Michoacán a oscuras

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Por: Álvaro Céspedes

El pasado fin de semana fue muy intenso por la cantidad de sucesos relevantes a nivel internacional. Al leer la prensa el domingo en la noche me enteré de la sorpresiva y trágica muerte de Lou Reed, uno de los artistas más representativos e influyentes de su época. También leí sobre el resultado de las elecciones parlamentarias en Argentina, cuyo resultado le brindó un alivio a la carrera política del movimiento Kirchnerista, liderado por Cristina Fernández y que reveló que su proyecto está aún lejos de parar.

Ambos sucesos fueron relevantes, sin embargo en nuestro país permanece un conflicto cuyo fin no tenemos muy claro todavía. Hace unos meses escribí un artículo titulado “Con cariño, de Michoacán”, en la que intenté explicar de manera muy resumida el porqué y cómo de los recientes sucesos violentos en Michoacán. Todo indica que la violencia que describí  entonces continúa de manera muy intensa.

El estado de Michoacán vive una situación política compleja. El 21 de octubre se dio a conocer que el Gobernador Fausto Vallejo estaba listo para regresar a sus funciones, mismas que se encontraban delegadas a Jesús Reyna debido a una seria complicación de salud. Su regreso se da entre rumores y sospechas de que el cáncer que padece aún no está controlado del todo y su situación de salud sigue siendo delicada. El contexto social también es complicado: un amplio sector de maestros sindicalizados bajo la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se encuentra en huelga para protestar en contra de la reforma educativa que ya aprobada por el congreso.

Sin embargo, estos problemas se ven contrastados por una situación de alarma que parece crecer día con día: la violencia desatada por el principal grupo criminal que controla la región, los Caballeros Templarios.

El pasado sábado 26, con los primeros rayos del día, partió una caravana de cientos de integrantes de grupos de autodefensa desde distintos municipios hasta Apatzingán, bastión indiscutido de los Caballeros Templarios. Un integrante de la marcha entrevistado por el periódico español El País comentó que la ruta de 8 kilómetros desde San Juan de los Plátanos hasta Apatzingán es conocida como “el camino más largo del mundo”, ya que han pasado meses desde que alguien lo logra cruzar con vida[1]. El motivo de su movilización fue para protestar frente al Palacio Municipal contra la inseguridad que vive la zona. La caravana fue interrumpida por fuerzas del ejército y la Policía Federal, quienes no les impidieron el paso, pero les confiscaron todas sus armas de fuego. Al llegar al centro de Apatzingán, hombres armados comenzaron a disparar contra los policías comunitarios que protestaban. El saldo de muertos hasta este momento es de 7 personas y un militar herido.

Después de esto, en la madrugada del domingo 27, un total de 18 instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad en 9 municipios del estado de Michoacán fueron blanco de ataques con armas de fuego y cientos de bombas molotov, lo que dejó a gran parte de la población en las comunidades cercanas sin electricidad. Además, fueron atacadas 4 gasolineras en Morelia y Tacámbaro.

El alcance de estos hechos es trascendental debido a que se trata de un ataque planeado y coordinado contra instalaciones estratégicas cuya interrupción o destrucción puede traer serias afectaciones al orden social y a la estabilidad económica de una región. Las actividades de grupos delictivos como los Caballeros Templarios normalmente se limitan al narcotráfico, extorsión y secuestro. Tener como objetivo centros de suministro básicos y públicos como lo son estaciones eléctricas y gasolineras nos sorprende y nos deja sin una respuesta clara sobre su verdadero motivo.

Algo que caracteriza a los grupos delictivos en México es que sus intereses son meramente económicos. Por lo que sabemos, los grandes capos mexicanos de la droga no tienen un objetivo político significativo: el motivo principal de sus actos violentos es hacerse de más dinero y controlar pueblos y ciudades estratégicas para la distribución y comercialización de drogas. Esto no significa que los grupos delictivos no tengan una ideología o utilicen la política para lograr sus objetivos, sin embargo, los ataques ocurridos este fin de semana son muy preocupantes ya que se les relaciona más con conductas de grupos terroristas o guerrilleros que aspiran al poder político usando como método el miedo de la población.

Según diversos expertos en los estudios de seguridad, los grupos de crimen organizado se encuentran en un permanente estado evolutivo, definido por tres etapas principales[2]:

  1. Predatoria: El grupo criminal se encuentra poco organizada y tiene límites que no se atreve a cruzar por respeto a las autoridades.
  2. Parasitaria: El alcance de los criminales creció hasta expandirse dentro de algunas instituciones del Estado, corrompiendo a funcionarios y afectando la calidad de vida de los ciudadanos.
  3. Simbiótica: El crimen organizado rebasa al Estado. Los servicios públicos y garantías individuales para la ciudadanía se ven interrumpidas y la iniciativa privada comienza a desaparecer.

Cuando un estado o cierta región no cuenta con instituciones fuertes para hacerle frente a los grupos delictivos, es más propensa a caer en redes de corrupción y violencia, como lo ha sido el caso de Michoacán: han logrado penetrar y corromper las instituciones del gobierno, interrumpir las operaciones de los principales cuerpos de seguridad y limitar la expansión de la iniciativa privada. No sería exagerado afirmar que los Caballeros Templarios se encuentran en la etapa simbiótica en algunos municipios de Michoacán. Es fundamental tener en cuenta que otra característica de esta etapa es que no suele durar mucho tiempo, ya que atrae demasiada atención, incluso a nivel internacional, lo cual impulsa al gobierno a tomar decisiones fuertes para acabar con el problema.

El gobierno federal no ha tenido la capacidad suficiente para poder acabar con el problema. Los cuerpos de seguridad están conscientes del problema y la dificultad que supone terminar con este grave conflicto. Se pueden considerar los siguientes escenarios de respuesta por parte del Estado:

  1. El gobierno toma una actitud tolerante hacia los cárteles de la droga para mantener los índices de violencia bajo control, de una manera similar a la que sucedía con los gobiernos del PRI en la década de los 80 y 90. El costo político e histórico de esta opción sería insostenible.
  2. Se reparan las estaciones eléctricas, las gasolineras y continúan los esfuerzos y mecanismos de seguridad que han llevado a cabo hasta este momento, mientras que se espera que no vuelva a suceder otro ataque de esta magnitud. De igual manera, se mantendría una actitud de tolerancia hacia las guardias comunitarias que procuran las seguridad en algunos municipios.
  3. Desarmar a las guardias comunitarias y atacar de manera más contundente a los criminales con el despliegue de más elementos del ejército y de la Policía Federal. Se tendrían trágicas pérdidas humanas en ambos bandos y posibles abusos a los derechos humanos.
  4. Hacer un esfuerzo unido y mayoritario para reformar las instituciones municipales, estatales y federales que se encuentran penetradas por los grupos delictivos. Este escenario es el de mayor costo político para los impulsores y sus resultados se notarían después de varios años.

Como se puede apreciar, ninguno de las opciones es fácil y todas tienen importantes costos sociales, políticos y económicos. Es difícil, incluso arrogante, proponer alguna como solución perfecta.

Hay que recordar que los Caballeros Templarios no cuentan todavía con el tamaño, el alcance y el poder de los otros dos grandes cárteles en México: Los Zetas y el Cartel de Sinaloa. Este grupo criminal solamente controla el estado de Michoacán y algunos municipios en los estados colindantes. Sin embargo, con la naturaleza cambiante de la geografía criminal del país, estoy convencido de que nos encontramos en un punto clave para que el gobierno tome cartas en el asunto y evitar que este conflicto siga creciendo a la velocidad que ha crecido hasta el momento y esperar ver como uno de los estados más bellos de nuestro país se cubre de oscuridad.

 


[2] Briscoe, Iván: “Crimen y drogas en los Estados Frágiles”. Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), julio de 2007. Disponible en: http://www.fride.org/download/COM_Crimen_drogas_ESP_jul07.pdf

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