9/11 : La explosión también hace música : Reich y Gordon.

0

Por: Fernando Pacheco Vences

Tienes cuatro años, estás en el colegio. Es un día como cualquier otro y nada apunta a que será diferente, excepto que lo será. Es 11 de Septiembre de 2001 y de repente escuchas un sonido ensordecedor. El piso vibra, no sabes que está pasando hasta que volteas a la ventana, una de las torres gemelas está en llamas. Tienes cuatro años y el mundo entero arde a tu alrededor. Entonces ves el segundo avión.

 “Two evil planes broke in little pieces and fire came”

Los eventos del 11 de Septiembre de 2001 han sido objeto de diversas interpretaciones, análisis, libros, artículos, películas, y múltiples referencias dentro de la cultura popular. Nadie puede poner en duda la significancia que ha tenido el evento dentro de este siglo. Tal vez dentro de 100 años los estudiantes aprenderán de este evento tal y como nosotros lo hicimos con el asesinato del Archiduque Francisco Fernando cómo explicación del inicio de la Primera Guerra Mundial. Un evento que por si sólo no explica nada y a la vez explica todo. Un evento que marcó el inicio del siglo XXI.

No es de extrañarse que, así como la Revolución Francesa, las Guerras Napoleónicas, o la Revolución Rusa,  este evento fuera el punto de inspiración para la creación musical de dos de los compositores contemporáneos más prominentes: Steve Reich y Michael Gordon. Neoyorkinos, representantes de las escuelas contemporáneas de composición minimalista y post-minimalista respectivamente.

Ambas obras, compuestas para el afamado Kronos Quartet, parten de grabaciones previamente realizadas con testimonios de personas que fueron testigos del evento. Los vecinos, amigos y bomberos en el caso de la obra de Reich, y en el caso de Gordon, los compañeros de su hijo que se encontraban en el preescolar, a sólo algunas cuadras de distancia del Ground Zero al momento del evento. Cabe destacar que los dos trabajos fueron duramente criticados en algunos círculos por lo que se consideraba una falta de sensibilidad y respeto al abordar un tema tan delicado para el imaginario estadounidense.

La composición de Reich juega, como es su costumbre, con figuras sencillas dentro de su composición, contrapuntos y repeticiones melódicas simples. Esta obra está hecha para tres cuartetos de cuerdas (dos pregrabados y uno interpretando en vivo) que se colocan una encima de la otra, jugando con los silencios de cada una de las interpretaciones que son llenados inmediatamente por alguna de las otras. Donde entra lo particular, o similar (dependiendo de la familiaridad que se tenga con los trabajos previos de Reich), es que toma de base, dependiendo el movimiento de la obra, las grabaciones de diferentes testigos del ataque: grabaciones del departamento de Defensa Aeroespacial y del departamento de bomberos de NY mientras cubrían el evento al momento del ataque, así como testimonios de amigos y vecinos de Reich. Estos últimos habitan un edificio a sólo cuatro cuadras y con vista al Ground Zero.

Michael Gordon por su parte hace un trabajo magistral, y tal vez un tanto mórbido, al utilizar las voces pregrabadas de los compañeros de clase de su hijo. Gordon se enteró que el profesor de su hijo de cuatro años grabó, en los días posteriores al evento, los testimonios de muchos de sus alumnos. Sin saber por qué, pidió una copia de estos testimonios, copia que estaría guardada por algunos años hasta que le llegaría la idea de utilizar las grabaciones como base sobre la cual compondría para un cuarteto de cuerdas. Así que mientras va estirando lentamente estos testimonios a lo largo de la obra, coloca encima de ellos una vibrante ejecución del cuarteto, respondiendo a los cambios en los tonos de voz y tiempo con los que juega Gordon a lo largo de la casi media hora que dura la composición. Funde con ello el horror y sorpresa del evento, expresados por las voces infantiles, en una pieza musical que refleja el sentir de aquellos que vivieron la experiencia. Sin matices políticos, históricos o sociales. Sin fronteras. Sólo la visión infantil e inocente de un mundo en constante movimiento.

Es difícil separar los elementos dramáticos del suceso de la parte artística de esta obra. Los compositores contagian ese sentimiento de pérdida, combinado con matices musicales que hacen a esta obra verdaderamente bella. Aunque definitivamente no bonita.

No está en mí criticar o encomiar la parte de la composición, sin embargo es impresionante la forma en que lo trágico de un suceso, sumamente politizado, y con un enorme margen de incidencia dentro de la cultura popular, adquiere matices artísticos y se funde en un lenguaje objetivo, casi sin posturas dogmáticas o culturales. Un lenguaje que pretende llegar hasta lo más profundo y sencillo del ser humano; traduciendo un evento político, de increíble relevancia para las Relaciones Internacionales, a un lenguaje sensible, poco racional.

Apenas estás despertando. Somnoliento recorres los cuartos vacíos de tu departamento. Pones a calentar un poco de pan, mientras tomas el teléfono para llamar a alguien. Ahora no recuerdas a quien. Pero en el momento tomas la bocina y a los pocos segundos la dejas caer. Frente a tu ventana está una de las torres en llamas. La explosión la escuchaste después. No mucho, pero lo suficiente para darte cuenta. El teléfono cuelga del cable (te has negado a adoptar un modelo inalámbrico), con su tímido tono repicando discreto, perdido en lo ensordecedor de todo tu alrededor. Tut, tut, tut, tut… y la música comienza.

 “They should build two giant jungle gyms, so that children can play there, and they should call it the sad park.”

Youtube: Steve Reich 9/11 Kronos Quartet

iTunes

Youtube. Michael Gordon: The Sad Park

iTunes

Imagen obtenida de www.encore.us

Leave A Reply