La Nochevieja en Colonia pone de manifiesto el desacuerdo Europeo

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Por: Ana Muñoz García

La tensión política aumenta en Europa tras los sucesos acontecidos la pasada Nochevieja en la ciudad alemana de Colonia, donde, de acuerdo a la versión ofrecida por las fuerzas policiales, un millar de hombres jóvenes se concentraron en torno a la Köln Hauptbahnhof para llevar a cabo agresiones masivas.

Actualmente el goteo de denuncias ha superado las 500, siendo mayoritariamente por agresión sexual o robo; aunque en algunos casos se llega a hablar de violación. Las víctimas describieron a los atacantes como hombres “jóvenes y de apariencia árabe o norteafricana”, según revela la policía alemana. El número total de atacantes es aún desconocido, aunque existen especulaciones sobre una organización previa, que podría haber tenido lugar a través de las redes sociales.

La policía local, que ya antes del cambio de año había recibido diversas llamadas y denuncias, desalojó parte de la plaza de forma temporal, y acompañó a algunos viandantes al interior de la estación de trenes. Esto no evitó que posteriormente los atacantes regresaran al lugar y, según describe la prensa española, “camparan a sus anchas”. Sucesos similares han acaecido en otras localidades alemanas. Sin embargo, la actuación policial de todas ellas ha sido duramente criticada por el gobierno alemán y el Ministro del Interior. El Jefe de Policía de Colonia fue rápidamente destituido.

Con el transcurso de las semanas, se ha arrestado en Colonia a primer acusado de las agresiones. Dos teléfonos móviles robados a víctimas aparecieron en el centro de refugiados en el que dormía el sospechoso. Pese a este primer logro, decenas de agresores quedan aún por identificar.

Sospechas en Suecia

Tras el escándalo alemán las autoridades suecas, a su vez, anunciaron hace una semana la apertura de una investigación sobre un caso de agresiones sexuales por parte de un supuesto grupo de jóvenes inmigrantes. Los hechos, que la policía ocultó hasta esta fecha, habrían tenido lugar en verano en un festival juvenil de Estocolmo.

Según los principales diarios suecos, se realizaron una decena de denuncias. Como informaron de forma anónima algunos agentes al diario Dagens Nyheter, la policía pudo haber omitido los hechos para evitar que favoreciesen al partido de Demócratas de Suecia, una formación de ultraderecha que constituye la tercera fuerza más votada del país.

A principios del mes de Enero, Suecia anunciaba la entrada en vigor de nuevos controles fronterizos para evitar el crecimiento del número de refugiados. Sólo unas horas más tarde Dinamarca se sumaba al refuerzo en las fronteras, dando un paso más en el colapso del espacio Schengen.

La reacción anti-inmigración

El hecho de que la noticia haya tardado tres días en salir a la luz ha provocado el estupor de la opinión pública europea. El escándalo se desata después de que el Ministerio del Interior confirmara que entre los 32 investigados hay 22 refugiados, posibilidad que la policía y el Ayuntamiento habían ocultado días después de que la noticia corriera a los países vecinos.

La indignación general de la población ha sido hábilmente aprovechada por grupos extremistas en el país, que se han lanzado a la calle con protestas e incluso con nuevas agresiones a inmigrantes. Es el caso de PEGIDA (Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes en alemán, o Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente en castellano), que ha protagonizado mensajes de odio contra musulmanes en las redes, lo que a su líder Lutz Bachmann le valió la imputación por “incitación al odio racial” en 2015. Similar tesis es la del partido populista de derechas Alternativa para Alemania (AfD).

El gobierno alemán, en el punto de mira

La aparición de refugiados entre los agresores pone en el punto de mira al gobierno de la canciller alemana, que lideraba hasta el momento la wilkommenskultur (cultura de bienvenida al refugiado) entre los líderes europeos. La reacción inmediata del gobierno ha sido el endurecimiento de la ley en la Declaración de Mainz de este mismo mes, en la que se proporcionan facilidades para expulsar a los refugiados que hayan sido condenados. Según esta, se podría retirar el derecho de asilo a aquellos refugiados condenados a prisión o a libertad condicional, además de recortar los límites para la deportación. Anteriormente, la legislación alemana estipulaba que para expulsar a un solicitante de asilo, este debe haber sido condenado a una pena de al menos tres años, además de que su vida no corra peligro si regresa a su país.

A día 19 de Enero son ya numerosas las presiones internas que se dirigen hacia Angela Merkel para que reduzca el número de llegada a las fronteras alemanas. Miembros del partido hermano de CDU -el que lidera la canciller- la formación CSU, lanzan advertencias de que “Alemania no puede seguir mostrando por mucho tiempo «una cara amable» y que si el número de llegadas de refugiados no disminuye pronto, este país deberá actuar sólo”. Algunos sectores recomiendan que el gobierno se prepare para cerrar fronteras, medida que ya han tomado diferentes países a lo largo de la crisis que aflige Europa. Entre ellos se sitúan Suecia y Dinamarca.

La reacción europea

Mientras, Angela Merkel continúa defendiendo su tesis de acogida y se niega a aceptar cuotas anuales de refugiados. Es más, insta al resto de países de la UE a la solidaridad.

Por el contrario, otros estados europeos se resisten a aceptar contingentes de refugiados. El disenso en materia de inmigración quedó patente el pasado Septiembre en Bruselas, cuando los veintiocho se reunieron para llegar a un acuerdo sobre el reparto de los refugiados que se agolpaban en las fronteras. Es preciso apuntar que el esfuerzo de Turquía –que aceptó mantener a dos millones de refugiados- no sólo requeriría de las concesiones económicas que ya en su momento se le otorgaron sino, en un futuro, de compensaciones políticas. El objetivo de Turquía de avanzar a un acercamiento a la UE y la acogida de semejante cifra, aviva la alarma de que Europa quede expuesta en exceso a un posible chantaje.

En contrapartida, la Comisión Europea llamó a Bruselas los países que en las últimas semanas han decidido implantar controles fronterizos (Suecia, Dinamarca y Alemania) en un intento de calmar la situación y de evitar que la libre circulación europea se vea afectada negativamente.

En efecto, los eventos delictivos de la Nochevieja ponen de manifiesto el disenso en materia de inmigración que los gobiernos europeos parecen incapaces de superar. Será el espacio Schengen el principal afectado, pero las consecuencias que esta crisis tienen en el proceso de integración europea son a día de hoy incalculables. El mayor logro en la construcción europea está en seria duda.

Imagen obtenida de www.europapress.com

Ana Muñoz García,  oriunda de Linares, cursa el segundo año del grado de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid .

Desde muy pequeña mostró gran interés en los idiomas y en viajar, lo que la llevó a optar por el terreno de lo internacional. Enamorada también de las letras, especialmente de la filosofía y la política, decidió en 2015 iniciar sus estudios jurídicos.

Las grandes pasiones que para ella suponen la literatura, el aprendizaje, el contacto con otras culturas y sobre todo el periodismo, la impulsaron a colaborar con el periódico El Internacionalista, en el que actualmente la vemos escribir mensualmente.

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