Objetivismo: la corriente que mueve el mundo.

0

Por: Daniel Bermúdez Giralt

“Si viese usted a Atlas, el gigante que sostiene al mundo sobre sus hombros, si usted viese que él estuviese de pie, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, con sus brazos temblando, pero todavía intentando mantener al mundo en lo alto con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor sea su esfuerzo, mayor es el peso que el mundo carga sobre sus hombros, ¿qué le diría usted que hiciese? […] Que se rebele.”

La Rebelión de Atlas.

En 1957 Alisa Zinóvievna Rosenbaum, conocida internacionalmente como Ayn Rand, publicaba La Rebelión de Atlas. Si bien la importancia de esta obra no se puede cuantificar con la cantidad de ejemplares que ha vendido, el número de películas y series que ha inspirado o su disponibilidad en las librerías —de hecho ninguna tienda de Madrid capital lo tiene en venta, ni tampoco puede ser encontrado online a lo largo de toda España— la obra marcó un discreto hito en la historia del pensamiento por ser la fuente del Objetivismo, doctrina que postula una mezcla explosiva de Ultraliberalismo económico y una racionalización de las teorías de Nietzsche.

Partiendo del Realismo más acusado, Rand expone el germen de sus ideas en las mil páginas que forman su obra, que luego serían complementadas a base de trabajos relacionados, entrevistas y conferencias. La trama del libro es sencilla, un grupo de empresarios de Estados Unidos se enfrenta a un país poblado de “saqueadores”, es decir, pusilánimes y vagos en palabras de la propia Rand, llegando a plantearse una huelga general de propietarios que sume la nación en la oscuridad —literal y metafóricamente—.

En línea con lo escrito por Nietzsche, para la escritora el egoísmo es la mayor virtud que puede tener la persona, al trabajar tan solo para sí misma sus fines serán lo más importante y subordinarlos a cualquier otro es una forma de sacrificio que no puede permitirse, ya que mina la autoestima e impide alcanzar la felicidad; los propios personajes de la obra de Rand tildan el autosacrificio de inmoral. Precisamente con el tema de la felicidad llegamos a la parte económica del Objetivismo. Según sus ideólogos tan solo un productor, una persona que crea valor y cosas útiles para la sociedad, podrá llegar a un estado de felicidad verdadera; en términos generales, la felicidad solo viene a raíz del éxito que se tiene, dejando de lado los temas morales. Si se sigue la lógica de los postulados objetivistas, cualquier persona o ente —léase Estado— que se interponga entre una persona y sus objetivos es inmoral e innecesario, por lo que la única forma de gobierno y economía que es permisible para esta corriente es el Capitalismo al más puro estilo Laissez Faire.

Si tan solo el productor puede ser feliz, evidentemente grandes colectivos sociales están abocados a la infelicidad. Sin embargo, Rand va todavía más lejos cuando afirma que toda forma de caridad es también inmoral, ya que no solo significa que hay personas de diferentes clases y que unas necesitan ayuda para sobrevivir, ayuda que es origen de todos los males objetivistas, sino que además la caridad impide que los hombres alcancen todo su potencial porque se les quita la oportunidad de trabajar por sí mismos para autorrealizarse.

Las implicaciones de la negación de la caridad van más allá de lo que un primer vistazo nos pueda referir. Si facilitar medios de subsistencia a los más desfavorecidos es contrario a la ética, entonces los Derechos Positivos, aquellos que, por ejemplo, aseguran la vivienda, el sueldo digno y el acceso a la sanidad, tampoco tienen lugar dentro de la ética. Si seguimos por esta dirección acabaremos en la vuelta a los Derechos Liberales, que datan nada más ni nada menos que de Locke, que defiende a capa y espada el sector más alejado del espectro político libertario.

No me gustaría terminar esta revisión de las líneas básicas del Objetivismo sin hacer mención a lo que expone sobre la humildad. Si el lector ha dedicado algo de tiempo a reflexionar mientras leía estas líneas habrá llegado a la conclusión de que el valor de la humildad no juega un gran papel dentro de la filosofía objetivista, y está en lo cierto. De hecho, la humildad es un vicio, el pecado mortal del objetivista, supone que la persona no se cree mejor que los que le rodean, y tal pensamiento erradica de base cualquier tipo de ambición; Rand y sus adláteres llegan a afirmar que si un individuo opta por la modestia por miedo a ser calificado de orgulloso, está viviendo en guerra consigo mismo y con la realidad.

Llegados a este punto, y dado que es una filosofía nueva para muchos, cualquiera puede pensar que es una corriente marginal que tan solo se susurra en salones oscuros de Wall Street y en los caucus del libertarismo más exacerbado. Pero si así fuese, este artículo no se titularía “la corriente que mueve el mundo”. Resulta que desde un principio el Objetivismo caló en los estudiosos de la Economía y Empresariales, como Ludwig von Mises, que expresó en varias ocasiones las virtudes de la doctrina. Actualmente se erige en el centro del Rockefeller Center de Nueva York una gran escultura de Atlas sujetando la bola del Mundo sobre sus hombros.

Sin embargo, donde esta corriente alcanzó su nicho más prolífico fue en uno de los fenómenos más singulares de la historia empresarial, el de Silicon Valley. No resulta difícil ligar el capitalismo feroz, sin escrúpulos y de ambición desmedida que persiguen las empresas tecnológicas con algunos de los planteamientos ya descritos. Es esclarecedor que se fundase en 1985 el Ayn Rand Institute, en California, cerca de la esfera de influencia del mencionado valle. El que hoy en día es uno de los polos económicos más importantes del mundo, al nivel de rivalizar con el Wall Street neoyorquino, está pilotado por empresarios objetivistas reconocidos, como Jimmy Wales, fundador de Wikipedia o Travis Kalanick, creador de Uber.

El citado instituto no es el único que se fundó según estos postulados, también destaca la Singularity University, situada, como no, en Silicon Valley. Esta institución ofrece cursos con precios no menores de 30.000 dólares cuyo objetivo es “reunir, educar e inspirar a un grupo de dirigentes que se esfuercen por resolver los grandes desafíos de la Humanidad” mediante el pensamiento innovador y la interconexión de disciplinas.

Cabría reflexionar sobre la incidencia que podrían tener estas ideas en los empresarios y gobernantes del mañana. Muchos de los logros que se han alcanzado, especialmente a nivel internacional, fueron posibles porque las naciones consiguieron despedirse del egoísmo y la ambición tras la violencia de la primera mitad del siglo XX. Si el darwinismo objetivista cundiese en las altas esferas, no sería extraño volver al escenario que hizo las miserias de millones de personas en un cortísimo espacio de tiempo; no es un disparate, muchos de los aquí citados se codean estos días en Davos, lugar de reunión de las personas, no solo economistas y dirigentes sino también pensadores e intelectuales, más influyentes de nuestra sociedad.

La influencia del Objetivismo hace que según la encuesta realizada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la segunda más importante del mundo, La Rebelión de Atlas sea el segundo libro que más ha cambiado la vida de los lectores, tan solo por detrás de La Biblia. Cuando Ayn Rand acudió a la cadena NBC para explicar sus teorías, el medio registró su récord de cartas de los televidentes en todo un año.

Como puede ser de esperar, no son los economistas y empresarios los únicos que aseguran haber recibido inspiración de estas teorías, y se puede trazar una lista de las personalidades, en su mayor parte actores o escritores —cuya influencia en la cultura actual es igual o mayor que aquella de los académicos— que alaban el trabajo de Rand, como puedan ser Jim Carrey o Angelina Jolie.

En definitiva, del oscurantismo del Objetivismo ha nacido una especie de filosofía reservada a las élites, a aquellas personas que mueven el mundo por su ambición y potencia personal, que encuentran en el pensamiento objetivista una liberación de sus instintos más reprimidos y un acicate a sus más ocultos afanes.

 Imagen obtenida de historiasdenuevayork.es

Daniel Bermúdez Giralt, nacido en Santiago de Chile en 1996 y residente en España. Estudiante de Economía y Relaciones Internacionales en la URJC. Analista de temas históricos, culturales y de política internacional.

  • User Ratings (7 Votes) 10
    Your Rating:
Summary
Awesome

Leave A Reply