David Bowie deja una vistosa estela en la cultura actual

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Por: Adrián Maceda Fernández

“There’s a starman waiting in the sky”

“Look up here, I’m in heaven” reza premonitoria, pero triunfal, la primera línea de “Lazarus”, canción de su último trabajo publicado (“Blackstar”, 2016). El día que el chico de Brixton murió se sucedieron los homenajes en su barrio, entusiastas abarrotaban las vías con un relámpago surcando su cara, caracterizados como uno de sus héroes; guitarras y voces armonizaban los temas que los pinchadiscos prodigaron una y otra vez a lo largo de la tumultuosa celebración. A su vez, en otras localidades del globo tenían lugar espontáneas concentraciones con el mismo matiz de festiva melancolía.

Los que no tuvieron ocasión de acercarse, o quisieron extenderlo más allá, se solidarizaron con la despedida del artista a través de las redes sociales, infinidad de consternados admiradores le deseaban suerte en su particular odisea espacial; los más comentados han sido los mensajes de celebridades que se han confesado, si no epígonos, seguidores del trabajo de Bowie: Lady Gaga lo califica de “príncipe extraterrestre”, Madonna afirma antes de su primer contacto con él “solo era una adolescente normal”, Bono, una de las voces de U2, compara el efecto de Elvis en EE. UU. con la impresión causada por Bowie en Reino Unido e Irlanda, “fue un cambio radical en la conciencia” asegura.

Otros personajes de la sociedad, no precisamente vinculados al mundo de la canción, se han expresado su pésame tras el fallecimiento de esta figura británica. Así, el primer ministro, David Cameron, dice haber crecido escuchando la música y viendo las actuaciones del “genio pop”. Para su ministro de Economía, George Osborne, un “icono de la creatividad británica” como este es un motivo para estar “orgulloso”. También el laborista Jeremy Corbyn se ha mostrado compungido por la pérdida de un “gran músico, gran artista”. Incluso el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se declaró fan del cantante, disfrutaba de “quién era, qué hacía, el impacto que tuvo”.

Uno de los honores al artista viene de su clasificación como cósmico, por lo que un grupo de astrónomo belgas del observatorio público MIRA en colaboración con la cadena radiofónica Studio Brussels ha catalogado una constelación con el nombre “David Bowie” que forma, deliberadamente, el rayo característico de uno de sus álter ego, Aladdin Sane.

Impresionado por la estética pop de Andy Warhol y la música de figuras como Lou Reed o Iggy Pop y los Stooges, un joven David Robert Jones iniciaba su carrera como artista con tímidos resultados. Se convirtió en alumno de Lindsay Kemp, de quien asimiló la farándula y el circo, si bien su maestro solo declaró haber ayudado a exteriorizar su alma creativa. La llegada del Apolo 11 a la luna en 1969 estuvo acompañada del despegue de Bowie con su canción “Space Oddity”, su proeza personal continuada con “Hunky Dory” (1971) y con tantos nuevos álbumes que le seguirían.

Su estilo merece el frecuente apelativo de camaleónico, exponente del glam rock, la new wave, la psicodelia, el soul, el funk, synthpop… supo reinventarse a sí mismo y a su música a través de los variopintos personajes surgidos de su imaginario: Hunky Dory, Ziggy Stardust, Aladdin Sane o Thin White Duke entre otros, que le servían como posibilidad de experimentación y transgresión de cualquier modelo establecido. Algunas de estas figuras fueron de vida breve, pero de alto impacto, estrafalarias revelaciones que, combinadas con su atuendo y controvertidas declaraciones, colocaban sobre Bowie el foco mediático. Otras se volvieron un motivo más o menos recurrente en sus canciones, como Major Tom y sus fatídicos mensajes desde la astronave.

Su imagen y actitud han sido motivo de polémica, especialmente entre los más puritanos, llegó a publicitarse como homosexual y bisexual ante las cámaras, hecho que luego reconoció como el mayor error de su vida. Hoy tenemos la perspectiva para afirmar que se trataba, por un lado, de una atracción por el ambiente gay, de carácter pasajero, y por otro, de una estrategia comercial que le proveyó de no poca proyección mediática. Un balance de sus relaciones infiere la heterosexualidad de Bowie, así ha estado con un considerablemente mayor número de mujeres que de hombres, si bien de todo ocurrió en la vida sexual de la estrella encumbrada.

David Bowie fue considerado la inspiración de varias generaciones de artistas, prueba de ello son las innumerables versiones que realizaron músicos de toda clase: Nirvana (The man who sold the world), The Cure (Young americans), Blondie (Heroes) o Tino Casal (Life on Mars) forman parte de la amplísima galería de intérpretes que secundaron el éxito de su faceta como compositor.

Sin embargo, el caso de Bowie no puede ser reducido al ámbito musical, más allá de las apariciones de sus álter ego, tomó parte en un considerable número de películas, representando a sendos personajes. Dentro de sus papeles como actor se encuentran, por ejemplo, el rey Jareth (Dentro del laberinto, 1986), Poncio Pilato (La última tentación de Cristo, 1988), Phillip Jeffries (Twin Peaks:Fuego camina conmigo,1992), su admirado Andy Warhol (Basquiat, 1996) Nikola Tesla (El truco final, 2006).

El cantante quería que su aspecto luciera como su música. Su singular estilismo también le ha valido repercusión en el mundo de la moda, fue el precursor de la corriente andrógina, cuando en los 70 se enfundaba monos de lentejuelas, estrafalarias chaquetas, mallas, tacones y plataformas a la vez que se teñía el pelo y se maquillaba con motivos desconcertantes, de esta guisa salía a los escenarios como Ziggy Stardust, ponderando a cualquier tejido o prenda como válido para ambos sexos si con ello se expresaba la personalidad del individuo. Reconocidos diseñadores han sacado modelos e incluso colecciones explícitamente basadas en su figura: Riccardo Tisci, Jean Paul Gaultier y Dries van Notten entre otros. El interés suscitado por su estilo es tal que el museo Victoria & Albert acogió en 2013 una exposición del artista a través de la trayectoria de su vestimenta, con gran éxito en cuanto a su afluencia de público. La moda, prisma ubicuo en el trabajo de David Bowie, también es la vocación de su mujer, la modelo somalí Iman, con quien contrajo matrimonio en 1992.

A dónde vaya la nave espacial de Bowie puede que solo lo sepa él, inmóvil como está. Aquí, en el control desde tierra, conservamos sus veinticinco álbumes, repletos de la música que fascinó a sucesivas generaciones por su creatividad y por el progreso respecto a los patrones establecidos hasta el momento que Bowie ya había relegado al anacronismo. Sus actuaciones, en todas sus formas, siguen llevando el sello teatral de un artista excéntrico. La moda tendrá que buscar, otros aspectos, tan atractivos como novedosos, de los que empaparse; o no. De un modo u otro, el extraño caso, o casos, tantos como a podido protagonizar este proteo, de la irrupción de una personalidad tan transgresora en un panorama muy concreto y su posterior derivación hasta otros derroteros, nos invita a valorar su impacto en la cultura y en la sociedad actuales.

Imagen obtenida de www.elpais.com.

Adrian Maceda. Estudiante de periodismo y de relaciones internacionales en la URJC. Aprendiz de artífice. Aspirante a arquitecto de palabras, de música y de pensamiento.

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