué tiene de especial este lugar para haber puesto a mal a medio Sudeste asiático?

Pese a su aparente carencia de importancia, este enclave supondría un impulso económico para su poseedor, afianzando al ya gigante asiático o dando el empujón definitivo a los países más pequeños. Hablamos de otro producto típico de las Relaciones Internacionales, el petróleo. Si a esta tradicional fuente de riqueza y rivalidades le sumamos el constituirse como una de las principales rutas marítimas mundiales, además de ser una de los mejores proveedores de alimentos en el continente, nuestra percepción del lugar cambia. Su valor es, sin duda, nada desdeñable.

Históricamente, y como si de un balón en un patio de colegio se tratara, su soberanía total o parcial ha sido un elemento fluctuante, sin un propietario claro y legítimo. También en la historia encontramos, junto con la proximidad geográfica, las alegaciones de los distintos Estados. De esta forma, China y Taiwán defienden su derecho en el descubrimiento de las islas por sus navegantes en el siglo II, mientras Vietnam se escuda en su utilización de estas aguas con fines de pesca desde tiempos remotos. Contrariando la ambición de estos últimos, Brunei, Malasia y Filipinas solo exigen la parte que les correspondería de acuerdo con las leyes internacionales, de acuerdo con la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Tratados, ocupaciones militares, simulacros de renuncias… La querella parece haber sido sacada directamente de un libro sobre diplomacia.

Contando con tantos antecedentes, la pregunta que nos surge es el por qué se le debe de prestar atención justo ahora. La cuestión está en los medios de reclamación. Durante el siglo XX, los choques violentos contaron con una magnitud muy baja, estando estrechamente relacionados con la falta de afinidad general entre países como Vietnam y China. La metamorfosis de la contienda vendría de la mano del fin de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética dejaron de influir de forma tan notable en la zona. Esta situación fue aprovechada por China, quien quedó como potencia, convencida de que es la legal propietaria de toda la fracción. Construcción de puertos, islas artificiales sobre arrecifes ocultos por el mar o incluso una pista de aterrizaje han sido algunas de las acciones llevadas en su obstinado objetivo. Rebelándose de cierta forma contra el sistema internacional, esta disputa ha pasado de ser regional a estar al borde del conflicto bélico actualmente, agravándose notablemente en los últimos años. Por ello es necesaria la movilización de la sociedad internacional, quien no debe permitir tener a varios de sus miembros apuntándose.

Podrían ser citados en este artículo otros casos de destierro de la actualidad, ya sea por su larga duración en el tiempo o incluso porque simple y llanamente nunca han sido noticia. Este podría ser de cierta forma el caso de Afganistán, que aunque sigue ocupando crónicas ocasionalmente en nuestros periódicos ha dejado de algún modo de preocuparnos tan gravemente como antaño, a la sombra del gran Estado Islámico. Otro caso sorprendente es la guerra civil vivida en Sri Lanka. Durante este conflicto, dado por finalizado hace 5 años, las atrocidades cometidas contra los derechos humanos tuvieron lugar sin gran efecto sobre el resto del mundo. Suceso casi desconocido por la población global a pie de calle, cuenta con muchas controversias que aún hoy en día están siendo estudiadas por la ONU.

Vivimos en un tiempo donde el terror y la violencia se han convertido en elementos corrientes en nuestras vidas, como si la destrucción formara parte de nuestra naturaleza. Nos limitamos a pensar que los únicos peligros o problemas humanos se limitan a excepciones como el Daesh o el caso palestino, que en todo caso tienen lugar en sitios y culturas demasiado lejanos como para afectarnos. Aceptamos además información pasada por criba, a excepción de algún artículo ocasional sobre temas considerados de menor prioridad.

Cuando surge una guerra o parece que nuestra seguridad cuelga de un hilo, nos llevamos las manos a la cabeza con una pregunta que nunca se ausenta en estos casos, el por qué nadie lo evitó. Por ello, invito a reflexionar, a no ser individuos pasivos, a no conformarse con los datos masticados. Conocer la realidad es el primer paso para cambiarla.

Imagen obtenida de www.nbcnews.com

Coral Revella Meira (Vigo, 1997), realiza estudios en el grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha sido galardonada con premios de relato corto y juvenil, de mano de instituciones públicas a la par que de empresas privadas como Cocacola. Estos textos fueron redactados tanto en lengua española como gallega. También ha sido traductora al español de la guía en el proyecto Open Street Map.

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