How can you explain the unexplainable? México y la diplomacia pública

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Por: Luis Mingo

Hace unas semanas, mientras cenaba en un pub, la joven mesera —italiana— me preguntó cuál es mi nacionalidad. Al responder que mexicano, exclamó sorprendida: “¡México! Pensé en viajar ahí, pero vi una película protagonizada por Denzel Washington —se refería a Hombre en Llamas— y me dio miedo que me secuestraran”. Ardido, contesté que había leído Gomorra de Roberto Saviano y, a pesar de ello, no dudaría en visitar Italia. Mientras servía otra pinta de cerveza, me calificó de ingenuo. Aunque banal, esta anécdota refleja un problema gravísimo: ¿Cómo es posible que una mediocre película de acción grabada hace más de una década pueda moldear la imagen que una persona tiene sobre un país? ¿Qué hacemos para cambiar la imagen de México? ¿Podemos? ¿Debemos?

En su primer discurso como presidente, Enrique Peña estableció cinco ejes con el objetivo de “transformar a México”. Tras reconocer que el país enfrentaba condiciones que dañaban la imagen del país, estableció como quinto eje que el país lograra ser un actor con responsabilidad global.

Yo —en carácter de chalán— estaba en Palacio Nacional durante ese discurso. Fiel a mi corazón internacionalista, me dio muchísimo gusto escuchar que la internacionalización de México fuera uno de los ejes clave. Ello fue acompañado por una intensa estrategia de medios que se conoció popularmente como “The Mexican Moment”. Todo esto, entre líneas, se refiere a fortalecer la diplomacia pública. Hasta ahí, vamos bien.

Damos un brinco en el tiempo hasta marzo de 2015. Los medios nacionales e internacionales han puesto sus reflectores sobre México una vez más. Mucha tinta se ha utilizado para explicar los trágicos casos en Iguala y Tlatlaya, las acusaciones sobre conflictos de interés en el gobierno —a todos niveles— y la “Casa Blanca”, entre otros. Las críticas a las reformas alcanzadas durante los primeros meses de la administración aumentan; la popularidad del presidente Peña es muy baja. La imagen de México parece ser el edificio de Bellas Artes en el DF: grandioso por fuera, pero hundiéndose en sus propios cimientos.

Regreso a ese difuso concepto de diplomacia pública. De manera MUY general, se refiere a la estrategia que los estadounidenses catalogan como conquistar corazones y mentes (“win hearts and minds”). Aunque no hay una definición precisa sobre qué es, algunas de sus características son:

  1. Pública: No está enfocada sólo en estrategias de gobierno a gobierno —diplomacia tradicional—, sino en estrategias de gobierno a público y de manera creciente, de público a público para influir en las acciones de los gobiernos (Snow, 2009). Por ejemplo, los capítulos de derechos humanos locales y nacionales influyen en las organizaciones internacionales, quienes a su vez atraen reflectores y presionan a los gobiernos, para que estos últimos cambien.
  2. No es sinónimo de relaciones públicas. A los países se les juzga por lo que hacen y producen, no por lo que dicen que son (Anholt, 2012: 110).
  3. No se reduce a eslóganes e imágenes (Gilboa, 2008: 68). [N.B. Uno de los eslóganesque acompaña la campaña de promoción del país a nivel internacional “Mexico, live it to believe it” es How can you explain the unexplainable?]
  4. El aumento en la importancia de la opinión pública, medios globales intrusivos y transparencia global, entre otros, ha impactado la conducción de la diplomacia pública (Potter, en Gilboa, 2008: 58).
  5. Aunque la diplomacia pública ha sido históricamente una actividad monopolizada por los Estados, actores no estatales—desde organizaciones de la sociedad civil hasta grupos terroristas (¡Hola IS/ISIS/EI/EIEL!)—también promueven sus propios intereses, en los cuales pueden diferir, o incluso desafiar, los intereses de su Estado de origen (Cull, 2012: 46-48).

Debemos evitar caer en la trampa de pensar que la diplomacia pública es sinónimo de presencia positiva en medios de comunicación. Vivimos en un contexto tecnológico y mediático que ha eliminado el “aquí” y el “ahora”. Los mensajes, imágenes y amplitud de voces están disponibles con mayor facilidad en diversos canales —redes sociales, streaming, acceso inmediato a prensa nacional e internacional, entre otros—. Tanto gobiernos como actores no gubernamentales tienen fácil acceso a estos canales. Esto es un arma de doble filo: es prácticamente imposible controlar las imágenes que circulan. Líderes, países o cualquier actor encuentran nuevos canales para distribuir sus mensajes, pero también enfrentan mayor escrutinio. Nadie está exento de este fenómeno: desde los errores de Greenpeace al dañar las líneas de Nazca hasta el #YaMeCansé.

De regreso al cine, no debería de preocuparnos que México sea sede de una película violenta. Debe preocuparnos que una película violenta se ajuste a las ideas preconcebidas que la gente alrededor del mundo tiene sobre México. ¿Por qué Hombre en Llamas no fue filmada en Copenhague?

¿Por qué importa esto? La imagen positiva produce reputación. Una imagen nacional poderosa y positiva hace que sea relativamente económico y sencillo atraer inmigrantes, turistas, inversionistas, talentos y cobertura positiva de los medios, así como exportar productos, servicios, ideas y cultura. Una imagen débil o negativa por lo general significa tener que invertir más para lograr menos (Anholt, 2012: 110). Imaginen cuántos recursos humanos y financieros se podrían ahorrar si, en vez de defender los cambios institucionales en(inserte el de su preferencia, amable lector), se pudieran enfocar en promover cambios sólidos y con legitimidad.

Simon Anholt, consultor internacional que asesoró al gobierno mexicano durante el sexenio de Felipe Calderón, utilizó la siguiente metáfora en 2012: “Si un amigo cercano y confiable es acusado de un delito o de una indiscreción, nuestro primer instinto es cuestionar la acusación o desafiar al acusador; el segundo, buscar una justificación o excusa de la falta; el tercero, perdonarlo. En cambio, si se acusara del mismo delito a alguien a quien apenas conocemos, nuestro primer instinto es condenarlo y castigarlo. Tal es la reputación internacional de México y la causa definitiva del camino tan incómodo por el que actualmente transita.” (Anholt, 2012: 117). La preocupación de México no debería ser sólo proyectar una marca, sino asegurarse de que su sociedad es capaz de vivir a la altura de ella (Cull, 2012: 69).

Parece ser que la época de aparecer en primeras planas bajo “The Rise of Mexico” (The Economist) “Saving Mexico” (TIME) están lejos. Las narrativas de cambio ha sido contrariada por las noticias de violaciones de derechos humanos y conflictos de interés que han recibido mayor atención.

Es demasiado pronto para concluir categóricamente cuál ha sido el impacto en la inversión o turismo en México a raíz de los casos que mencioné. Aunque México es un líder en temas ambientales; encabezó complicados procesos multilaterales como la COP16 o G20; tiene una tradición de promover el desarme nuclear; promovió la entrada en vigor del Tratado sobre Comercio de Armas; recientemente anunció que volverá a participar en las OMP; aceptó a muchos jóvenes estudiantes haitianos; y tiene la red consular más grande del mundo en otro país, sólo ver ese lado de la moneda es tan irresponsable como ignorar las legítimas críticas que enfrenta el país, tanto a nivel nacional como internacional.

Cualquier crítico me diría que ONU está atrapada en una dinámica de la Guerra Fría; las armas nucleares todavía son una amenaza; el cambio climático se acentúa; las armas parecen atraviesan las fronteras internacionales tan rápido que Nicolas Cage en Lord of War se infartaría. Aunque duela admitirlo, las buenas acciones de México al exterior no parecen ser suficientes para cambiar su imagen y reputación a nivel global. Por ejemplo, el “Índice del Buen País” (Good Country Index) sitúa a México en el lugar 66 de 125.

Concluyo descubriendo el agua tibia: Si México no cambia al interior, ni la mejor estrategia de diplomacia pública ni la presencia positiva en los medios ayudará a mejorar la imagen y reputación del país en el exterior. Me niego a creer que Denzel Washington rescatando a Dakota Fanning en un mar de balas puede ser más eficiente que México para cambiar la imagen del país. En vez de ardernos y adoptar una posición defensiva, ¿por dónde empezamos los cambios?

Imagen obtenida de www.hotpickle.co.uk

Discussion2 comentarios

    • Hola Cristina, me da mucho gusto tu interés en el tema. Estoy tratando de trabajar en un par de ideas como seguimiento a este tema. Si te interesa, con muchísimo gusto te puedo dar una lista de fuentes. Un gran punto de partida (de donde yo obtuve bibliografía) es la edición sobre este tema de la Revista Mexicana de Política Exterior http://revistadigital.sre.gob.mx/index.php/numero-96
      Saludos,
      Luis

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