La banca islámica atrae cada vez más atención del sistema financiero europeo

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Por: Juan Rivera Crespo

Las finanzas islámicas y su control en Europa han desatado una guerra entre Londres y Luxemburgo. Ambas ciudades están inmersas en un complejo enfrentamiento político y administrativo. La entrada de Turquía en la UE puede recrudecer el conflicto, introduciendo un tercer bando en la disputa. El último movimiento de la city ha sido comenzar a emitir desde 2014 bonos del Estado por valor acumulado de 200 millones de libras, bajo el nombre de sukuk o bonos islámicos.

Según Accounting and Auditing Organization for Islamic Financial Institutions (AAOIFI) los sukuk son, específicamente, “títulos de igual denominación a los bonos occidentales pero respetuosos con la sharia”. Los bonos islámicos son la estrategia de expansión londinense en este nuevo mercado financiero, regido por la denominación halal.

No es una mera campaña de marketing. La city es consciente que cerca de 1350 millones de personas profesan la religión islámica. Además, los certificados halal son el marco para el 2% de los activos financieros mundiales, cifra en continuo aumento. El sector ha crecido con fuerza en los últimos años, solo entre 1995 y 2013 el volumen de las finanzas respetuosas con la sharia aumentó de 150 mil millones a 1,8 billones de dólares, lo que supone un crecimiento sostenido y exponencial.

Esta subordinación a la sharia impone al sistema financiero islámico la utilización de solo cuatro métodos financieros: banca comercial islámica, a su vez con sus propias limitaciones, que suponen el 80.3% del volumen total; los sukuks o bonos islámicos que representan el 14.6%; los fondos de inversión con el 4% y los minoritarios seguros o takaful que suponen el 1.1%.

Por países Irán y Sudán imponen, por ley, una total islamización de sus sistemas financieros. Del resto de países con mayorías islámicas Arabia Saudí reserva el 50% de su sistema financiero a prácticas halal, cifra que no igualan el resto de países de la zona pero que comienza a acercarse. Nigeria y Sudáfrica, lideran las finanzas halal en el continente africano y Turquía intenta islamizar un porcentaje mayor de su sistema financiero, aunque con progreso muy dispar.

La fortaleza de este sector halal del sistema financiero islámico se basa en una mayor tradición y solvencia que la banca ética europea, su principal competidor en el viejo continente. Es esta bonanza y la progresiva islamización de todo el sistema financiero la que ha llamado la atención de los legisladores. Y la que ha provocado el conflicto.

Tensión Londres, Luxemburgo y Turquía

Londres y Luxemburgo llevan varios años intentado convertirse en la puerta del mundo financiero islámico en Europa. Pero ambos se mueven por motivos distintos, aunque con el mismo telón de fondo. La city, al margen del volumen de negocio, está intentando concentrar también la actividad de las entidades occidentales que comienzan a actuar en las finanzas islámicas.

En esta “vanguardia financiera” se encuentran: UBS, Merrill Lynch, JP Morgan, BNP o Paribas, que tienen integradas estas operaciones dentro su propia matriz. Otras entidades como HSBC han preferido deslocalizarse y crear subsidiarias islámicas (HSBC Amanah). Al margen del modelo de implantación todas las grandes entidades financieras que operan en suelo europeo también se comienzan a proyectar en el islámico.

La posibilidad de concentrar toda esta actividad de las grandes entidades tendría repercusiones en todo el sistema financiero londinense, en decadencia durante los años de crisis económica y afectado por la subida de centros financieros europeos continentales. La creación del Al Rayan Bank, conocido también como el Islamic Bank of Britain, como entidad que ofrece solamente productos respetuosos con la sharia es un movimiento del gobierno británico para producir avances en este frente.

Luxemburgo, por su parte, pone el foco en los fondos particulares. Las especiales limitaciones que impone la sharia vuelven muy difícil el crecimiento de entidades nacionales fuertes, al contrario que en el mundo occidental. Esto se debe a la imposibilidad de cobrar interés y de gestionar créditos, lo que vuelve todo el flujo crediticio en un mercado de inversiones. Los bancos financian en específico acciones concretas como puesta en marcha de negocios. Es esta particularidad lo que favorece el afloramiento de una fuerte base minorista.

El interés de la capital que acoge al Banco Europeo de Inversiones es atraer, gracias a su laxa legislación en esta materia, a todo ese flujo minorista. Sin embargo, el objetivo de las grandes entidades financieras europeas es integrar en su estructura a esta base minorista. Son estos dos niveles enfrentados, mayorismo y minorismo, los que enfrentan a Londres con Luxemburgo. Conflicto que la entrada de Turquía en la Unión Europea puede volver todavía más complejo.

Dado que el sistema financiero islámico se encuentra sujeto a tradiciones la base cultural de la que dispone Turquía es una garantía que no pueden igualar las capitales europeas. La geopolítica y geoestrategia juegan también un papel importante a raíz de los recientes conflictos entre la cultura occidental e islámica. Y a pesar de que Turquía dentro del puzle islámico representa un determinado bando sigue aportando una mayor garantía cultural que el resto.

La entrada del país en la UE y sus esfuerzos por islamizar su sistema financiero afectarían a la balanza por las finanzas islámicas. Aunque sería teorizar sobre el futuro lo cierto es que la génesis del conflicto a tres bandas, Londres-Luxemburgo-Turquía, se encuentra instalada en nuestro presente.

Radiografía del sector financiero islámico

A través del estudio de The Banker: “Top Islamic Financial Institutions” (Financial Times) con datos actualizados para 2014 y 2015, se señala un enorme aumento del interés tanto interior como exterior por las finanzas islámicas. A niveles nacionales son muchos los países con mayorías musulmanas los que están islamizando su sistema financiero, a veces a marchas forzadas. Sería el caso por ejemplo de Dubait y su Noor Islamic Bank.

En el plano internacional, y al margen del conflicto europeo, Hong Kong se posiciona como la base para las finanzas islámicas en Asia. Aunque también se enfrenta a la fuerte competencia del crecimiento de este sector en el Sureste Asiático. Específicamente con Malasia, de los primeros países en catalogar los productos finacieros halal como AAA. También el Banco Mundial en su intento por diversificar el mercado de sus inversiones se prepara para lanzar su tercera emisión de sukuk (bonos islámicos) en 2016.

La proyección de las finanzas islámicas al exterior no es algo totalmente natural. Los niveles de integración a pesar de los esfuerzos nacionales son relativamente escasos. Es esta debilidad, provocada por la inestabilidad política, la que podría afectar al volumen nacional islámico frente a una expansión internacional. Sin embargo, pese a los intentos los gobiernos nacionales interesados en retrasar la expansión no pueden pararla.

Dejando a un lado las presiones internacionales para favorecerla, lo cierto es que el pujante sector energético islámico empuja constantemente esta expansión. La necesidad que sus inversiones halal tienen de diversificarse en otros países y entidades internacionales favorece este aperturismo. La falta de estabilidad del contexto nacional respetuoso con la sharia les ha obligado a favorecer la creación de un entorno internacional sensibilizado con el Islam.

También está en el aire la capacidad internacional para asimilar este mercado. Poniendo como ejemplo el sector hipotecario, en el contexto no-islámico el banco aporta parte del precio de la vivienda mediante la concesión de un crédito hipotecario, del que se derivan intereses. En un principio el banco no es propietario legal de la vivienda mientras se cumplan los pagos, no es responsable del inmueble y tampoco ha aportado el total de su precio.

En la banca islámica la sharia prohíbe tanto los créditos como el cobro de intereses, lo que obliga al banco a comprar la totalidad de la casa, convertirse en su propietario y acordar un precio de venta superior al cual la compró para el inquilino; verdadero interesado en poseer la casa. Así camuflan el cobro de intereses. Sin embargo, en el proceso, el banco se ha convertido en propietario legal de la casa y se encuentra sujeto a todas las obligaciones inherentes a ser su propietario.

Con este sistema mientras un banco no-islámico puede, con la misma cantidad de dinero, hacer frente a la adquisición vía hipotecas de varios inmuebles un banco islámico solo podrá adquirir uno. Esto se proyecta en otros dos ámbitos: por un lado el banco islámico está obligado a primero, supervisar que el comprador está en condiciones de comprarle el inmueble a largo plazo y, segundo, que ese inmueble realmente está en las condiciones adecuadas que vuelven el precio de esa casa justo con el mercado, sin estar inflado. Esto impide la desregulación natural de hipotecas por muy liberalizado que esté el mercado y reduce a cero el riesgo moral, lo que limita enormemente las burbujas inmobiliarias.

La segunda derivada tiene que ver con la responsabilidad jurídica. Mientras que un banco no-islámico puede abstraerse de sus responsabilidades sobre un inmueble adquirido por impago de la hipoteca, como son el pago de la comunidad, servicios comunitarios, etc. Un banco islámico debe hacerles frente, es responsable. Todo esto supone un choque cultural enorme, difícilmente asumible por el actual sistema financiero occidental.

Imagen obtenida de deontofi.com

Juan Rivera es estudiante de periodismo de 15 a 19AM. Periodista digital, de datos, de internacional, locutor de radio, orador, debatiente de competición, representante estudiantil y amateur de la programación el resto del tiempo #URJC.

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