#BadLuckCancillería: México y las OMP

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Por: Luis Mingo

La Cancillería podría aparecer en el meme de “Bad luck Brian”. El pasado 24 de septiembre Enrique Peña Nieto anunció con bombos y platillos en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que México participaría, otra vez, en Operaciones de Mantenimiento (OMP). Finalmente el avestruz decidió levantar la cabeza.

Unos días después, Ayotzinapa se convertiría en un reflejo de los problemas internos que afectan al país. Las protestas a nivel nacional e internacional exigieron que la diplomacia se empleara a fondo para explicar qué estaba ocurriendo en México. Los reflectores de la prensa mexicana y extranjera exhibieron las debilidades nacionales. En resumen, el complicadísimo contexto interno empañó un paso muy importante de México a nivel internacional. La decisión de que México regresaría a las OMP ha quedado fuera del debate nacional. Es momento de retomarlo.

Más de dos años después de que Peña Nieto asumiera la presidencia, quedaba pendiente demostrar que México es el actor con responsabilidad global que aspira ser. El anuncio de que el país volverá a participar en OMP es un mensaje muy positivo que demuestra que México está listo para jugar en las grandes ligas internacionales. Más importantes, nos sacudimos ese “ombliguismo” característico durante muchos años, escudado en una lectura anticuada de los principios de la política exterior o de las consecuencias negativas de las OMP. Si México quiere influir en el mundo, debe de estar listo para asumir retos y mayores responsabilidades.

El anuncio respecto a la participación de México no es histórica y debemos evitar caer en triunfalismos. Es una corrección a una deuda histórica. Las OMP se han desplegado en los rincones más turbulentos desde hace más de seis décadas, con un balance mayoritariamente positivo. Por ello, académicos, funcionarios, expertos nacionales e internacionales constantemente cuestionaban por qué un país con el peso de México se negaba a cumplir con una responsabilidad con la comunidad internacional y con nosotros mismos: es incongruente la ausencia de tropas mexicanas, a pesar de que nuestro país actualmente es el segundo país de América Latina que más recursos financieros contribuye a las OMP. En otras palabras, taxation without representation. México tenía la penosa distinción de ser uno de los pocos países del continente americano, del G20 (junto a Arabia Saudita) y de la OCDE (junto a Israel) que no aportaban contingente militar a las OMP. Y el único que pertenece tanto al G20 como a la OCDE Para quienes se lo preguntan, Arabia Saudita e Israel tienen motivos (político)-religiosos para negar su participación. México, no.

Durante su discurso, EPN señaló que la ONU requiere importantes reformas para enfrentar los retos internacionales. Éste esfuerzo titánico debe tomar en cuenta la voz de 193 países. Ello incluye, desde luego, una reforma al Consejo de Seguridad de la ONU (CSONU), órgano máximo de decisiones internacionales, pero sumamente criticado por su impasse para lidiar con una coyuntura digna de la Guerra Fría. Además de mejoras en la operación, en la rendición de cuentas y limitar la posibilidad de veto ante violaciones al derecho internacional humanitario, México promueve un aumento en el número de miembros no permanentes (actualmente son 10, que cumplen con un periodo de dos años), y en paralelo promover la reelección inmediata. Uno de los criterios para tomar en cuenta para permanecer mayor tiempo en el CSONU es demostrar que el país mantiene un verdadero compromiso con la paz y seguridad internacionales. Tras el anuncio de la participación en OMP, la voz de México podrá ser replicada con mayor fuerza en las eventuales mesas de negociación para avanzar en este punto.

No hay ninguna duda de que el regreso de México a las OMP es un éxito concreto para la política exterior mexicana. Pero se necesitan dos para bailar tango. La transformación paradigmática necesariamente atraviesa por un cambio de actitud de las Fuerzas Armadas de México en materia internacional. Ante las presiones nacionales e internacionales por violaciones de derechos humanos —las investigaciones sobre el caso Tlatlaya son tan sólo el último de los graves problemas que enfrentan—, el Ejército tendrá una gran presión, responsabilidad, pero sobre todo, oportunidad para demostrar que las acusaciones que enfrentan son una excepción por encima de la regla.

Probablemente las voces críticas a estas medidas se basen en cuatro grandes ideas fáciles de vender y digerir: 1) Candil de la calle, obscuridad de la casa: si México no tiene la capacidad de mantener la paz al interior, mucho menos tendrá la capacidad de exportarla; 2) Los militares mexicanos van a realizar violaciones de derechos humanos en el exterior; 3) México abre las puertas a que la ONU despliegue “cascos azules” en México; 4) Las OMP son un fiasco y la prueba de ello son los genocidios en Rwanda y Srebrenica.

Ante ello, esbozo de manera muy general mis comentarios: 1) México, al igual que todos los países del mundo, enfrentan muchos retos internos. India, Pakistán y Bangladesh son ejemplo de ello. Sin embargo, éstos países aportan la mayor cantidad de tropas a OMP en la actualidad. El impacto de los problemas es internacional y México tiene la responsabilidad de contribuir con sus experiencias a enfrentarlos. Además es probable que los militares mexicanos adquieran conocimientos y experiencia en el campo que se puedan replicar en el territorio nacional; 2) Existen estrictas reglas de operación y leyes internacionales para minimizar la posibilidad de que las tropas incurra en violaciones de derechos humanos. Además, México podrá explorar participar con contingente militar que desempeñe funciones ajenas al combate: apoyo en obras de ingeniería; en materia de salud; enviar un contingente de mujeres militares para apoyar en el proceso de la reconstrucción del tejido social post-conflicto, por ejemplo; 3) El hecho de que México contribuya con “cascos azules” no significa que una OMP será desplegada en suelo mexicano. Por mandato, los países que reciben estas operaciones deben de estar de acuerdo con su presencia en territorio nacional. 4) Esos terribles casos son la excepción por encima de la regla. “Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece”. Por el otro lado, existen operaciones que han sido sumamente exitosas para apoyar a la población en dificultad. Lamentablemente, cambiar la opinión pública de tan trágicos acontecimientos es muy complicado.

México deberá de ser muy cuidadoso al momento de elegir en qué OMP participará y bajo qué modalidades. En sus memorias, el ex Secretario General Kofi Annan recuerda que la comunidad internacional exigía la presencia de la ONU en lugares y condiciones donde no había una paz que mantener. Se debe de realizar una larga evaluación, política y técnica, que logre obtener resultados positivos con riesgos controlados, y así motivar a otros integrantes de las Fuerzas Armadas a participar en las OMP.

Probablemente se generará mucho morbo en torno a cuál será la OMP en la que podría participar México: en papel, MINUSTAH (Haití) parecería la idónea, por ser la única OMP desplegada en el continente americano, además de que México tiene experiencia in situ, tras llevar una importante cantidad de recursos y apoyo técnico para apoyar la reconstrucción del país tras el terrible sismo de 2010. No obstante, el presidente Martelly —afectado por una severa crisis interna— y la población haitiana han sido críticos de dicha OMP, tras incidentes como la infección de cólera ocasionada por tropas de Nepal o la violaciones a mujeres perpetuada por tropas uruguayas. La participación en las OMP en África o en el Medio Oriente parecen un poco más complicadas: el desconocimiento del continente; la baja —aunque creciente— presencia diplomática; la ausencia de un mandato claro o la existencia de un mandato que incluye imposición de la paz; la presión que han enfrentado OMP —reflejados en el secuestro de tropas de Fiji en Siria en fechas recientes— podría resultar contraproducentes en materia de opinión pública. Por otra parte, existen OMP cuyo mandato es francamente anacrónico. Sí, les hablo a ustedes, Chipre y Turquía.

El papel del Senado será clave, tanto legal como políticamente. Constitucionalmente, el Senado debe aprobar la salida de tropas mexicanas al extranjero. La presencia, experiencia internacional y conocimiento del sistema de la ONU de la ex canciller Rosario Green habría resultado sumamente interesante en su papel de legisladora. La Cancillería deberá de trabajar de manera muy cercana con las senadoras panistas Gabriela Cuevas, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, y Laura Rojas, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores – Organismos Internacionales. Aunque ninguna de las dos llegó a su curul con amplia experiencia en materia internacional, deberán demostrar que la Cámara Alta es capaz de ver más lejos del cruce de Reforma e Insurgentes.

En conclusión, la decisión del presidente Peña es una excelente noticia para demostrar que México está a la altura de los retos internacionales. A largo plazo, el mayor reto será la internacionalización y participación de México en las OMP como política de Estado, blindada ante los cambios en poderes ejecutivos y legislativos. Y de esta forma, demostrar que México ya no es un avestruz incapaz de levantar la cabeza ante los problemas internacionales. Sin embargo, #BadLuckCancillería.

Imagen obtenida de www.etcetera.com.mx

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