¿Drogas legales?

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Por: Dr. Dionisio García

En meses pasados el ex presidente Zedillo causó un escándalo mundial al proponer que la marihuana se legalizara. ¿Es una idea equivocada? Para poder responder a esta pregunta analicemos el siguiente hecho:

Estamos en una “guerra” contra el narcotráfico. Entonces debemos atacar al enemigo en su parte más vulnerable que es, precisamente, su fuente de abastecimiento: la enorme cantidad de recursos proveniente del comercio de las drogas. Mientras los “cárteles” cuenten con más dinero que los gobiernos, cuando menos el nuestro; con mejores armas y una inagotable fuente de “soldados” debido a la crisis económica que padecemos, la victoria de los gobiernos será imposible mientras no se elimine esa causa. ¿Cómo hacerlo? La respuesta es obvia: abaratando las drogas, lo que se lograría legalizándolas.

Pero entonces, dicen los que tienen interés en no hacerlo, aumentaría el número de drogadictos. ¿No es una tontería esta afirmación? Recordemos que cuando, a mediados de la década de 1920’ en los Estados Unidos se pretendía legalizar el alcohol se mencionaba un argumento parecido: todo el mundo se volvería alcohólico. Por fin se legalizó y ¿qué sucedió? Pues que el consumo de alcohol no solo no aumentó, sino que disminuyó al eliminarse el encanto de lo prohibido. Pero eso sí, desaparecieron los “gangsters”y las matanzas en las calles y, adicionalmente, el gobierno aumentó sus entradas por el impuesto a las bebidas alcohólicas.

Tomemos otro ejemplo: a principios del Siglo XX la adicción a la morfina era un problema (hasta Sherlock Holmes tenía ese vicio según Conan Doyle). El problema se eliminó haciendo legal la morfina pero requiriendo una receta médica para adquirirla. ¿Por qué no hacer lo mismo con las drogas que hoy nos preocupan? No únicamente se abaratarían, sino que el drogadicto perdería esa imagen de “héroe” que hoy hasta cierto punto tiene, y se volvería un enfermo, como lo es, que tendría que acudir a un médico para satisfacer su vicio. Y los “cárteles” desaparecerían. Claro que hay un problema que no se menciona: la hipocresía de ciertos gobiernos que aparentan combatir el tráfico de drogas, pero que lo solapan cuando así les conviene. Si alguien lo duda puede consultar el libro Who Really Runs the World? de Thom Burnett y Alex Games, donde se detallan múltiples de estos casos, muchos de ellos protagonizados por la tristemente famosa CIA de nuestros vecinos del norte.

Y la penosa conclusión es que, mientras no adopten esas medidas, o similares, no sólo no ganaremos nunca la “guerra contra los narcos”, sino que corremos el serio peligro de perderla y que nuestro ámbito cotidiano se vuelva una copia del que imperaba en la década de 1920 en Chicago, cuando la lucha entre los contrabandistas de alcohol producía una cuota diaria de muertes como la que estamos viendo en lugares como Ciudad Juárez y Tijuana por ejemplo.

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