La costumbre de las viejas prácticas #PRIWelcomeBack

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Por: Valeria León

“El poder de la población es mucho más importante que el poder de la tierra”

Thomas Maltus

 

Limpieza amurallada

La emblemática plancha del Zócalo capitalino luce amurallada con rejas de un metro de alto. La resguardan perimetralmente cientos de hombres que portan uniforme negro, una gorra de tela que resalta la palabra “SEGURIDAD” bordada en amarillo y un impermeable por el que resbalan las pequeñas gotas de la lluvia que no ha cesado desde la noche del viernes 13 de septiembre, día en que la policía federal, en un operativo, desalojó de este espacio público -tras 25 días de ocuparlo- a miles de maestros quienes protestaban en rechazo de la Reforma Educativa impulsada por el Gobierno Federal.

Frente a la esquina de la Catedral y la Plaza de la Constitución, a un costado de la calle Moneda, una abertura del ancho de un cuerpo humano es la única entrada abierta para ingresar a la plancha del Zócalo. En ella se encuentran dos elementos de seguridad, uno de ellos, de piel morena, gorra, anillo dorado en el dedo índice de la mano izquierda y un pequeño pin rojo ladrillo sobre el lado derecho de su pecho con tres letras doradas: CGP, sentencia con la mirada fija pero el ceño relajado, “no puede pasar, es por su seguridad”. “No soy policía federal”, clarifica con una sonrisa como si fuera ingenuo identificarlo como tal, “soy del Estado Mayor”. Complaciente, el guardia recomienda venir cualquier día a disfrutar el Zócalo, sólo que hoy está ocupado por los trabajos preparativos para el grito de Independencia que dará por primera vez Enrique Peña Nieto la noche del 15 de septiembre.

El Zócalo, ayer atiborrado de carpas coloridas ocupado por maestros, hoy es ocupado por guardias presidenciales y tres enormes camiones de mudanza con el nombre “Benítez” en la lateral de las largas unidades desde donde se descargan luces, cajas y retazos de madera.

En una conversación sacudida de protocolos, el guardia ríe por la paradoja planteada “de una u otra forma el zócalo siempre está ocupado”. Aprovecho la relajación en su voz y la risa que escapa de entre sus labios para cuestionarlo sobre el clima de tensión que se vive por el retiro con tanquetas a cargo de la policía federal un día antes -que dejó un saldo de 11 heridos y 31 detenidos- a lo que me responde con tono de resignación pero orgulloso de la labor que desempeña: “A todo se acostumbra uno”.

Las siglas CPG del Cuerpo de Guardias Presidenciales relucen nuevamente sobre otro pin rojizo en el pecho de un hombre fornido de tés blanca quien restringe la entrada trasera del Palacio Nacional sobre la calle Correo Mayor mientras un camión militar descarga víveres y utensilios de comida -al menos 200 vasos de plástico transparente en una caja de cartón- para los miles de guardias presidenciales quienes se preparan dentro del recinto para comer pasadas las 14:00 horas del día previo al 15 de septiembre.

El hombre alto de corbata roja, saco negro y camisa blanca, quien luce más como un empleado administrativo que un guardia presidencial, se desempeña como tal desde hace 12 años. Al ser cuestionado sobre el trato del Gobierno actual, responde en automático al tiempo que se balancea sobre sus pies de atrás para delante “lo veo mejor”.

Junto a las rejas que rodean el Zócalo, una concentración de no más de 60 personas amontonadas con paraguas en mano escuchan las palabras pronunciadas por uno de los fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Gerardo Fernández Noroña, quien recuerda la figura de Gandhi y Martin Luther King para llamar a la desobediencia civil y calificar al gobierno peñista de “valiente con el pueblo pero cobarde con el narco”.

Dos jóvenes quienes recorren las calles del centro histórico cargando cajas pesadas de cartón en los brazos muestran con gritos repetidos su apoyo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE): “CNTE, CNTE, arriba los revoltosos”, mientras se detienen en un puesto de revistas para ver los titulares de prensa. “¡Expulsados!”, publicó el diario La Jornada ese día, mientras que el periódico La Crónica enfatizó los 10 minutos que tardó la policía federal en desalojar a los maestros.

La plancha del Zócalo -rodeada con rejas de fierro móviles- luce ahora mojada y limpia de “revoltosos”.

“El País ensandwichado”

La noche del grito de Independencia dos tormentas azotaron por ambos océanos el País, “ensandwicheando” la República Mexicana por el Pacífico y el Atlántico.

Enrique Peña Nieto instruyó a los Secretarios de Gobierno que se dirigieran a la zona de desastre; los festejos patrios no se extendieron.

Las tormentas “Ingrid” y “Manuel” golpearon fuerte: 150 municipios afectados, las pérdidas humanas -que hasta el último corte (20 de septiembre) ascendían a un centenar- superaron a las víctimas que cobró el huracán Paulina en 1997.

La infraestructura para los festejos patrios en la plancha fue reemplazada por carpas donde se apilaron víveres para los damnificados por las inundaciones y deslaves como parte del megacentro de acopio del Gobierno del Distrito Federal. El Zócalo, aún custodiado por policías y cercado, luego de haber sido “limpiado” por la fuerza federal, “no es pretexto si no apoyo” justificó el Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.

El respiro del Gobierno Federal frente al desastre. Las imágenes apantallantes del oleaje sobre el pavimento color chocolate arrasando con casas de dos pisos como arenas movedizas captaron toda la atención de los mexicanos y de los medios de comunicación. Los maestros pasaron a segundo plano pues la ayuda humanitaria era más importante y el Gobierno federal respiró.

La tragedia fue evitable, tituló la prensa internacional sobre lo sucedido en las costas mexicanas, pero la negligencia y corrupción política son inevitables. “¿No hemos aprendido de experiencias pasadas?” cuestiona Ángel Macías Garza, vicepresidente de la Cámara de la Industria Mexicana de la Construcción, citado en la notas del diario norteamericano The New York Times.

Con el “País Ensandwichado” en el caos, las declaraciones del presidente salen a flote en los titulares de la prensa nacional. El domingo 21 de septiembre el diario Excelsior publicó: “Comienza la Reconstrucción”, mientras que el periódico La Prensa optó por un titular más enfático: “A Renacer”, sólo superado por el “Acapulco está del Pie” del Sol de México.

Mientras la mirada internacional apunta a la corrupción y negligencia del Gobierno mexicano en lo que llama “la tragedia evitable” de las costas, la prensa mexicana clama a la “Reconstrucción” del “Renacer”. La costumbre de las viejas prácticas. #PRIWelcomeBack.

 

Valeria León Cavagna es egresada de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, en donde cursó el subsistema de Periodismo. Fue editora y fundadora de la publicación periodística ADREDE, revista estudiantil de la Universidad Iberoamericana.

Realizó estudios en periodismo y principales corrientes del pensamiento contemporáneo en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y posteriormente, como parte de su preparación académica asistió a la Salzburg Global Academy of Global Media Literacy en Austria en donde realizó diversas piezas periodísticas aplicando estrategias de alfabetización mediática.

Ha trabajado en distintos medios de comunicación como El Universal, Canal 40 y como reportera en el periódico Reforma. Actualmente estudia la Maestría de Periodismo y Asuntos Públicos en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) y colabora como reportera freelance en distintas revistas y medios digitales.

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