Importancia del lenguaje corporal

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Por: Dr. Dionisio García

“El aprendizaje se adquiere leyendo libros, pero el aprendizaje más importante es el conocimiento del mundo, y éste se logra solo leyendo a los hombres y estudiando todas las ediciones que, de ellos, existen”.

Lord Chesterfield

La comunicación total, entendiéndose aquella en que nuestro interlocutor entiende (aunque no necesariamente acepte) nuestras ideas y nosotros entendamos las suyas, no se basa fundamentalmente en las palabras, sino sobre todo en el tono en que las decimos y en nuestro lenguaje corporal, los gestos y movimientos del cuerpo que voluntariamente o no, hacemos cuando hablamos. Sólo considerando todos estos elementos podemos juzgar si la comunicación se está logrando como deseamos.

Generalmente reconocemos el sentido de algunos gestos en forma inconsciente. Si, en esa forma, concebimos un gesto del interlocutor como poco congruente con lo que estamos diciendo, tendemos a tener una reacción que conduce a un ciclo de hostilidad mutua. Por ello debemos conscientemente ser capaces de evaluar estos estímulos antes de reaccionar a ellos.

Y es que, en ocasiones, los gestos que no comprendemos pueden deberse a idiosincrasias o defectos del interlocutor. Por ejemplo, si nos guiña un ojo cuando creemos que no viene al caso, es posible que se deba a un simple tic nervioso, y debemos evaluar dicho guiño antes de reaccionar a él.

Es decir, la interpretación de un gesto individual, es difícil cuando éste difiere del contexto. Entonces es preciso buscar otros signos que formen un conjunto con el gesto observado antes de pretender una evaluación. Un vendedor exitoso, digamos, se sienta al borde de la silla (primer signo); con los pies separados; (segundo); una mano en el escritorio o mesa (tercero); y el cuerpo inclinado hacia delante. Sí cumple con estos requisitos su interlocutor puede interpretar bien su actitud y muy posiblemente aceptar su propuesta.

Se repite: un signo aislado, como por ejemplo únicamente palabras, rara vez significa algo. Es necesario formar una “frase”, palabras acompañadas con gestos que formen un conjunto, entonces podremos dar debidamente el mensaje que queramos comunicar o interpretar el que estemos recibiendo..

Pero por desgracia es común que el lenguaje hablado y el corporal difieran. Normalmente en ese caso el lenguaje de los gestos es el verdadero. Si una persona nos dice, por ejemplo, “estoy sinceramente dispuesto a escucharlo”, pero mantiene un puño cerrado, agita un dedo o mira hacia otro lado, lo más probable será que no prestará mayor atención a lo que digamos.

Es natural que cuando entremos a la oficina de alguien, queramos causar una buena impresión, lo que se logrará más fácilmente como sigue: entrar con el saco abotonado, caminar ágilmente, saludar con una ligera sonrisa, y desabotonarse el saco con las manos abiertas. Estos gestos dan la impresión de que la persona que los hace es receptiva, no se encuentra a la defensiva y está tranquila. El interlocutor lo percibe inconscientemente y también se tranquiliza. Por el contrario, si una persona se abotona el saco mientras usted habla, la acción probablemente indica una actitud defensiva y que no cree o no le interesa el tema.

En un principio no es fácil percibir los gestos de los demás. Mas si nos ejercitamos diariamente, terminaremos por percibirlos casi sin darnos cuenta. Pero no olvidemos que un gesto aislado no es necesariamente significativo- Por ejemplo, si una persona se cubre la boca cuando habla, normalmente está mintiendo o, al menos, no tiene seguridad de lo que dice; pero simplemente dicho gesto puede deberse a que la persona tiene un puente dental con el que no se haya a gusto, o que alguien le haya dicho que tiene mal aliento. Debemos, entonces, tratar de corroborar el gesto haciendo alguna pregunta pertinente, como “¿está usted seguro?”. Si simplemente contesta sí o no, podemos suponer que dice la “verdad”.

Si la persona que nos escucha se cruza de brazos y pone la cabeza en ángulo recto con los hombros, es probable que no nos esté prestando mucha atención. En ese caso debemos cambiar de enfoque y tratar de que descruce los brazos, tal vez dándole algún documento, e incline la cabeza a un lado u otro. Si no lo logramos debemos retirarnos e insistir en otra ocasión.

Es necesario que, además de ver los gestos de los demás, estemos conscientes de los nuestros y del significado que nuestro interlocutor les esté dando, ya que muchas veces su lenguaje corporal es la respuesta al nuestro. Si, por ejemplo, pedimos una respuesta oral y la persona a que nos dirigimos tarda en responder, debemos permanecer en silencio. Tal actitud generalmente la forzará a responder.

Gestos típicos que debemos recordar:

-Unir los dedos indica confianza en lo que se dice.

-Si la persona mira hacia el suelo con la vista no al frente, probablemente no nos está prestando atención. Pero si mira al suelo, con la boca relajada y la barbilla al frente, casi seguramente está reflexionando sobre lo que le dijimos y nos convenga hacer una pausa.

-Se considera que una sonrisa expresa alegría o que nuestro interlocutor esté de acuerdo con nosotros, pero ¿eso es verdad? En realidad existen tres principales clases de sonrisas, a saber:

(1) ligera sonrisa sin dejar ver los dientes: la persona no está participando en la actividad, se ríe para él,

(2) si sonríe mirándonos a los ojos y mostrando los dientes puede indicar afecto; por ejemplo entre dos amigos o padres e hijos, o aceptación de nuestras ideas y, por último,

(3) en los juegos aparece una sonrisa amplia, que muestra tanto los dientes superiores como los inferiores, normalmente sin ver a los ojos.

(Desde luego que una sonrisa no indica forzosamente felicidad).

-Contacto visual: éste es sumamente importante. En general, cuando dos o tres personas conversan, existe dicho contacto únicamente 30 ó 40% del tiempo. Cuando el contacto visual es de 60% o más, es porque están más interesados entre ellos que en lo que se esté diciendo. Es decir, la persona que escucha tiene más interés en su interlocutor que en el tema de que se esté tratando.

-Entre nosotros, los latinos, se tiende a que al dar la mano derecha a un amigo, con la izquierda se toma a la otra persona del brazo o del hombro. Pero este gesto cuando no se tiene familiaridad con la otra persona, aparece como insincero y causa mala impresión. Los sajones no acostumbran esta actitud, casi nunca la toman, y se sienten incómodos si la experimentan.

-Las manos abiertas indican sinceridad y deseos de cooperar. Los puños cerrados tienden a predisponer en contra de quien los mantiene.

-Cruzar los brazos es una actitud defensiva. Recuerde usted que, en el béisbol, los ampáyers se cruzan de brazos cuando los jugadores reclaman una decisión. Si, en un grupo de 4 ó 5 personas, ustedes se cruzan de brazos y mantienen esa posición tanto al hablar como al escuchar, notarán que la mayor parte del grupo hará lo mismo y descenderá el nivel de comunicación.

-Cuando tratamos de comunicar mucha información en un tiempo muy corto, sobrecargamos el cerebro de quien nos escucha y, en consecuencia, deja de prestarnos atención y pone la cabeza en ángulo recto con los hombros. Inicialmente mantiene derecha la espalda, después la encorva, tiende a mirar al techo o al piso y, en forma inconsciente, toma una posición que apunta hacia la salida. Si observamos estos gestos, debemos de terminar la entrevista o tratar de captar nuevamente su atención por ejemplo con un cambio de tema.

-Otro gesto muy indicativo es el tocarse la cara. Puede ser, naturalmente, que se haga por tener comezón, pero, en ese caso, normalmente, se rasca uno con los dedos doblados. Cuando se dejan los dedos rígidos, el gesto indica duda o desconfianza.

-También hay gestos que muestran cooperación, como el sentarse al borde de la silla sin cruzar las piernas y manteniendo la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Es conveniente que nosotros los hagamos, ya que la otra persona quedará predispuesta a nuestro favor,

Si siguen ustedes las anteriores indicaciones, más las que su experiencia les indique, sin duda que lograrán que sus ideas tengan mayor posibilidad de ser aceptadas y, lo más importante, ustedes se sentirán más a gusto al tratar con otras personas en su trabajo o en su vida privada.

Imagen obtenida de guim.co.uk

El Dr. Dionisio García, mexicano, es Ingeniero Químico de la UNAM con trayectoria profesional principalmente empresas farmacéuticas. Después de un retiro temprano siendo Gerente de México, Centro América y el Caribe de una de ellas, impartió clases en varias universidades, particularmente en la Universidad Iberoamericana, donde también obtuvo el grado de Doctor en Letras Modernas. Actualmente se encuentra totalmente retirado.

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