Y en el séptimo día…tuiteó. Las enseñanzas (no tan) digitales del Papa Francisco

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Por: Luis Mingo

 “This (the Internet) is something truly good, a gift from God.”

Papa Francisco, 2014

Hemos visto circular las imágenes en Facebook, Twitter, en los periódicos y/o en la televisión. O por lo menos hemos escuchado algo sobre ellas. El Papa Francisco lava los pies a prisioneros; abraza a un hombre con una rara enfermedad de la piel o a un señor con una deformación en la cara; paga la cuenta de su hotel; vive en una modesta casa y se toma la #SelfiePapal con unos jóvenes. El Papa Francisco tiene muchos y grandes momentos mediáticos. Recientemente, sumó una distinción en el mundo digital: es el líder mundial más influyente en Twitter, segúnTwiplomacy (sólo porque el perro de John Kerry, @DiploMutt, presuntamente no compitió…). ¿Y esto, qué significa?

Si tú, amable lector, fueras el Papa Francisco y tuvieras nueve cuentas de Twitter a tu nombre (alemán, árabe, español, francés, inglés, italiano, polaco, portugués y… ¡¿latín?!), con más de 20 millones de seguidores en total, ¿publicarías las imágenes de los momentos que mencioné antes, para que la gente alrededor del mundo [potencialmente] se enterara de tus acciones más llamativas? Parece contraintuitivo no hacerlo, ¿cierto? Si Descartes viviera, probablemente exclamaría “tuiteo, luego existo”.

Abro paréntesis. En su informe, Twiplomacy también sugiere publicar mensajes con fotos, Vines, Selfies e interactuar directamente con tus seguidores. Ello es clave para generar empatía y sentimiento de cercanía. Cierro paréntesis. En Twitter, el Papa Francisco no hace nada de eso. Visualmente, sus nueve cuentas de Twitter son bastante simples —por no decir aburridas. ¿Acaso no es irónico que el líder mundial más influyente en Twitter no siga las recomendaciones? ¿Cómo logra ser relevante? Mi explicación es: lo hace a través de redes híbridas.

Las redes híbridas son, a grandes rasgos, la intersección de las redes personales (fuera de la computadora, aunque ya nos parezca remoto) y las redes sociales. Un ejemplo rápido, ¿cómo llegaste a un blog independiente? Estoy casi seguro que viste este artículo publicado en el muro de Facebook de un “amigo”, alguien con quien has seguramente trabajado o convivido y te llamó la atención. Si te gustó y lo compartes, eso llevará a que otra persona lo vea, y, consecuentemente la red se amplía. Algunos nodos de la red son más fuertes (en otras palabras, generan más atracción que otros). En la gran mayoría de los casos las redes sociales es un espejo de la realidad. Ser el líder mundial más popular en Twitter es el reflejo de una realidad mucho más amplia y compleja. Por ejemplo, entre las nueve cuentas del Papa Francisco, la de español ostenta el mayor número de seguidores (más de 8.7 millones), mientras que en árabe apenas alcanza los 200 mil seguidores. La importancia del catolicismo en los países hispanohablantes, sumado a que el español es la segunda lengua materna más hablada a nivel mundial y una de las más populares en Twitter, se refleja en la popularidad del Papa Francisco en la red social.

En mi opinión, el factor más importante de las redes sociales recae en las “redes” (en inglés networks) por encima de lo “social”. El Papa Francisco y su equipo digital no publican personalmente en sus redes sociales las imágenes más conocidas. Otros medios (televisión y prensa) reproducen las imágenes que el Papa Francisco protagoniza. ¿Es una lección de humildad o de destreza y manejo mediático?

Y la gran pregunta. ¿Todo esto, para qué importa?

En mi anterior entrada en este espacio (¡gracias por leer y compartir!) escribí sobre diplomacia pública. El Papa Francisco ejemplifica lo complicado que es la diplomacia pública. En primer lugar, es un líder híbrido, ya que es el Jefe de Estado de la Santa Sede y el líder de la Iglesia Católica. Ello es muy importante, puesto que mientras la influencia de los actores (tanto estatales como no estatales) suele estar limitada a aspectos geográficos definidos, los mensajes del Papa Francisco —muchas veces polémicos— son, por naturaleza, transnacionales y transculturales. Todo ello se da en un marco donde su imagen es predominantemente positiva alrededor del mundo. ¿Qué ha hecho el Papa con esta popularidad global y, podría argumentar, de gozar de los reflectores mundiales? Ha alzado la voz sobre algunos de los retos internacionales más profundos, apoyado de la legitimidad que goza. Por ejemplo, el año pasado rezó de manera simbólica con Mahmoud Abbas y Shimon Peres, pese al rechazo de la gente cercana a él. Hace unos días, realizó un guiño para reconocer el Estado Palestino. Ello se suma a catalogar como genocidio la ofensiva del entonces Imperio Otomano en contra de la población armenia, así como a ayudar en las gestiones para el acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos. Nada mal, considerando que comenzó su papado apenas hace poco más de dos años.

Aunque sería muy irresponsable afirmar que el creciente activismo en la diplomacia del Papa Francisco ha sido gracias a que sabe manejar de manera muy diestra su imagen, tampoco podemos subestimar que ha sido un factor en generar empatía y relevancia a nivel internacional y alguien en que la gente identifique, confíe y pueda servir como un mediador con legitimidad internacional.

Pero tampoco debemos lanzar campanas al vuelo. Como mencioné en mi anterior entrada, los medios digitales han eliminado el “aquí” y el “ahora”. Ello ha permitido en que los líderes enfrentan mayor escrutinio. Por ejemplo, la candidez del Papa chocó con el gobierno mexicano cuando habló de la “mexicanización” de Argentina. O, por ejemplo, es criticado fuertemente por nombrar a Juan Barros como obispo de Osorno(Chile), por su presunto vínculo con el sacerdote pedófilo Fernando Karadima, así como por presuntamente rechazar el beneplácito para el embajador francés ante la Santa Sede, ya que este último es homosexual. Ello se suma a las declaraciones del Cardenal Parolin —secretario de Estado de la Santa Sede—, quien señaló que la aprobación del matrimonio homosexual en Irlanda es “una derrota para la humanidad”. Difícilmente podríamos tener un libro con tantos capítulos contrastantes sin las altas expectativas que se han generado por la mediatización del Papa Francisco.

En conclusión y aunque es muy temprano para saber con certeza cuál será la imagen del Papa Francisco en esta era digital y qué logrará con ella, mi opinión es que ha sido sumamente hábil para manejar las redes que moldean la imagen positiva que tenemos sobre él. Por el momento, debemos esperar para saber cuál será su próximo movimiento para activar —o desactivar— la opinión en torno a temas clave para la Iglesia Católica.

 

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